Intentaré ser breve, y no por aquella gracia de Gracián de que “si lo malo breve, no tan malo”, sino por no fatigar su atención.

Como homenaje al que fue académico honorario de la Academia Canaria de la Legua, esta institución añade un nuevo título a su catálogo de publicaciones, Antología de Rafael Arozarena, n.º 3 de la colección Biblioteca Manuel Padorno, en edición de Juan José Delgado, académico de número de la Academia Canaria de la Lengua.

El objetivo fundamental de la Academia Canaria de la Lengua, tal como se dice en sus estatutos, es el estudio y descripción de nuestra variedad regional de lengua y de la producción literaria, oral y escrita, desarrollada en el Archipiélago a lo largo del tiempo, así como, en la medida de sus posibilidades, la divulgación, mediante publicaciones autorizadas, de los resultados de dichas investigaciones.

Creo que convendría aclarar esto brevemente para ponerlo en conexión con el acto de hoy: un idioma, como el español, se puede entender como un conjunto de variedades regionales de dicha lengua, por lo que podríamos decir que en realidad nadie habla español sino una de sus variedades regionales. Nosotros hablamos canario. Es evidente que no hablamos andaluz ni argentino. El canario es nuestra variedad materna, la que aprendemos de niños, la que usamos día y noche en todo y para todo. Pero nuestra variedad regional a su vez presenta variedades internas, locales y sociales: por ejemplo, las variedades insulares y los niveles de lengua popular y culto.

Ahora bien, llegados a este punto hay que resaltar que tanto con el lenguaje popular como con el lenguaje culto –que desde el punto de vista lingüístico tienen la misma validez-, se pueden crear obras literarias de diferente tipo y de primera calidad.

Todo esto lo traemos a cuento como justificación de la mencionada colección Biblioteca Manuel Padorno, en la que se incluye la obra que presentamos hoy, puesto que, como dijimos antes, uno de los objetivos de la Academia Canaria de La Lengua es el estudio y difusión de nuestra literatura regional.

Hay quienes reducen el canario a una sola de sus variedades: el habla propia de un pretendido campesinado isleño inmune a la moderna cultura urbana. De la misma manera hay quienes asocian literatura canaria con literatura popular. También suele pensarse que una obra, culta o no, es más o menos canaria en función del mayor o menor uso de vocablos del léxico regional.

En relación con esto último hay que tener en cuenta que nuestro léxico regional es por lo general un léxico propio del estilo familiar de lengua y que en determinado tipo de obras, sobre todo las de carácter poético, es lógico que su presencia sea escasa o nula. No vale este dato como vara de medir. Es difícil pensar que un escritor canario que intenta una definición de poesía, por ejemplo, utilice un canarismo en el texto de la definición. Aunque Rafael Arozarena, sin embargo, lo consigue de la manera más natural del mundo. En su discurso de ingreso en la Academia Canaria de la Lengua, recogido en esta antología, se puede leer este precioso párrafo: “Si para Goethe la poesía, como el arte, era la expresión de lo infinito dentro de lo finito, justificamos como poético el pensamiento del ángel niño que pretendía verter el mar en un gongo de arena”.

Puesto que una lengua es un conjunto de variedades regionales, para conocerla cabalmente es necesario conocer dichas variedades. De modo que al estudiar y describir adecuadamente nuestra variedad estamos contribuyendo al mejor conocimiento del idioma español y podemos, además, verificar de paso la importancia que ha tenido el canario –primera modalidad en el tiempo de español atlántico extrapenínsular-, en la implantación y desarrollo de la lengua común en extensas regiones del continente americano. Como lengua y literatura son dos elementos indisociables que conforman un todo cultural, lo dicho anteriormente, claro está, se refiere al conjunto.

En consonancia con esta concepción de estudio y difusión de nuestra lengua y literatura regionales, de ubicación a la vez periférica y central en el ámbito hispano, ha de entenderse esta publicación y este acto, el cual presenta una doble faceta: una nos recuerda la pérdida irreparable del escritor, la otra, más amable, nos ofrece una antología de su obra, una acertada selección de poesía y prosa con magistral estudio inicial que nos conduce por el laberinto de la obra de este poeta inquieto, siempre en constante movimiento.

Creo que esta publicación es el mejor homenaje que la Academia podía tributar a su académico de honor. Él escribió, como si presintiera este acto, lo siguiente: “No le molesta al poeta o escritor que le hayan colocado sobre un pedestal, moléstale que la gente ignore su obra, cualquiera que sea, que noblemente legó a su pueblo.”

Solo nos resta alabar, como es debido, el continente y el contenido del libro. Pero he de confesar que he sido incapaz de encontrar los adjetivos que convenían a esta obra tan bien labrada. En la confianza de que la presentadora lo conseguiría yo me voy de camino con la palabra gracias. Así pues, gracias al responsable de la edición, el académico Juan José Delgado, y a quienes con él han colaborado en la elaboración de esta necesaria antología. Y ya que estamos, vamos a seguir por la misma senda: gracias a la académica Cecilia Domínguez por aceptar el trabajoso papel de presentadora, gracias a CajaCanarias por cedernos su salón de actos, que tan bien habla de su labor social, y gracias a ustedes por acompañarnos amistosamente, posponiendo otros quehaceres o la simple comodidad del paciente y mullido sillón casero.

Santa Cruz de Tenerife, 30 de septiembre de 2011