Situación de la narrativa en Madeira

Coordinación de Leonor Martins Coelho Madeira: La Narrativa de Ficción en los siglos XX y XXI, por Thierry Proença dos Santos Horácio Bento de Gouveia: la Madeira del siglo XX, entre la memoria, la realidad y la ficción, por Thierry Proença dos Santos Horácio Bento de Gouveia, Tres fragmentos escogidos

Madeira: La Narrativa de Ficción en los siglos XX y XXI

por Thierry Proença dos Santos


Con la llegada de la imprenta a Madeira en 1821, se inicia la producción de textos para el consumo local; en la segunda mitad del siglo XIX, se organizan compilaciones y antologías de autores madeirenses; se forman tertulias y, esporádicamente, surgen disputas entre literatos. La producción cultural del archipiélago de Madeira, hasta mediados del siglo XX, se asienta en el trabajo intelectual de los padres, oficiales del ejército, profesores, abogados, publicistas, raros autodidactas e hijos de familias que fueron al Portugal continental o a Europa a cursar estudios universitarios.

Hacia la década de los años cincuenta del siglo XX, ven la luz Notas e Comentários para a História Literária da Madeira del Visconde do Porto da Cruz (1890-1962), en tres volúmenes, y, a partir de ahí, se han publicado bibliografías de autores de la región.

A la par de las numerosas ediciones de autor, se crean pequeñas editoriales, aunque de actividad breve e irregular, dado el estrecho mercado de bienes culturales. Algunos cultivadores de las letras se mudan a otras latitudes, pero no todos dejan de contribuir a la vida literaria insular. En ese mismo período, con la generalización de la enseñanza, aumenta el público lector, se instituyen premios literarios y, a partir de los años setenta, se multiplican las iniciativas artísticas. Los medios de comunicación siguen la producción intelectual, haciéndose eco de la vida cultural. Con el nuevo régimen en 1976, se intensifica la autonomía político cultural. En 1989 nace la Asociación de Escritores de Madeira, pero no consigue imponerse como institución cívica y cultural.

Muchos de los libros continúan siendo prologados por una personalidad relacionada con la vida cultural isleña. En la década de los noventa, se multiplican, con regularidad, las ediciones de seminarios, conferencias y revistas animadas por investigadores y escritores, contribuyendo así a la aparición, aunque de modo tímido, de una crítica atenta a la producción literaria local.

En lo que respecta a la narrativa de ficción que participa en la elaboración de la identidad literaria madeirense, podemos distinguir tres líneas principales: la narrativa histórica, la narrativa de lo cotidiano y la narrativa fantástica.

1. En lo relativo a la narrativa histórica, constatamos tres fases en su modo de reconsturir el pasado: en primer lugar, las obras de factura tradicional, ligadas a las coordenadas del neorromanticismo, en las que la Historia aparece como un factor de unidad e identidad, en una escritura más didáctico-cultural que propiamente literaria. De esto son ejemplos A Filha de Tristão das Damas (1909) y O Cavaleiro de Santa Catarina (1941), de João dos Reis Gomes (1869-1950).

En un segundo momento, aparecen novelas todavía con cariz histórico pero con una particular insistencia en la trama familiar, relegando a un segundo plano la situación o la figura histórico-legendaria a favor del enredo de los protagonistas, con sus deseos, ambiciones y desalientos. Podemos destacar Saias de Balão (1946), de Ricardo Jardim (1906-1990), A Ilha e O Tempo (1970) y António e Isabel do Arco da Calheta (1985), de João França (1908-1996), así como Regressos (2008) de António Loja (1934-).

Este conjunto de obras se inscribe en una tendencia naturalista en que la conciencia histórica está muy próxima a la conciencia de lo real que el madeirense tiene de su tierra.

