Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

Ignacio de Negrín Núñez nació en Santa Cruz de Tenerife en 1830. En su vida transcurren casi paralelas dos actividades, vocacionales ambas, la de escritor y la de marino. Ninguna de ellas abandonará hasta su muerte, ocurrida en Getafe (Madrid) en 1881. Puede anotarse como curiosidad que en 1847 (diecisiete años) publicó su primer poema y pilotó un bergantín que partía del Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Como marino, Negrín obtuvo importantes cargos y distinciones llegando a ser Intendente de la Armada; en su madurez escribió un celebrado Tratado elemental del Derecho Internacional Marítimo (1862).

Nos interesan ahora sus actividades como literato. Se perfila Negrín como un hombre de su tiempo, aquel que vivía la interesante etapa del despertar de las inquietudes sociales y culturales. Contaban ese generaciones de los cuarenta y los cincuenta del XIX con el despertar de la prensa como medio idóneo de expresión; una prensa próxima y cercana, receptora de la voz de sociedad y trasmisora del diálogo público; una prensa cuyas páginas consagraban a los voces cualificadas de aquel diálogo social en sus páginas y que abría a los ciudadanos las voces de sus escritores, la de los poetas y narradores principalmente (en este orden). Aquella sociedad canaria, que empezaba a lanzar con paulatina firmeza una voz con conciencia propia, contaba también con el espacio social del teatro que, mucho más que para el entretenimiento común (que también) fue afianzándose como de manifestación de las inquietudes culturales isleñas y eco de las voces que las determinaban más allá de los espacios cercados por el mar.

Nunca dejó Negrín de publicar en prensa. Sus textos poéticos se editaron en diversas publicaciones de su isla natal, muy asiduamente primero y más esporádicamente avanzados los años sesenta de su siglo. Muy especial fue su vinculación juvenil a la interesante revista La Aurora, en uno de cuyos números (23/9/47) se le saluda como “joven de grandes esperanzas como escritor y poeta”. En esa revista publicó muchos de sus poemas, y con el equipo de redacción que la llevaba se vio involucrado en una querella por injurias contra los redactores de El eco de la juventud. También cultivó Negrín el teatro. Constan dos estrenos suyos en el Teatro Municipal de Santa Cruz de Tenerife: Gonzalo de Córdoba en 1846 y El conde de Villamediana en 1948), dos dramas que rinden tributo a la época romántica que las envolvía y en ella a la línea privilegiada entonces de lo histórico. En vida, Ignacio de Negrín vio publicadas tres obras: Ensayo poético sobre la conquista de Tenerife (1847), Tres muertes por un amor, un “cuento fantástico” (1848) y Poesía del mar que tuvo tres ediciones, Madrid 1880, Santa Cruz de Tenerife 1881 y La Habana 1866.

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Una amplia semblanza de Negrín incluye Sebastián Padrón Acosta en su monografía sobre Poetas Canarios de los siglos XIX y XX que editara de la Nuez (1966); dos poemas suyos (“Al mar” y “Roma y Cartago”) incluye Elías Mujica en la antología que preparó en 1878; y su soneto “Napoleón” figura entre los cien seleccionados por Padrón Acosta (1950). Señala Padrón Acosta (1966:48) que nuestro poeta había leído a Zorrilla, Espronceda y Byron. Ninguna duda de ello puede tener el lector, pues el espíritu del tercer de los poetas citados y los temas y modos de los otros dos son fáciles de detectar en las composiciones narrativas. Para esos poemas narrativos muestra especial inclinación el autor, sin duda en concordancia con su personalidad más expansiva que interiorizada, más superficial que honda, más ingeniosa que meditada, más predispuesta a la narración que al lirismo. En efecto, Negrín es particularmente hábil en las narraciones en verso. Desde el Ensayo poético sobre la conquista de Tenerife y Tres muertes por un amor, poemas narrativos extensos, hasta las narraciones nada breves que se insertan en su libro de versos Poesía del mar, de transparente subtítulo: “Colección de cuentos marítimos en verso”.

El Ensayo Poético Sobre La Conquista De Tenerife

En las expresiones literarias del romanticismo canario aparece como clave el tema del indigenismo, de qué y el porqué de aquella dualidad de orígenes que reside en el ser canario. No es asunto exclusiva sino nacido en la línea de la mirada a lo propio que exige e impulsa el romanticismo; pero arraigó en las Islas de un modo particular. Tenía que ser así, porque lo que llamamos propiamente romanticismo o es una forma de filosofía de vida y pensamiento o no es; y esa actitud romántica es detectable en los pensadores y escritores de las islas antes de que se la bautizara. No podía ser menos Ignacio de Negrín. Al indigenismo rinde tributo para iniciar su andadura literaria en la línea de la exaltación nacionalista propia del tiempo romántico que en los mismas años cultiva también Desiré Dugour, que la Imprenta Isleña logrará propiciar, que muestran asimismo Millares Torres, Sarmiento, etc., y que se verá consolidada en los poetas regionalistas de finales del siglo.

El juvenil Ensayo poético sobre la conquista de Tenerife es una descripción en forma de leyenda literaria de los episodios más relevantes y sugestivos de la conquista de Canarias según aparecen en el Poema de Antonio de Viana (1604). La crítica coincide en reiterar la endeblez de los versos y de los esquemas estéticos (“carece de grandes valores poéticos” dice María Rosa Alonso (1977:116); “ética y estética no concuerdan” dice Sánchez Robaina (1981:115); obra “muy defectuosa” de “febril precipitación” indica Padrón Acosta (1966:41). La Aurora, con aquel su lenguaje de época tan “florido”, anuncia su aparición en el nº 63 indicando que, “no obstante los ligeros descuidos y lunares que en él se descubren, [el poema] le coloca entre los jóvenes de quienes las Canarias pueden esperar, con razón, nuevos florones para añadir a su corona poética.”

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Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria