Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

Tres muertos por un amor

Se trata de un extenso poema dramático (1.370 versos) que se publicó en 1848, en pleno auge del romanticismo de las islas y cuando el movimiento decaía en el centro de España. Su aparición se anuncia en el nº 134 de La Aurora como texto de «interés lírico e interés dramático». En él se invoca a Boileau y a «nuestro Píndaro el Sr. Quintana» para aconsejar al poeta, autor joven, prudencia y buen hacer.

El poema aparece estructurado en cuatro partes con título propio. Ellas desarrollan la trama argumental que se cierra con un epílogo.

En la parte primera, «La esposa y el amante», el narrador presenta el tema de los apasionados amores de María (esposa de don Tello) y de don Pedro mediante el pretexto de «un billete perfumado» que el enamorado lee con emoción. En la misma primera parte, un «cuadro dramático» insertado traslada el espacio a una cámara de palacio donde vive don Tello y el tiempo a varios días después, para traer a primer plano del texto la confidencia de los hechos que un amigo, don Juan de Alarcón, hace al marido y la preparación consiguiente de una emboscada a los amantes. La segunda parte, «Amores y cuchilladas», narra el asalto a los amantes en su encuentro, la lucha consiguiente y el extraño rapto de María. En la tercera parte, «El amigo verdadero», el lector descubre a María en su encierro ante el raptor don Juan quien le descubre su amor y le propone salvar la vida de don Pedro y de don Tello a cambio de su entrega amorosa. Bajo el título de «Tres muertes por un amor», el poema llega al desenlace trágico de los hechos: allí, el duelo del marido y el amante primero, y el incendio del castillo que un cómplice de don Juan ha preparado, después. Todos sucumben en él. En el epílogo, la voz del narrador en primera persona cierra poéticamente el poema pintando la presencia del espíritu de María que vaga eternamente por el lugar de los hechos esperando siempre a don Pedro. Si el lector conoce las marcas del romanticismo más fácil y en él El estudiante de Salamanca de Espronceda (publicado hace unos cuatro años, en 1840) no necesita aclaraciones sobre la inspiración, digamos, poética, de su autor. Comprobémosla.

En el argumento no faltan los ingredientes más tópicos de la época y del género: el amor prohibido de dos seres puros e idealizados (desprendida y rendida enamorada ella; amante valiente y generoso él); el marido ofendido en su honor; el falso amigo de actitud cobarde; el criado cómplice con ínfulas de «gracioso» de comedia; el hado inevitable y fatal que domina los sucesos; el espíritu que vaga eternamente; los castillos que pueden albergar extraños fantasmas; las premoniciones que se ven cumplidas… En el desarrollo del poema se aprecia un afortunado ajuste entre la expresión y el contenido. Los versos y las estructuras métricas se adensan o se quiebran ajustándose a las circunstancias: el romance para los encuadres o las presentaciones, las décimas para la carta, los serventesios dodecasílabos para la reflexión, las quintillas para los diálogos rápidos y las redondillas para la declaración amorosa. En el final de la cuarta parte, cuando el fervor de la lucha cuerpo a cuerpo se mezcla con el incendio que se aproxima y con la imagen de la desesperación de María, o sea el clímax argumental, el autor acude a la rima escalada, tan propia para enfatizar el dramatismo: de octavas a octavillas y de versos endecasílabos a bisílabos en perfecta escala en sucesión. Tan expresiva y contundente resulta a Negrín tal medio como aquella otra escalada de Espronceda en El estudiante… que tanta popularidad le proporcionó. Pero el autor no oculta esa deuda: por si no bastarán para confirmarla el tono, las formas, las rimas, la «intromisión» de un cuadro dramático en una de las partes, etc., Negrín coloca estrofas de El estudiante… como lemas introductorios a las partes segunda, tercera y al epílogo. Es el Tres muertes… de Negrín un poema romántico con todas sus características y sus deudas: no sólo Espronceda sino Zorrilla en su Tenorio y los lugares comunes de los dramas románticos en verso. Sin embargo, el juvenil texto está bien construido, la acción es ágil y bien estructurada y no falta emoción lírica cuando la ocasión la requiera. Si todo en Tres muertes por un amor suena a tópico y a conocido, nada desmerecer ante tantos otros poemas narrativos que el romanticismo inspiró.

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Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cátedra Pérez Galdós.