En un tercer momento, hay que destacar algunos cuentos del libro Pavana para Isabella de França (1ed. 1992; 2ed. 2008), de José Viale Moutinho (1945-), escritor que construye su narrativa con tonos, a veces, de amarga ironía, sobre figuras anónimas proyectadas en momentos significativos de la historia insular, con el fin de revisitar periodos “míticos” de la cultura local, en busca de las oportunidades perdidas en las que la isla parece ser pródiga. En esa misma línea, hay que recordar la crónica novelada Nas Margens da Madeira (2011) de Luís Calisto (1950-), en la que el autor mezcla la memoria crítica de finales del siglo XIX con la narración desprejuiciada de la Historia insular, en un registro vivo y orientado a recordar situaciones análogas a la actualidad social y política de Madeira.

2. En lo relativo a la narrativa de lo cotidiano, entendida como experiencia de vida que llevó al autor a reflexionar sobre la condición humana y sobre el conocimietno de lo real, podemos abordarla desde varios ángulos y modos de tratamiento.

Conviene considerar la narrativa de insipiración socio-etnográfica, siendo el cuento, en este caso, el formato preferido. Se cultiva un estilo madeirense, basado en la tentativa de trasladar a la escritura las creencias, los hábitos y las “hablas” de los analfabetos. En ese registro, se proyecta el color local, se muestran tipos humanos isleños o habituales de la Isla y se evocan hechos y fechas históricas, expresando una sentida insularidad, ora con bonhomía, ora con fatalismo. Los cultivadores de esta tendencia serán Alberto Artur Sarmento (1878-1953), João dos Reis Gomes, Horácio Bento de Gouveia (1901-1983), João França, Ernesto Leal (1913-2005) y Carlos Cristóvão (1924-1998).

El tipo de narrativa que ha dominado más la producción de ficción es la de la memoria insular. Es el registro personal del tiempo vivido, que fluye al margen de los hechos históricos, más inclinado hacia el sabor de lo cotidiano y del intimismo. La perspectiva histórica se mantiene, visto el deber de dibujar un pasado del que el escritor todavía tiene memoria o busca evocar. Movido por el apego a la memoria afectiva, el escritor se esfuerza en recrear el ambiente social y caracterizar el paisaje y las gentes que conoció, proponiendo, de este modo, una literatura testimonial, en un juego en el que se entrelazan la crónica, la memoria y la ficción. En esta línea, incluímos las novelas Águas Mansas (1963) y Luísa Marta (1986) de Bento de Gouveia, de claro corte autobiográfico, y algunos cuentos de humor de Ernesto Leal, antologados por António Fournier (1966-) en 2008 (Tio, Ilha, Anonas e Estrelas). Las novelas O Último Cais (1992) y A Deusa Sentada (1994), de Helena Marques (1935-), así como Um Dia Depois de Outro (1999) de Margarida Gonçalves Marques (1929-), conforman una narrativa de ambiente “burgués”, de la memoria femenina y de los caminos de la identidad. Hay que señalar, aún, las novelas Angélica e a Sua Espécie (1993) y Porque Me Lembrei dos Cisnes (2000), de Irene Lucília Andrade, ficciones imbuidas de una fuerte carga poética donde surgen, a menudo, consideraciones filosóficas sobre la vida de estirpe existencialista, donde el hilo narrativo transcurre entre el cosmopolitismo y el aislamiento. Añádase, también, la narración Dona Joana Rabo de Peixe (1996), de João Carlos Abreu (1935-), que muestra reminiscencias de los años cuarenta y cincuenta, con el fin de construir la imagen de la identidad popular de los parroquianos de Santa Maria, en Funchal. Vemos así renacer, en un regreso de la corriente regionalista, libros de recuerdos sobre la historia de la familia o de los territorios de la infancia –donde la isla, a pesar de las limitaciones, se afianza como el refugio que abriga y protege. Esos libros son actos simbólicos que tienden a mitificar el antiguo equilibrio social y a expresar la fascinación por los orígenes, determinados por la angustia y por la nostalgia que suscita la incertidumbre de los tiempos actuales. En lo tocante a esa materia, los primeros años del siglo XXI han sido pródigos, con autores como Lídio Araújo (1951-), Francisco Fernandes (1952-), Lília Mata (1967-), Marta Caires (1971-) o, más inclinados a investigar en el diálogo intercultural, Irene Lucília y António Fournier.

