Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

Envueltos ambos en tonos de admiración encomiástica, el primero adolece de cierta endeblez formal mientras el segundo se resuelta mejor, tal vez porque la desgracia final del motivo permite un mayor ahondamiento, del que resulta el epifonema que cierra el segundo terceto. Observemos el poema «Potente»(8):

Genio sin par, en ambiciosa gloria
Henchido el corazón desde la cuna,
Tiende el vuelo a eclipsar una por una
Las páginas brillantes de la Historia.
De Annibal oscurece de memoria,
Brilla su estrella cual brilló ninguna,
Y a su carro encadena la Fortuna
Que la proclama Dios de la victoria.
Desde las anchas márgenes del Sena
Su sombra se engrandece, y soberana
Envuelve a Roma y a Berlín y a Viena;
Pero al soplo de Dios la sombra vana
Desaparece triste en Santa Helena…
¡Lección divina a la soberbia humana!

Siguiente página → 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19

Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cátedra Pérez Galdós.