Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

Los poemas de la aurora

En la revista La Aurora se publican 13 poemas de Negrín que no pasan a Poesía del mar. Son poemas juveniles, pero plenos de un atractivo romanticismo espontáneo.

En el nº 3 (29-9-47) se publicó el poema titulado «Al buque naufrago. Fantasía» nacido ante el hecho de un buque naufragado que apareció en la Costa de Anaga. En la inspiración del poema se aprecia la presencia del motivo mítico del buque fantasma del holandés errante, y en su forma una eficaz y afortunada sucesión de nueve serventesios de rima aguda en los pares, seguidos de cuatro cuartetos alirados. El poema dice así:

¡De dónde vienes, buque destrozado,
Que acaso sumergiera el aquilón,
Entre las turbias ondas sepultado
Sin mástiles, sin nombre y sin nación?
¿Vienes acaso de lejanos mares,
De antárticas regiones descubrís,
Donde quisiste en tórridos azares
Nevado surco en tu quilla abrir?
¿O acaso vienes de oriental ribera
Dó entre perfumes, mórbido señor,
A la sombra de altísima palmera
Roba a su esclava el virginal pudor?
¡Acaso allá del cielo americano
Tu vela hinchara el ábrego, al salir
Surcando majestuoso el Océano
Que fuera tus costados a batir!
¿Dónde voló la lona blanquecina
Que el céfiro halagara sin cesar,
Y tus robustos mástiles de encina
Que tus banderas vieron tremolar?
¡Qué se hizo, pues, de la atrevida gente
Que tu camino un tiempo dirigió,
cuando tu corva y anchurosa frente
Profundos mares súbita rompió?
Tal vez la causa de tu muerte fueron
Los que debieran tu custodia ser;
Tal vez ilusos resistir creyeron
Del mar la furia y mágico poder!
Tal vez cantando en bacanal orgía
Tu jefe incauto en el placer durmió,
Mientras en medio de la noche umbría
Torcido rumbo en tu embriaguez te dio!
Tal vez corriendo entre confusas nieblas
Vino otro buque tu cerviz a hollar,
Tu seno desgarrando en las tinieblas
Al fiero empuje del airado mar!
Tal vez a impulso de huracán violento
Parduzca roca tu existencia hundió
Y en moribundo aterrador acento
tu cuerpo frágil de dolor gimió!
Y ora infeliz cadáver mutilado
Sobrenadando entre agitadas olas
Tocaste las riberas españolas
Sin susto ni aflicción!.
¿Qué te importa á ti ya que el hombre busque
En tus vestigios tu sangrienta historia,
Tumba flotante, lápida mortuoria,
Sin fecha ni inscripción!
Venga el marino audaz y en tu esqueleto
Fija la mente que el placer desvía
Porque tal vez le tocará algún día
Tu desgracia probar.
Y aquí mirando tus informes restos
A ser aprenda cauto, y cuidadoso
Que solo por prudente es valeroso
El que surca la mar .

En el nº 6 (10-10-47) aparece un «Soneto» de nuestro autor de inspiración y corte clásicos, en homenaje a la más humilde de las flores. Dice así:

Nace la rosa reina entre las flores
Y el ambiente purísimo perfuma;
Y de la mar entre nevada espuma
Venus reina nació de los amores.
Del sol naciente vívidos fulgores
cubren los campos de belleza suma,
Y entre las aves de esmaltada pluma
La oropéndola ostenta sus colores;
Mas si sales al campo oh! Lila pura,
Pierde su resplandor naturaleza
Recogiendo su rica vestidura:
La oropéndola envidia tu belleza,
Febo tu brillo, Venus tu hermosura
Y la rosa tu tierna gentileza.

En el nª 13 (28-11-47) se inserta una «Oda» de Negrín dedicada al «Excmo Sr. D. Segundo Ulibarri», es una «poesía de circunstancias” que la inmediatez de la isla propicia. Comienza
así:

Partes ¡ay! y nos dejas!!
Derramen nuestros ojos tierno llanto,
Y lastimosas quejas
Al mirar que te alejas
Exhale el pecho en lánguido quebranto.
(…)

En el nº 14 (5-12-47) se publica nuevo poema de Negrín. Se trata esta vez de un poema reflexivo titulado «El tiempo (Relox eterno y terrible que mide todas las existencias”). Es un largo poema de 122 versos conformado por dos partes; en la primera 20 serventesios reflexionan sobre el inexorable paso del tiempo y sus estragos, en todos los órdenes y edades tiempos; en la segunda 46 versos en romance heroico acercan el tema a la realidad canaria y a la rememoranza de los episodios de la conquista, en tributo -de nuevo- al tema indigenista. Observemos las últimas estrofas de la primera parte y la primera mitad de la segunda:

(…)
Vastos imperios levanto el Oriente,
Templos sin fin, fantásticos jardines,
Donde la esclava su argentada frente
Prostituyera en báquicos festines.
Mas ¡ay! del tiempo rápida girando
La rueda, entre sus dientes roedores
Hundió en el polvo, con furor pasando
Dioses, murallas, templos y señores.
Oh cuando en medio de nocturna vela
Mi ardiente fantasía arrebatando
Hacia otros tiempos presurosa vuela
Sus confusos contornos penetrando;
Halla unos pueblos ricos, poderosos
Dictarse sabias y profundas leyes,
Y en arcos y obeliscos asombrosos
Esculpir las victorias de sus Reyes;
Y luego!.. luego la humillada frente
Prestar gimiendo a las potentes manos
De otras razas feroces, de otras gentes
Que se erigieran cínicos tiranos!…
…………………………………….
………………………………….
También del tiempo la veloz carrera
Sembró trastornos en mi patrio suelo,
Cuando inundado de extranjeras armas,
Se oyó de Marte el belicoso acento.
También aquí de la afligida esposa
Lágrimas tristes sin cesar corrieron,
Y de la tierra amante los gemidos
Los ecos de los valles repitieron:
Aquí también cayeron destrozados
Hundidos en el polvo con estruendo,
Menceyes, Tagorores y palacios,
Tosco tal vez, más patrios monumentos.
Y guay! Tinerfe! que volando sigue
Esa rueda que abate los imperios,
Ese genio que arruina las Naciones,
esa carcoma que minó los templos,
Ese anatema, en fin, que de tus hijos
Dejo tan solo inanimados restos!
Guay! que algún día, Teide majestuoso,
Se lance audaz al Océano inmenso
Y en altos montes de espumosas ondas
Sepulte tus gargantas en su seno.
Guay! que no vengan cual sangriento Atila,
Otros Rejones a regar tu suelo
Con sangre de Doramas generosos,
En ella tinto el acerado peto:
Guarte! no vengan del Albión los hijos
Sus belígeras naves conduciendo,
Y en tus fragosas, y empinadas crestas
Sus rojos pabellones den al viento.
(…)

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Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cátedra Pérez Galdós.