Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

Coherentemente con las cualidades literarias de Ignacio de Negrín, uno de los poemas más atractivos de los que podemos llamar líricos en Poesía del mar, se acerca al tono de la narración: una canción de tema oriental titulada «La esclava», que condensa en tres octavas el triste canto de amor de una esclava olvidada en el harem. Observemos la primera y última estrofas:

Triste de mí que en el Harem perdida
Entre arabescas joyas olvidada
Muero de amor, y nunca una mirada
Puedo obtener de mi imperial Señor!
Triste de mí que sin cesar gimiendo
Tiemblo al sentir su conocido paso,
Y esperándole estoy desde el ocaso
Hasta que asoma en el Oriente el sol.
(…)
¡Ingrato, ingrato! y más que ingrato ciego
Cuando al mirar mis ojos encendidos
Y contar de mi pecho los latidos
No adivinó que moriré por él!
Permita Alah que mi postrer suspiro
Le revele mi amor y mi tormento,
Y que sus labios en aquel momento
Mis labios toquen la postrera vez.

LOS POEMAS DE INSPIRACIÓN PATRIÓTICA

Más adecuados a la particular inspiración de Negrín son los poemas de inspiración patriótica.

El «Himno a la escuadra española con motivo del combate y bombardeo del Callao» y «Trafalgar» son composiciones paralelas (una alegría, otra lamento) en silvas de atractivo vigor. En ellas la voz poética, en apóstrofe directo, reviste de sinceridad y de emotiva inmediatez al tema, a pesar de su evidente retoricismo. El primero comienza así:

¿En dónde están, en dónde
Los que el villano pecho ardiendo en ira
Hasta el valor ibérico negaron;
Aquel valor que en las revueltas horas
De Levanto clavó las españolas
Insignias que dos mundos saludaron?
¿En dónde están, en dónde?
Pero ¿no oís? … el bronce en el Callao
A sus calumnias ínclito, responde;
De nuevo en Trafalgar lauros florecen
Que apeteciera el griego en Salamina,
Y en sus heladas cumbres se estremecen
Los mares de Churruca y de Gravina.

Observemos la similitud de los tonos y de las formas en el comienzo del «Trafalgar»:

¡Nelson y Trafalgar!… fúnebres nombres
Que repiten las ondas todavía
En su incesante hervir con honda pena,
Rompiéndose en la arena
De la feraz y ardiente Andalucía.
¡Trafalgar! ¡Trafalgar!… ¿Dónde las naves
Están que poderosas
Tus agitados montes oprimieron,
Y en tu movible espuma
Con gentileza suma
Las órdenes marciales extendieron?
¿Do está, do está la omnipotente armada,
Conjunto de bajeles que lanzaron
En su fecundo afán tres arsenales
A las revueltas olas,
Magníficos y ardientes pedestales
De las temidas armas españolas?

«Roma y Cartago», que el autor subtitula apropiadamente «Fantasía», es una recreación fantasiosa de la situación histórica que indica el título, ahora adecuada a la situación política del tiempo de la escritura(7): Inglaterra será la nueva Cartago, que actúa como aquélla lo hiciera frente a Roma, representada aquí por Francia. El poema se estructura en dieciséis liras que se reparten la presentación de los hechos en apóstrofe directo (dos primeras estrofas), la voz directa del orgullo inglés (cinco liras), la reflexión advertidora del poeta (siete nuevas estrofas) y, para cerrar el poema, la voz de Francia. La mezcla de tonos narrativos y reflexivos, la presencia cercana de los hechos y sus protagonistas en diálogo directo, la autenticidad y vigor de los tonos contribuyen a la eficacia de este logrado poema. Observemos dos distintas apelaciones directas: la que se dirige al lector en las dos primeras liras, y el tono apostrófico de la que se dirige a Inglaterra en las estrofas centrales del poema.

¿Oís? ¿que sordo amago
De guerra y sangre al horizonte asoma?
¿Será el murmullo vago
De una nueva Cartago
Que en frente mira otra potente Roma?
¡Tal vez!… -Ya de Inglaterra
Flota el rojo pendón sobre la popa
De mil naves de guerra,
Con que atrevida cierra
Las puertas de los mares a la Europa.
(…)
¡Albión! ¡Albión!… ¿Qué esperas?…
¡No te pierda tal vez tanta arrogancia!
¡Ay de ti si altaneras
Se desprenden a hendir raudas esferas
Las imperiales águilas de Francia!

Sendos tributos históricos, a Cristóbal Colón y al potente Bonaparte, encierran los sonetos titulados «La fe» y «Potente».

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Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cátedra Pérez Galdós.