Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

Poesía del Mar. «Colección de cuentos marítimos en verso»

Ofrece el título una colección de treinta poemas. En los cinco primeros el mar tiene el protagonismo que era de esperar. “Al mar» se titula el primer poema, al mar se refiere la dedicatoria del libro que sirve de marco al libro y en los ambientes marinos se desenvuelven los otros cuatro poemas narrativos extensos que abren la colección. El resto de los poemas del libro se alejan del título y del subtítulo. Se trata ahora de poesía lírica inspirada en distintos motivos, desde el serio patriotismo o asuntos más ligeros y composiciones humorísticas y desenfadadas.

El tema del mar

El poema «Al mar» que inicia el libro es, con justicia, el más celebrado del autor(1). Con él rinde Negrín espléndido tributo a uno de los temas centrales de la lírica insular. En 26 rotundos y sonoros serventesios de catorce sílabas, el poeta marino dirige sobre el océano una mirada amplia, abarcadora, casi panvisionaria, rica en notas efectistas de color, de luz, de música. Más allá de los logros formales, lo más atractivo del poema reside en la autenticidad de la voz poética identificada vivencialmente con el medio marino(2).

(…)
Mecido en los espacios sin límites que encierra
Tu vasta superficie desde mi infancia fui,
Trocando por tus ondas la afortunada tierra
Aurífero y ameno vergel donde nací.
(…)
¡Oh mar, cuánto te adoro! tus hórridos bramidos
Mis sueños arrullaron con su estentóreo son,
Y el austro sacudiendo los cables retorcidos
Bañó en un soplo ardiente mi rauda inspiración.
Yo vi sin movimiento de tu argentina espa¬lda
Los velos transparentes teñidos en azul,
Como un inmenso lago de plata y de esmeralda
Sobre el que tiende el cielo su misterioso tul.
(…)
Yo vi sobre los flancos cruzar de mi barquilla
La lumbre pavorosa del rayo brillador;
Y al retumbar el trueno crujir la débil quilla
Y el destrozado mástil con hórrido fragor.
(…)
Te he visto en tu grandeza, cuando imponente al cielo
Montañas espumantes elevas con furor;
Te he visto cuando humilde reposas de tu anhelo
En traspasar el linde que te marcó el Señor.
(…)
Tú tiene tu lenguaje, tu música, tus ruidos
Que expresan misteriosos tu insólito anhelar;
Si ruges, en los montes retumban tus bramidos,
Si lloras, en las playas rubricas tu pesar.
Yo entiendo tu lenguaje, yo al canto de tus olas
Mis penas incesantes, Océano, arrullé,
Y al ver como en la tarde tu espuma tornasolas
El velo de una Virgen sobre tu faz miré.
Yo voy de tu susurro la triste melodía,
La misteriosa endecha con fe a reproducir;
De tu furor los ecos cuando en la noche umbría
Desciende la centella tus seños a entreabrir.
Mi lira abandonada, con armonioso acento
Tal vez para cantarte me vuelva a responder;
Mas presta a mis canciones ¡oh mar! el sentimiento
Que colosal preside tu omnímodo poder.
(…)
Sí, Océano impetuoso; para cantar tus iras
Desploma turbulento tus olas sobre mí;
Mi voz será la tuya; los versos que me inspiras
Dirán lo que extasiado sobre tu faz oí.
(…)
No rompas turbulento las ondas espumantes
Que agrupas tormentoso rugiendo sin cesar;
Calma un momento, calma, tus senos palpitantes
Y escucha en mis cantares tu excelsitud ¡oh mar!

«La noche en calma» es nuevo poema-escena de inspiración marina que la voz poética presenta. En la suprema calma de la noche en altamar, un marinero contempla al coloso dormido, y entona una canción: siete octavillas dibujan la serenidad del paisaje y siete estrofas de seis versos quebrados entonan el canto. Una octavilla final quiebra el éxtasis del momento recordando que el gigante sólo duerme; y que tal vez despierte rugiendo.

(…)
Mírale y le ve dormido,
Grande siempre hasta en su sueño,
Imponente como el dueño
Que encadena su furor:
Blandamente en lontananza
Tiende sus móviles tules,
Velos diáfanos y azules
Ondulantes enredor.
Sobre su faz cristalina
Que la de un lago semeja,
Tibia la lumbre refleja
Del misterioso fanal
Que en la bóveda prendido
Del firmamento estrellado,
Parece un sol enclavado
Sobre algún trono imperial.
(…)
Los astros, el mar, los cielos,
Todo en amorosa calma
Brinda mansamente al alma
Religiosa inspiración.
Mientras lanza el marinero
Con sus peligros ufano
Sobre el desierto Oceáno
Su tristísima canción:
Boga, boga mi barquilla
Que ya brilla
Sobre el horizonte el sol;
Y en su luz la verde loma
Tintas toma
De magnífico arrebol.
(…)

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Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cátedra Pérez Galdós.