Retorno a la autopista 61

Por Aquiles García Brito

Corrían mis trece cuando acaeció aquel viaje a la autopista 61, de la mano de Bob Dylan, George Jackson y otras canciones, publicado en Visor de poesía con el número veintisiete pero, junto con Canciones de Bob Dylan, número once, probablemente para mí, inauguración no solo de la colección sino de la propia editorial. Entrar en una librería, comprar la bitácora, abrirla y empezar a leer, incluso antes de llegar a casa, son mis recuerdos, si no imaginación, de los primeros instantes de la aventura. Lo que me empujó a ese muelle fueron los discos y casetes, en este orden cronológico, de mis jóvenes tías, abiertas y liberales que viajaban al extranjero, cuyas clandestinas e inacabables escuchas en su ausencia, en un ático del Parque Santa Catalina, se instalarían dentro.


Hoy que mi edad transcurre más consciente, todo era no darme cuenta, parto de vuelta a esa autopista en el mismo barco, guía y planos los mismos, motivado por el reconocimiento actual a Bob Dylan, satisfecho al comprobar el funcionamiento de la máquina y cómo su navegación eficiente me permite el regreso, cuánto ha cambiado la canción en la literatura y la música, por lo tanto el mundo —y no me refiero al que alterándose en su totalidad, no ha mudado nada—, desde cuando Dylan decidiera darle con fuerza a la cosa —oigamos, por ejemplo, los discos de los Beatles anteriores y posteriores a este acontecimiento—, y reconocer la evidente influencia ejercida por él en nuestra cultura. Recuerdo ahora, tocar las puertas del cielo, interpretando a la guitarra algunas de sus canciones con poetas y músicos amigos, en Miranda, o leyendo al azar letras suyas, asombrados nosotros por cuánta poesía había y cuántos poetas nuevos, locales y foráneos, se reconocen, en Los Naranjeros, apenas unos días antes de la concesión del Nobel.

He traducido Highway 61 Revisited, del disco homónimo de mil novecientos sesenta y cinco y de este libro objeto de mi atención, no por sustituir a las anteriores transcripciones, impecables y muy válidas, sino como testimonio del retorno personal, útil para cuando las circunstancias lo nieguen.

A pesar del inevitable ajuste del texto a mi visión particular y a la situación, muy poco me aparto del trabajo realizado por Antonio Resines para Visor en mil novecientos setenta y dos, y Miguel Izquierdo y José Moreno en Bob Dylan, letras, para Alfaguara, en dos mil siete.

 

Anoto:

– El uso del verbo sacrificar por parte de Resines en el primer verso, en lugar de matar, utilizado por mí, coincidiendo con Izquierdo y Moreno, confirma su intento de evitar la censura imperante tres años antes de la muerte de Franco, teniendo en cuenta la alusión, y parafraseo, de toda la primera estrofa a los textos bíblicos, circunstancia olvidada cuando apareció el libro de Alfaguara, puesto que la intención de Dylan está muy clara al escribir kill me y no sacrify me.

– Tantas veces como aparece el término Highway en el título y a modo de repetición retórica en el cuerpo del texto, ambas publicaciones adoptan carretera. Me separo de las dos al transcribirlo en todas las ocasiones autopista, pues no hay ninguna disimilitud rítmica y me ajusto así a la literalidad de Bob. Road tiene una carga de significado muy definida y bien diferente a Highway, en el ámbito cultural anglosajón, alejándolos de la sinonimia, y no creo que justificarlo en una despreocupación o arbitrariedad, muy difícil en este creador, sea acertado, teniendo en cuenta el uso discriminatorio hecho de ambas palabras en su extensa obra. Por ofrecer una referencia en el tiempo del caso tratado, se podría mencionar On the Road Again, dentro de su anterior disco, Bringing It All Back Home, de mil novecientos sesenta y cinco, igualmente. On the road, de Jack Kerouac, ya ejercía su ascendencia en nuestro acervo.

– En la sección en inglés de Visor, se observa una errata en el segundo verso de la segunda estrofa, el incorrecto wellfare en lugar del correcto welfare, sin tener, sin embargo, ninguna trascendencia en la traducción, lo cual me concede presumir de una fabulosa y exclusiva errata de primera edición, a lo mejor corregida en las posteriores, algo no cotejado. Yo me quedo con esta histórica primera de mis amores.

– Además, siguiendo en la publicación Bob Dylan, George Jackson y otras canciones, se escribe erróneamente el último verso del poema; el añadido de un solo vocablo, but, cambia todo su sentido: And have it but on Highway 61, lo cual se traduciría «y será, pero solo en la autopista 61», en lugar del original And have it on Highway 61, «y la tendremos en la autopista sesenta y uno», como figura en mi traducción, a continuación expuesta, a tenor de lo que se escucha en sus grabaciones, muy recomendables, o leemos en la versión oficial colgada en su página web, Quiero resaltar la muy creativa y afinada al tono global del poema, de Resines, «…y resolveremos esto a tortas en la carretera 61». Ejerció de poeta.