En las ficciones de carácter socioeconómico, tras las intenciones sociales, la calidad del testimonio del autor es tan importante como la calidad de la escritura literaria: las narraciones procuran mostrar tensiones, casi siempre melodramáticas, de la esfera social de Madeira. El máximo exponente de este género es Bento de Gouveia, escritor de ambientes populares, en una escritura que articula los binomios individualista/colectivo, rural/urbano, isla/mundo.

Debemos señalar igualmente la narrativa de costumbres, que se ocupa de cuestiones de carácter moral y de la gestión de los sentimientos, en ambientes preponderantemente urbanos (las causas de la incomprensión en las parejas modernas, dramas psicológicos y afectivos, engaños y desengaños). Se desdobla, por regla general, en aventuras e historias de amor, bien o mal llevadas, y también de ideas contrarias a las que regulan la vida social, con escenas relativas a deportes, ocio y excursiones, o bien como marcas de la fascinación por lo mundano y el culto al arte. El análisis social del ambiente cerrado a través de un observador-narrador que reflexiona al mismo tiempo sobre su condición o sobre la caricatura de determinadas situaciones, es otra vía identificada, aunque menos explorada.

En esa veta literaria, hay que destacar algunas producciones. Situado en una zona de frontera con la paraliteratura, Carlos Martins (1909-1985), “ateo de sólidas convicciones”, crítico de la sociedad insular, pero defensor de un regionalismo cosmopolita, propone, a través de las novelas Madeira – Mar de Nuvens (1945) y As Figuras de Proa do “Marco-Wanda” (1977), en un registro individualista con incursiones autobiográficas, paseos por los lugares encantadores de la isla, “salidas” a bares y night-clubs y viajes por el mundo. A este conjunto podemos asociar, debido a algunos aspectos de naturaleza diegética y hasta temática, el cuento “Ana Maria” (1972) y la novela Margareta (1980), de Bento de Gouveia.

Debidos a voces femeninas, son destacables los libros de cuentos A Santa do Calhau (1992) y Para Ouvir Albinoni (1995) de Maria Aurora Homem (1937-2010). Del lado de una escritura “sensorial”, la cuentista esboza en sus tramas las inquietudes de la mujer, los aspectos anecdóticos pero significativos de los pequeños miedos, el abanico de opciones que la vida cosmopolita y desahogada ofrece, el espíritu conformista y egoísta de los hombres, utilizando en múltiples ocasiones un refinado humor irónico o, aunque más raramente, un inusitado sentido trágico. Maria do Carmo Rodrigues (1924-2014), a través sobre todo de la novela Linhas Retas e Curvas ou o Filho que Perdi… (2011), aborda la cuestión de los valores humanos, la matriz jerárquica de la sociedad local, las veleidades humanas y la crisis de la familia. En la narrativa de Graça Alves (1964-), particularmente en la novela Meu Simão daquela Tarde (2009) y en el libro de cuentos Contra a Corrente (2010), el desarrollo del personaje principal se presenta marcado por experiencias negativas de la vida. Sin embargo, la solidaridad y la fe religiosa permiten la aparición de lazos afectivos y sociales renovados.

Otras ficciones problematizan los cambios sociales, económicos y políticos de la sociedad madeirense contemporánea. A esas voces del inconformismo se unen las de Estórias da Ilha e do Sufoco (2001), de Luís Filipe Ladeira, varios cuentos de los libros Destruição de um Jardim Romântico (2008), o Fechem Essas Malditas Gavetas! (2014), de Viale Moutinho, algunas partes de escritura novelesca o diarística, de Irene Lucília, así como la narrativa de Cerejas (2007, cuentos) y Hotel Paraíso (2008, novela) de Laura Moniz (1967-), en los que la escritura fragmentaria y el discurso digresivo oscilan entre la sordidez y el desencanto, lo normal y la locura. Estos textos parecen inaugurar una reacción al ambiente político-social como proyecto de sociedad. Este registro es poco cultivado, todavía, tal vez por no contar con la deseada aceptación del público al que va dirigido.

