Cada nueva entrega poética de Víctor Álamo de la Rosa supone una revisión de la anterior, afirmarse en algunas cosas y apartar otras. Así, en El equilibrista y los jardines, su cuarta entrega poética, si no contamos con su antología Mar en tierra, publicada en 2002 por la editorial Baile del Sol, Víctor vuelve a las imágenes ligadas a la naturaleza y al cuerpo que ya aparecen con fuerza en su libro Altamarinas, para comunicarnos con su mundo interior, de tal manera que ambos, cuerpo y naturaleza, constituyen un paisaje que conectan su yo íntimo con el mundo.

Y tal se cumple en este nuevo libro, en el que el poeta, equilibrista y buscador de utopías establece un diálogo con un tú, casi siempre en ausencia; jardinera a la que pide su vuelo “para que nuestra vida se complete”.

Si hasta ahora ha sido más o menos manifiesta la influencia que ha ejercido Rimbaud, sobre todo en lo que se refiere a urdir un campo de sensaciones siempre abierto y en la frecuencia de hilos narrativos en los que las imágenes rompen con fuerza cualquier tipo de continuidad en el tiempo, desde el primer poema de El equilibrista y los jardines comprobamos la huella de un poeta mucho más cercano a nosotros: Luis Feria.

equilibrista

Es cierto que en la obra de Víctor Álamo, tanto en la narrativa como en la poética, el autor gusta de seleccionar palabras por su sonoridad y eso lo lleva a crear palabras nuevas, pero esta vez, quizá por las referencias al mundo vegetal, aparte de por una cierta ironía, la repetición de algunas palabras clave, y esa mezcla de sensualidad y erotismo, así como en la concepción del fenómeno poético, me recuerda al autor de Cuchillo casi flor. No es de extrañar dicha influencia ya que ambos, a pesar de la diferencia generacional, coincidieron en un tiempo de escritura. De tal manera que creo que no es descabellado pensar que en El equilibrista y los jardines, hay un implícito homenaje al autor canario. Lean, si no, el primer poema cuyos primeros versos dicen: “Oye, que/ te me pones rododendra y sarmentosa…”, o si hablamos del poema, el titulado Escrito en la única lápida que da al jardín: “Poesía:/Estricto fuego del poema. /Prieta visión de la ceniza.”

Por otra parte, el plano visual es muy importante en la poesía de Víctor Álamo de la Rosa, de ahí que imprima a sus imágenes un gran poder de sugestión, de ahí que el autor de El equilibrista y los jardines no deje nada al azar y, consciente del poder de la palabra la utilice de tal manera que lo cotidiano se convierta en una emoción poética, entendida esta como una manera diferente de percibir el mundo.

Porque, como afirma Víctor: “la poesía/envés real del mundo invisible/ a/veces/nos/encuentra.”

[Víctor Álamo de la Rosa: El equilibrista y sus jardines, Ediciones La Palma, 2013]