Ignacio de Negrín

Por Yolanda Arencibia

«El capitán Wolf» es un nuevo «cuento marítimo» de Negrín formado por seis capítulos y 585 versos. Por si alguna duda hubiera de la inspiración de estos textos narrativos de Negrín, indica el autor que se trata de «una traducción libre de Eugenio de Sue», no alejada por el tema del marco de los «misterios» que las traducciones del autor francés pusieron de moda, entendiendo por “misterios” el sentido de «secreto» o «sutiles motivaciones psicológicas» que fue recibiendo a partir de su sentido inicial(3).

La configuración literaria de Negrín sitúa al texto de Sue en la línea del resto de las anteriores narraciones: adecuada polimetría para la mayor agilidad de la narración, descripciones bien resueltas, ritmo argumental eficaz en el desarrollo de la trama. En el argumento, de nuevo el marco de la taberna con el auxilio del vino da pie para desvelar historias pasadas de amor y de remordimientos, que acaban en sangre. Los detalles desvelan la presencia del texto original de Sue: como la excesiva complicación folletinesca de las situaciones que lleva a un duelo a muerte entre amigos; como el excepcional enriquecimiento de las notas ambientales para acentuar extremos, como el de la tumultuosa orgía en la taberna («Rompiéronse las botellas/ Quebráronse las vajillas/ Siguió en crescendo el tumulto./); o como la inusual presencia del retrato de los protagonistas: austero el masculino («Mi nuevo amigo era un hombre/ De franca fisonomía,/ Inglés, rubio, talla esbelta/ Frente serena y altiva,/ De edad treinta primaveras/»), sensual y tópicamente voluptuoso el femenino, una mujer «de la América Austral»

… sus ojos garzos
Destellaban la luz de las pasiones
Que bajo el pecho cándido y nevado,
Como en el seno ardiente del Vesubio
Germinaban sus sienes abrasando.
Tersa la frente, rosa en las mejillas,
Blanco marfil entre los rojos labios
Y en magníficas ondas el cabello
Sobre un cuello de cisne destrenzado.

«Los contrabandistas» es la historia de la equivocación del patrón de un buque guarda-costas que se deja sorprender por unos contrabandistas y es condenado a la cárcel tras el consejo judicial correspondiente. Dentro de la tónica general de los «cuentos» que venimos analizando, habría que destacar en éste algunas singularidades. Así, la narración es más corta (285 versos en tres unidades) y la polimetría está menos acentuada (sólo redondillas y romances octosilábicos); el asunto es mucho más «cercano», y no sólo por los espacios (se reducen a Cádiz y su costa) sino por la «intromisión» del narrador que, bien se dirige al lector con amistosa connivencia («Pero no todo en un día/ Lector se va referir./» «Pues señor, volviendo al cuento/ que dejamos en mantillas/»), bien se manifiesta en digresión reflexiva en el tono poco convencional y hasta irónico y desenfadado que vamos a observar y que el enlace con la narración subraya:

¡Oh Fortuna! Inestable diosa
Fiel trasunto de las hembras,
Siempre altiva, inexorable,
Siempre veleidosa y pérfida!
Tus caricias son engaños,
Tus palabras son arteras,
Tus hechuras deleznables,
Tu inconstancia sempiterna.
Y sin embargo, los hombres
Van ansiosos tras tu rueda
Anhelantes, incansables,
Ojos fijos, boca abierta
Los brazos a ti tendidos,
Con nerviosa persistencia.
(…)
Y aquí encumbras un ministro,
Allí un general despeñas,
O un parlamento destruyes,
O un nuevo monarca elevas,
Siempre rápida, invisible,
Sorda, muda, torpe y necia!…
¡Fortuna infiel!… Mas dejando
Digresiones y sentencias,
Pues ni pretendo ser docto
Ni procuro que lo crean,
Vuelvo a los contrabandistas
Y al patrón, de cuya adversa
Fortuna en aquella noche
Se originó esta leyenda.

«Una mujer como hay muchas» es la última de la narraciones de este poemario; de entre ellas es la más extensa (755 versos) y la más netamente estructurada en capítulos, que van del uno al sexto y presentan lemas introductorios individuales. De nuevo, la polimetría diferencia unidades de contenido: así la aparición del romance en el primer capítulo de la presentación e inicio de la trama narrativa; las octavas del segundo para describir la tormenta y el rescate; las quintillas en la declaración amorosa del tercero y el romance en el proseguir de la historia en este capítulo y en el cuarto; las octavillas en el quinto; y la presencia del verso de arte mayor para cerrar la parte solemne del capítulo sexto (endecasílabos asonantados) haciéndola seguir de un improvisado «epílogo» en octosílabos. Ahora la narración se sitúa «en tiempos remotos» y se centra en los amores de un pirata argelino y una doncella española de alta alcurnia, amores nacidos y culminados en ambientes marinos de tormentas y de combates fieros.

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Catedrática de Literatura Española de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Cátedra Pérez Galdós.