Tan discretas como singulares, aunque de destacar, son la narrativa surrealista, con Herberto Helder (1930-), y la narrativa experimental, con António Aragão (1921-2008). Ambos buscan cuestionar la naturaleza de la realidad y de su representación por el lenguaje, en una escritura dominada por las composiciones cortas o fragmentadas.

En los primeros textos de Herberto Helder, principalmente “o quarto” (1963), “Uma ilha em sketches” (1966) y “cães, marinheiros” (1968), la isla constituye un campo magnético que crea la ilusión de una realidad fuera de la casualidad y la coherencia.

Tomando el camino que abrieron el Surrealismo y las vanguardias posteriores, António Aragão escribe, bajo el signo de la ironía y la innovación tipográfica, la novela experimental um buraco na boca (1971), todavía con trasfondo madeirense y noticias internacionales, cuyo “orden de lectura de los textos (…) es arbitrario”, como indica el autor. En 1992, con Textos do Abocalipse, António Aragão construye situaciones de lo cotidiano, deconstruye discursos religiosos y políticos, sin referencia directa al lugar, con un sentido irónico y misterioso, con desenlaces insólitos y dramáticos.

Con As Ilhas d’Invenção, “guion para una identidad” (1999), Carlos Lélis (1931-) renueva el proyecto experimental en el campo de la prosa, adoptando una actitud lúdica al hacer uso, con verbo jubiloso y fina ironía, del potencial de las variopintas expresiones humanas. Buscando un efecto gráfico y lúdico de movimiento en la escritura, las mencionadas ficciones narrativas cercioran la destrucción de los discursos absolutos, ya sean políticos o religiosos, académicos o convencionales.

Presentando unas vivencias que los madeirenses experimentaron lejos de su isla natal, es importante referir la narrativa de la memoria del “África portuguesa”. Algunas obras versan sobre relatos de experiencias extremas de la guerra de ultramar, de 1961 a 1974, en Angola o Mozambique: As Ausências de Deus: no Labirinto da Guerra Colonial (2001) y Como um Rio Invisível (2004) de António Loja, o el diario de guerra Os Bravos da Picada (2003) de Lídio Araújo. Otras evocan la vida de los portugueses en las antiguas colonias y sus encuentros y desencuentros con los pueblos africanos: Daqui em Diante só há Dragões (1988) de Ângela Caires (1939-2013) y Os Verdes do Mato não Acabam (2005) de João Coutinho (1944-).

3. En la última vertiente, que calificamos como narrativa fantástica, las ficciones salen de una escritura desrealizante, de inspiración onírica, fantasmagórica o utópica. En estas producciones son característicos los procesos de escritura ligados a la modernidad: lo fragmentario y lo intemporal, lo heterogéneo y lo absurdo, el equilibrio formal y la incertidumbre.

En relación a la corriente decadentista-modernista, no son muchos los cultivadores de esa sensibilidad. Dada la heterogeneidad de estilos y de intenciones de escritura, podemos asociar a esta corriente autores como Albino de Menezes (1889-1949), quien colaboró en las revistas Orfeu 3Presença, el inquieto espíritu esotérico de Octávio de Marialva (1898-1992), Abel Almada (1904-1970), quien formó parte del grupo de Presença, y algunos textos de Elmano Vieira (1892-1962), con Do Livro Azul – Noveletas (1959). Se comprueba en muchos textos de estos escritores la tendencia a desinteresarse por la realidad a la que pertenecen, refugiándose en la palabra y en los ideales. Cultivan el cosmopolitismo, lo mundano y lo artificial. Sienten gran atracción por la belleza helénica, por el tema de la máscara y por lo escandaloso de la temática erótica.

