La chabola, de Pedro Lezcano

Por José Antonio Ramos Arteaga

Pedro Lezcano (Madrid, 1920-Las Palmas de Gran Canaria, 2002)

Nuestro escritor representa dentro de la literatura de posguerra uno de los mejores exponentes de una doble línea de compromiso: con la condición humana y con su territorio de adopción, Canarias. En el primer caso, se manifiesta en el compromiso de sus creaciones con la población más humilde o desarraigada a través de la denuncia de un sistema político y económico profundamente injusto (también una profética preocupación ecológica); la segunda, a través de la relectura de las Islas y su historia en clave colonial. Esta doble tarea artística se verá además acompañada por una importante labor pública, tanto en el franquismo (militando en la clandestinidad en partidos de izquierda revolucionaria y anticolonialistas), como en los años de la transición y posteriores (en el año 1991 será presidente del Cabildo de Gran Canaria).

Pedro Lezcano Montalvo mantuvo una relación discontinua con las Islas hasta el año 1934 en el que su padre decide afincarse definitivamente en Gran Canaria. Allí toma contacto con un pequeño grupo de inquietos estudiantes del Instituto Pérez Galdós, como serán Ventura Doreste o Agustín Millares, y colabora en la revista estudiantil Spes. La visión del fusilamiento de un maestro de izquierdas en el cuartel de La Isleta donde servía será el origen de su pacifismo y antimilitarismo.

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Sus primeros años universitarios son en la Universidad de La Laguna, después se traslada a la Facultad de Filosofía en Madrid. En el contexto madrileño se relaciona con las distintas tertulias que al calor de los cafés intentaban recuperar el vigor literario de la preguerra; pero la presión ambiental (pobreza material e intelectual) y política (el clima de censura y delación) genera una poesía preciosista y escapista, de gran preocupación formal aunque incapaz de dar fe de la miseria moral y humana de la inmediata posguerra. Allí entra en contacto con escritores como Carlos Bousoño, Gerardo Diego o Carmen Laforet. También es importante su amistad con poetas como Vicente Aleixandre o Dámaso Alonso. Una obra teatral suya, Desconfianza, será premiada por el Ateneo de Madrid, pero las envidias y la censura impidieron su estreno como exigían las bases. Cansado de unos estudios universitarios decepcionantes y cuajados de mezquindades cotidianas, Pedro Lezcano decide volver a Canarias.

Su labor profesional a partir de entonces será la de impresor, ocupación que no sólo le permitió colaborar con los principales proyectos literarios de la época (Planas de poesía, Alisios, etc.), también le sirvió de infraestructura para la resistencia antifranquista con la impresión de panfletos y octavillas.

Quizás el episodio más significativo de la trayectoria de Lezcano en el que se cruzaron arte y política fue el Consejo de Guerra contra él y el periodista Salvador Sagaseta instigado por el Capitán General de Canarias. Fueron condenados: Sagaseta a dos años, Lezcano a seis meses. El motivo de este juicio militar es la publicación (sin conocimiento por parte de Lezcano) del poema “Consejo de paz” en el Diario de Las Palmas. El poema provocó las críticas de algunos militares que entendieron que se insultaba al ejército en sus versos:

Muchachos que soñáis con las proezas
Y las glorias marciales.
Bajaos del corcel, tirad la espada;
Los héroes ya no existen o están en cualquier parte.
Llegará la hora cero de ser héroes
Cualquier día cruzando cualquier calle.

Negación de los nombres.
Negación de las frases.
Si no sois primavera, espuma o viento,
Fuerzas de Tierra, Mar y Aire;
Si el vendaval no sois ni la semilla,
Ni la lluvia que nace de los mares,
Usurpadores sois de las palabras
Nobles y elementales.

Lezcano, aunque ajeno a la publicación, declaró que no tenía ningún inconveniente en que se hubiese publicado. A pesar de la defensa de intelectuales de todo el país, la amplia repercusión mediática (al principio tibia) y el argumento de que “Consejo de paz” pertenecía a un libro de poemas premiado y con permiso del Ministerio de Información y Turismo, el Capitán General solo estaba dispuesto a reconsiderar su posición con una carta de disculpas del poeta por medio. Lezcano se negó; pero la repercusión fue tal que finalmente fue absuelto en Consejo de Ministros, tras un arresto domiciliario. No podemos olvidar que por estas mismas fechas la Universidad y muchos intelectuales en la Península se estaban enfrentando abiertamente al régimen franquista. En este contexto nacional, el episodio de este Consejo de Guerra fue entendido, seguramente, como un innecesario foco que era prudente extinguir.