– Asunto similar es el de el sexto y penúltimo verso de la tercera estrofa en la misma publicación, Then he said, «yes, I think it can be easily done», al cual se suma el adverbio then, inexistente en la versión original. Aún hoy, repasando los archivos originales remasterizados, se confunde and con then.

Estas tres últimas anécdotas, arriba comentadas, prueban que Antonio Resines no solo se vio obligado a abordar la traducción del texto —y qué bien—, sino a transcribirlo con anterioridad, directo desde la escucha del material fonográfico reproducido en los aparatos de aquellos momentos, labor ímproba con un joven de Duluth, Minnesota, autorizándola más, al demostrar que no habló de oídas, sino de oído. Él también era músico.

Les dejo mi traducción, deseándoles el inicio de un viaje inolvidable, de la misma materia del realizado por José María Millares Sall, en mil novecientos cuarenta y nueve a Liverpool, como lo fue entonces, a mis trece, y lo ha sido ahora, a mi vuelta, cuando no enterarme sigue siendo todo; un objetivo.


De vuelta a la autopista 61

¡Oh! Dios dijo a Abraham: «Mátame un hijo».
Abe dice: «Hombre, tú intentas vacilarme».
Dios dice: «No». Abe dice: «¿Qué?»
Dios dice: «Haz lo que quieras Abe, pero
la próxima vez que me veas venir, será mejor que corras».
Bien, Abe dice: «¿Dónde quieres esta matanza?»
Dios dice: «Fuera, en la autopista 61».

Bien, Georgia Sam tenía una nariz ensangrentada
El Departamento de Asistencia Social no quería darle ropa.
Él le preguntó al pobre Howard: «¿A dónde puedo ir?»
Howard dijo: «Solo hay un lugar, que yo sepa».
Sam dijo: «Dímelo ya, hombre, tengo que salir pitando».
El viejo Howard señaló con su pistola
y dijo: «Por ahí, por la autopista 61».

Bien, Mack el Dedo le dijo a Louie el Rey:
«Tengo cuarenta cordones de zapatos, rojos, blancos y azules
y mil teléfonos que no suenan.
¿Sabes dónde puedo librarme de estas cosas?»
Y Louie el Rey dijo: «Déjame pensar un minuto, hijo».
Y añadió: «Sí, pienso que puede hacerse fácilmente.
Llévalo todo a la autopista 61».

Ahora la quinta hija en la duodécima noche
dijo al primer padre que algo fallaba.
«Mi aspecto —dijo ella—, es demasiado blanco».
Él dijo: «Ven aquí y ponte en la luz». Y dice: «Hum, tienes razón.
Déjame decirle a la segunda madre lo que pasa».
Pero la segunda madre estaba con el séptimo hijo
Y los dos habían salido a la autopista 61.

Ahora el jugador ambulante estaba muy aburrido.
Trataba de crear la siguiente guerra mundial.
Encontró un promotor que casi se cayó al suelo.
Él dijo: «Yo nunca me preocupé de esta clase de cosas antes.
Pero, sí, pienso que puede ser muy fácil hacerlo.
Simplemente, pondremos algunas gradas al sol
y la tendremos en la autopista 61».

Bob Dylan Highway 61 Revisited
Traducción : Aquiles García Brito, 23/10/16

Highway 61 Revisited
WRITTEN BY: BOB DYLAN

Oh God said to Abraham, “Kill me a son”
Abe says, “Man, you must be puttin’ me on”
God say, “No.” Abe say, “What?”
God say, “You can do what you want Abe, but
The next time you see me comin’ you better run”
Well Abe says, “Where do you want this killin’ done?”
God says, “Out on Highway 61”

Well Georgia Sam he had a bloody nose
Welfare Department they wouldn’t give him no clothes
He asked poor Howard where can I go
Howard said there’s only one place I know
Sam said tell me quick man I got to run
Ol’ Howard just pointed with his gun
And said that way down on Highway 61

Well Mack the Finger said to Louie the King
I got forty red, white and blue shoestrings
And a thousand telephones that don’t ring
Do you know where I can get rid of these things
And Louie the King said let me think for a minute son
And he said yes I think it can be easily done
Just take everything down to Highway 61

Now the fifth daughter on the twelfth night
Told the first father that things weren’t right
My complexion she said is much too white
He said come here and step into the light, he says hmm you’re right
Let me tell the second mother this has been done
But the second mother was with the seventh son
And they were both out on Highway 61

Now the rovin’ gambler he was very bored
He was tryin’ to create a next world war
He found a promoter who nearly fell off the floor
He said I never engaged in this kind of thing before
But yes I think it can be very easily done
We’ll just put some bleachers out in the sun
And have it on Highway 61

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