En el cambio de los años ochenta a los noventa, con Ana Teresa Pereira (1958-) asistimos a la exploración de una especie de género fantástico interior que auna esteticismo gótico, análisis introspectivo, cine de suspense y novela policial. La escritora coloca a sus criaturas en lugares inhóspitos y situaciones de confrontación y las manipula para llevarlas a los límites de la norma social, moral, psíquica y erótica. Reescribe obsesivamente el argumento que gira en torno a una atracción vivida al borde de lo imposible. Se trata de una escritura lapidaria y desnuda, que busca dar a leer lo irrepresentable en los moldes de la ficción. Finalmente, Ana Margarida Falcão (1949-) cultiva la simbología, la filosofía y la geografía imaginaria, llevando la abstracción a un nivel elevado. En Z de Zacarias (1992), la autora apunta hacia una creciente deshumanización de la comunicación entre los seres. Así ocurre en el libro de cuentos alegóricos Olargo, ou o Percurso de um Habitante (1995), que gira en torno a un espacio circular, como metáfora del mundo, oscilando entre la rutina y el delito, la existencia y la muerte.

Lo que resalta de este ensayo tipológico es que, en el transcurso del siglo, la experiencia de la isla se piensa en diversos modelos, ampliando las zonas del imaginario, incluyendo hasta una temática de desmitificación de los clichés a los que una cierta tradición literaria nos fue habituando. Dos tendencias se perfilan en la producción literaria de la isla: la primera, bajo el signo del regionalismo, en una búsqueda de identidad regional e individual; la segunda, en una afirmación de la identidad cultural, abriendo el camino bien para una literatura cosmopolita, bien para la exploración del puro imaginario.

La esfera de los libros y autores ligados a Madeira se asienta en una duplicidad o multidimensionalidad, al hilo del prestigio que se granjeó cada uno de ellos: entre los autores que se quedaron y los que salieron, entre los que hablan de Madeira y los que mencionan otro lugar cualquiera, entre los que aceptan la idea de pertenecer al medio cultural madeirense y aquellos que más o menos reniegan de él, entre los que procuran conciliar una identidad cultural y el cosmopolitismo artístico. Entre aquellos que optan apenas por una de estas vías, hay un mundo ambivalente que es su condición, marcada por la diferencia insular, y que, por eso mismo, puede constituir una geografía literaria que merece la pena examinar y censar.

libros


Postscriptum:

A pesar de los frecuentes contactos e intercambios registrados entre los dos archipiélagos a lo largo de los siglos y de ser, desde hace décadas, uno de los principales destinos turísticos de madeirenses, las Islas Canárias y sus habitantes aparecen poco en el universo literario madeirense. Sabemos que apenas Bento de Gouveia se acordó de mostrar en su novela Margareta (1980), una figura virtuosa y honesta, llamada Carmen Pérez, perteneciente a la burguesía de Santa Cruz de Tenerife, que se casa con un hijo de familia funchalense. Al descubrir que el marido frecuenta relaciones extraconyugales, decide abandonar el hogar y volver a su isla de origen.

De resto, existe constancia de un madeirense, Sebastião Abel Pestana (1908-1993), que fue, de 1961/62 hasta 1964/65, lector de portugués en la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de La Laguna. Llegó a colaborar con profesores de esa Universidad, principalmente D. Elías Serra Rafols y D. Juan Régulo Perez, en un estudio parcial sobre la obra Saudades da Terra del azoriano Gaspar Frutuoso. Despues de haber dejado las Islas Canarias, Sebastião Pestana publicó, en 1967, el diario De Lisboa a Tenerife.

Ya en el cambio de la segunda década del siglo XXI, son de destacar, en lo que se refiere a iniciativas editoriales conjuntas, los siguientes proyectos:

BATISTA, José Agostinho, Esta voz es casi viento, trad. Celina Maria Rodrigues Martins, Tenerife, Baile del Sol, 2009 (colección Macaronesia). Esta colección fue creada para divulgar la obra de destacados autores originarios del referido grupo de archipiélagos.

PALENZUELA, Nilo y Orlando Britto JINORIO, Horizontes Insulares – creaciones literarias y artísticas contemporáneas en la Macaronesia, Antillas y Mascarenhas, Canarias, 2010. La vertiente literaria de este proyecto se asienta en el siguiente principio: un escritor destacado y un artista que ilustre su libro serán escogidos, en cada una de las regiones, para crear una colección de doce pequeños libros protagonizados por sus autores e ilustrados por artistas de cada localidad, libros que serán editados también en español, portugués y francés. En el ámbito de esta iniciativa editorial, la escritora Ana Teresa Pereira y el artista plástico Eduardo de Freitas son los creadores que representan a Madeira. Los profesores de la Universidad de Madeira, Ana Isabel Moniz y Thierry Proença dos Santos tradujeron al portugués textos de Ernest Pépin (Guadalupe), Nicole Cage-Florentiny (Martinica), Lyne-Marie Stanley (Guayana francesa) y Jean-François Samlong (Isla de Reunión); Leonor Martins Coelho vertió al portugués un cuento de Mayra Santos-Febres (Puerto Rico).