Aparte de este episodio tan sobresaliente, la trayectoria política de Lezcano estaría marcada por el “héroe cotidiano” que cantaba en su poema. Frente a los grandes proyectos teóricos de transformación social, Lezcano siempre defendió el quehacer pequeño pero constante de los pequeños colectivos, de los comprometidos más humildes, de la poesía junto a los trabajadores, los explotados y los humillados. Su compromiso con el Medio Ambiente y el regreso a los valores de una sociedad más sostenible económica y ecológicamente hace que sus palabras sigan teniendo una vigencia casi profética. En ese sentido su carisma público y literario continúa siendo una referencia ineludible para muchos movimientos sociales y artísticos en Canarias y Sudamérica.

La poesía de Pedro Lezcano se divide en dos grandes etapas según su mejor conocedora, Teresa Cancio León (ver BIBLIOGRAFÍA); una primera etapa de formación hasta 1947 y una segunda etapa a partir de esta fecha en la que ya nos encontramos los principales temas de preocupación existencial de su poesía. Cancio propone como poemas representativos del primer momento los titulados “Playa” y “Biografía”. Preocupación por la métrica y los recursos clásicos, la nostalgia del mar y la isla serán los ejes del primero; el segundo es un romance de su Romancero canario (subyace la influencia del romancero lorquiano) que tiene como protagonista a Juan Santana:

Se llamaba Juan Santana:
Alto canario y sereno,
Con la espalda como un muro
Para fusilar sueños.
Nació frío como un pez.
No tuvo padres ni abuelos,
Sí nanas de bajos mares
Y cunas de altos camellos.

Tras describir sus trabajos de medianero y la miseria de la tierra, Juan emigra para morir miserablemente fuera:

Él, que vivió como un ave,
Vino a morir como un perro.
Él, que soñó con el oro,
No halló en qué caerse muerto.
Le encontraron los bolsillos
Llenos de pétalos secos.

De la segunda etapa, Cancio León propone cuatro poemas representativos: “Escultor de barro”, “Execración de las hormigas”, “El dado” y “Plagios en desagravio de la rosa”. Los tres primeros pertenecen a Consejo de paz (1965) que, según la estudiosa citada: “Si tuviéramos que elegir un solo título del autor que sintetizase toda su trayectoria poética y su misma evolución ideológica, este sería Consejo de paz”. El último es un exquisito y, a veces, bronco poema en el que la rosa se convierte en símbolo de la redención futura con la simbiosis de la belleza y la paz fraternal. También habría que citar su conocido “Romance del Corredera” inspirado en el legendario resistente grancanario (Musicalizado por el grupo Mestisay, como otros poemas de Lezcano).

Mención aparte merece el poema “La maleta” por el importante proceso de popularización que ha sufrido gracias a musicalizaciones e incluso adaptaciones teatrales (en tal sentido puede escucharse en el aula la adaptación musical de Taller Canario de Canción o la performance teatral de la compañía Kaleido Zirkus en el Segundo Memorial al autor editado en Youtube). Pocas veces la emigración forzada canaria ha sido tan acertadamente descrita con el sencillo recurso de un objeto: su continuidad en el tiempo, casi un endemismo en la sociedad isleña; las miserias que acompañaban el antes, el durante y el después del desarraigo; la nostalgia y la rabia a partes iguales; la injusticia social que representa…

Ya tengo la maleta,
Una maleta grande, de madera:
La que mi abuelo se llevó a la Habana,
Mi padre a Venezuela.

Ha servido de todo. Como banco
De viajar en cubierta,
Y como mesa y, si me apuran mucho,
Como ataúd me han de enterrar en ella.
Yo no sé dónde voy a echar raíces.
Ya las eché en la aldea.

Para finalmente proponer la conversión de la maleta en una herramienta de lucha contra los responsables históricos de esta sangría humana:

¡No quiero más maletas en la historia de la insular miseria!
Ellos, ellos, que cojan la maleta.
Los invasores de la paz canaria
Que cojan la maleta.
Los que venden la tierra que nos es suya
Que cojan la maleta.
Los que ponen la muerte en el futuro
Que cojan la maleta
¡Que cojan la maleta,
Que cojan para siempre la maleta!

