Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

Los Poemas narrativos

Como dijimos, los cuatro primeros poemas narrativos que contienen el poemario que nos ocupa tienen ambiente marino. En realidad, como indica el autor en el subtítulo del libro, se trata de «cuentos marítimos en verso» que rinden tributo a la moda de los relatos folletinescos nacidos de los modelos extranjeros (franceses, en especial) que se divulgan en España en la época romántica. Fácil es suponer, dado el temperamento extrovertido y abierto de I. de Negrín, su gusto por estas narraciones; de ahí la tentación de imitarlas insuflándoles mo propio el conocimiento directo de los ambientes marinos que describe.

El poema narrativo «El negrero», 633 versos, se estructura en cinco partes que son otras tantas unidades de contenido de un folletinesco y elemental argumento: una historia de agravios de honor (al fin saldados) de esposas infieles y alevosos ingleses. La métrica del poema se ajusta a las unidades de contenido en adecuada polimetría: octavillas, romances y quintillas para la narración o el diálogo; romance heroico para la descripción de la tormenta y la batalla; redondillas agudas para el reencuentro, el perdón y el llanto. La historia está hábilmente construida desde el inicio in media res, el atractivo del diálogo directo -abierto, directo y ágil-, el ambiente tan propicio a confidencias e «historia viejas» de una la taberna portuaria, y el clímax del enfrentamiento de los viejos enemigos. Todo ello entre el fragor del abordaje marino. Observemos la fluidez del diálogo y el verismo de la pintura del ambiente de la taberna en estos versos.

(…)
-Los ingleses, uf! qué horror!
Qué orgullo tan atrevido!
-Para la mar, concedido;
Pero en tierra, no señor.
– ¿De veras? -Sí. -Capitán,
Decís eso de tal modo…
-Bah! como lo digo todo.
-Bien puede ser; pero están
Presentes aún… -¿El qué?
-En mi colosal memoria…
-¿Qué decís? -Nada, una historia
Que os toca de cerca a fe.
-Contádmela, pues. -Sin duda,
Pero bebamos primero:
Este mundo es muy artero,
Capitán, y el vino ayuda
A sobrellevar los males
En la paz como en la guerra,
Lo mismo por esta tierra
Que en los desiertos glaciales.
(…)

«La Condor» es nuevo «episodio marítimo» narrativo (374 versos y siete unidades de contenido separados por signo gráfico) de luchas de piratas y buques ingleses cuyo protagonismo corresponde ahora a la goleta que da nombre al poema y a su capitán pirata, quien prefiere morir y destruir la nave que permitir que se apodere de ella «el enemigo inglés». De nuevo, la polimetría resuelve los ajustes de la sucesión de los episodios: el arte menor plantea la historia y resuelve su evolución y el arte mayor detiene la acción en los momentos del clímax (romance para el planteamiento de la historia; redondillas para la focalización de la misma en un momento determinado; romance endecasílabo para el diálogo indirecto central; de nuevo redondillas y romance para la sucesión de la historia; y serventesios de rima aguda en los pares para los momentos de emoción finales. Observemos, en breve muestra, la agilidad de los versos que presentan la historia, pareja la de la goleta protagonista; también, la efectividad del diálogo indirecto en el clímax del engaño al inglés del centro de la acción y la fuerza de las cuatro estrofas finales:

Hará cosa de treinta años
Con muy corta diferencia
Que ambos mares infestaba,
Según las historias cuentan,
Entre otros muchos, un buque
Pirata, de fama inmensa.
Sólo el eco de su nombre
Aterraba las riberas
Que marca el mar desde Boston
A la ardiente Venezuela
(…)
Y la Condor mientras tanto,
(Que así la crónica reza
Denominaba el pirata
a su famosa goleta)
Siempre activa, siempre ufana,
Temible cuanto ligera
Cruzaba mares y mares
Sin otro plan ni cautela
Que correr el viento en popa
O perseguir una presa
Rica en perlas de Golgonda,
De Orientales frutos llena.
(…)

¡Por Dios! Le dijo el capitán pirata
Al comandante del bajel inglés,
Que por poquito entre la niebla oscura
Nos escurrimos sin podernos ver.
Y a fe, lo hubiera deplorado mucho,
Que si abundantes víveres tenéis
No será malo que me deis algunos,
Pues ni galleta tengo en mi bajel.
Tres meses hace que salí de puerto
Y el mismo tiempo, si recuerdo bien,
Que ni a mis gavias he tomado un rizo,
Ni en playa alguna el áncora largué.
Buscando voy a la Condor pirata,
De alto renombre, como ya sabéis.
(…)

-«¡Hola! les dijo con talante fiero
«Celebro que me hagáis tan alto honor;
Venid a ver cómo impasible muero
Volando por mi mano a la Condor.»
Aún en alas del eco resonando
Iba la voz del torvo capitán,
Y en piélagos de llamas estallando
Reventó la goleta en un volcán.
El mar en calma, enrojecidas olas
Al choque estremecido levantó
Velando el humo denso las corolas
Que la ferviente espuma amontonó.
Y al asomar el sol en el oriente
Quedaba de aquel duelo singular
La fragata fondeada solamente
Y esparcidos fragmentos sobre el mar.

Siguiente página → 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19

Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cátedra Pérez Galdós.