Pero la poesía no será el único ámbito de trabajo creador de Pedro Lezcano. También será reconocido en otros géneros literarios como el teatro y la narrativa. Desde su época de Madrid, Lezcano siente pasión por el teatro (La maleta ha sido llamado monólogo poético). En Gran Canaria, entre 1956 y 1968, estuvo vinculado al proyecto del Teatro Insular de Cámara, colectivo que intentó con el estreno de grandes autores contemporáneos dignificar y dar a conocer lo mejor de la dramaturgia actual con montajes semiprofesionales en los que Lezcano participó como actor, director y autor: su obra La ruleta del sur (1956) es un intento, según su autor, “de glosar en poético esquema la vida canaria de los campos”.

Con respecto a la narrativa, su principal obra es el conjunto de relatos Cuentos sin geografía (1968). Es en este texto donde se encuentra el relato de la antología PAU propuesto. Consta de once cuentos: “Taru o la popularidad”, “La hermanas Bonet”, “La aventura”, “Los senos de Asunción”, “El adulterio”, “El enemigo del sueño”, “Manifiesto vegetalista”, “El pescador”, “La chabola” y “Los zapatos de la cantadora”. Se trata de una colección algo bizarra y heterogénea: por un lado, nos encontramos relatos inclasificables como el protagonizado por Taru, mientras otros parecen bromas como el de las solteronas Bonet. En algunos la ironía parece ahogar la denuncia social implícita como en nuestra “chabola” o en los avatares de la cantadora. Otros, al fin, recuperan lejanas tipologías cervantinas (el celoso o el licenciado Vidriera) o el cuento de anticipación (la rebelión vegetal). Solo “El pescador” (publicado anteriormente en 1964) nos acerca al Lezcano de clara reivindicación social.

En “La chabola”, y a modo de viñeta, Lezcano hace coincidir dos momentos: uno cotidiano, el recogerse diario de una familia chabolista descrita con una gran economía de medios (aunque en este contexto la expresión “economía de medios” parece un sarcasmo); otro de impacto mundial, el lanzamiento de un satélite. La relación de ambos momentos viene dada por la fugaz visita de un norteamericano para advertirles de que tiene que desconectar ¡los electrodomésticos! de la chabola. El cruce se realiza bajo el espíritu de lo grotesco (ya se había adelantado esta pincelada con la caracterización de la chabola como un remedo lumpen de la ONU) y el malentendido de Juan el chinchorrero y su familia. Es destacable el uso de léxico popular canario, o la elipsis biográfico-vital de la abuela en los sucesivos nombres recibidos a lo largo de su existencia. Hay elementos de descripción poética como el inicio del relato en la orilla y pequeñas escenas de aire tremendista, como la descripción superpuesta del ambiente objetual (fuelle, carburo, red, colchón, plástico de invernadero) y los rastros humanos de la podredumbre (órdenes para la cena, el berreo del niño, la humedad de la vieja). La caracterización del satélite como un cohete de feria reitera ese carácter grotesco de la escena que no logra llegar a ser esa instantánea “neorrealista” que comenta Cancio León.

BIBLIOGRAFÍA

CANCIO LEÓN, Teresa, Pedro Lezcano y su obra, Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular de Gran Canaria, 2000.
LEZCANO, Pedro, Biografía poética, La Laguna, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1986.
LEZCANO, Pedro, Cuentos, estudio de Teresa Cancio León, Tenerife, Interseptem Canarias, 2003.
LEZCANO, Pedro, Cuentos sin geografía y otras narraciones, Las Palmas de Gran Canaria, El Museo Canario, 1968.
LEZCANO, Pedro, Obra escogida, Las Palmas de Gran Canaria, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1997.


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Actividades


1) Muchas son las versiones musicalizadas del poema “La maleta” que puedes encontrar en el canal Youtube (la del grupo Mestizay, por ejemplo). Escúchalas, compáralas y discute en el aula cuál te parece mejor y por qué.

2) Durante el período de la dictadura franquista muchos fueron los autores literarios, intelectuales y artistas que también sufrieron problemas con la censura o consejos de guerra similares al de Pedro Lezcano. Investiga algún caso y exponlo en clase.

3) Dramatiza en grupo un cuento o un poema de este autor en el que se reflejen algunas de las características de su obra. También puedes realizar esta actividad a través de un mural o cómic.

4) La emigración forzada es un fenómeno que ha tenido una gran importancia en la historia de nuestras islas. A partir del poema “La maleta” discute las causas tanto en el pasado como en la actualidad. Relaciona dicho fenómeno con la realidad en nuestras costas de la inmigración africana.

5) En el cuento “La chabola” Lezcano describe un oficio y unas condiciones de vida que pueden parecer ya superadas en nuestro entorno insular: ¿Es posible trasladar ese mundo precario a nuestra actual realidad cotidiana?

Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Universidad de La Laguna