SANCHO, Juan Carlos de (ed.), Las Islas de los Secretos / As Ilhas dos Segredos (ed. bilingüe), Las Palmas, Anroart Ediciones, 2011. Este libro bilingüe reúne las actas de un seminario internacional realizado en Funchal en 2006.

Traducción del portugués de Víctor Álamo de la Rosa


Madeira: A narrativa de ficção nos sécs. XX e XXI

por Thierry Proença dos Santos

Com a instalação da imprensa na Madeira em 1821, inicia-se a produção de textos para consumo local; na segunda metade do século XIX, organizam-se álbuns e antologias de autores madeirenses; constituem-se tertúlias e, a espaços, surgem quezílias entre literatos. A produção cultural do arquipélago da Madeira, até meados do século XX, assenta no labor intelectual de padres, oficiais do exército, professores, advogados, publicistas, raros autodidatas e filhos de família que foram para Portugal continental ou para a Europa cursar a Universidade.

Na viragem para a década de cinquenta do século XX, vem a lume Notas e Comentários para a História Literária da Madeira do Visconde do Porto da Cruz (1890-1962), em três volumes, e, a partir daí, tem-se publicado bibliografias de autores da região. A par das numerosas edições de autor, criam-se pequenas editoras, embora de atividade breve e irregular, dado o restrito mercado de bens culturais. Alguns cultores das letras mudam-se para outras latitudes, mas nem todos deixam de contribuir para a vida literária insular. Nesse mesmo período, com a massificação do ensino, alarga-se o público de leitores; instituem-se prémios literários e, a partir dos anos setenta, prolificam as iniciativas artísticas. Os media acompanham a produção intelectual, fazendo eco da vida cultural. Com o novo regime em 1976, intensifica-se a autonomia político-cultural. Em 1989, nasce a Associação de Escritores da Madeira, mas não consegue impor-se como instituição cívica e cultural. Muitos dos livros continuam a ser prefaciados por uma personalidade afeta à vida cultural ilhoa. Na década de noventa, multiplicam-se, com regularidade, as edições de colóquios, conferências e revistas animadas por investigadores e escritores, contribuindo assim para a emergência, ainda que de modo tímido, de uma crítica informada sobre a produção literária local.

No respeitante à narrativa de ficção que participa na elaboração da identidade literária madeirense, podemos distinguir três linhas de força: a narrativa histórica, a narrativa do quotidiano e a narrativa de fantasia.

1. Relativamente à narrativa histórica, verificamos três fases no seu modo de reconstituir o passado:
primeiramente, as obras de conformação tradicional, ligadas às coordenadas do neorromantismo, em que a História aparece como um fator de unidade e de identidade, numa escrita mais didático-cultural do que literária. Disso são exemplos A Filha de Tristão das Damas (1909) e O Cavaleiro de Santa Catarina (1941), de João dos Reis Gomes (1869-1950).

Num segundo momento, surgem romances ainda de cariz historicista, mas com particular incidência no enredo familiar, relegando para segundo plano a situação ou figura histórico-lendária em proveito do enredo dos protagonistas, com seus desejos, ambições e desalentos. Podemos destacar Saias de Balão (1946), de Ricardo Jardim (1906-1990), A Ilha e O Tempo (1970) e António e Isabel do Arco da Calheta (1985), de João França (1908-1996), bem como Regressos (2008) de António Loja (1934-). Este conjunto inscreve-se numa tendência naturalista em que a consciência histórica está muito próxima da consciência do real que o madeirense tem da sua terra.

Num terceiro momento, são de evidenciar alguns contos do livro Pavana para Isabella de França (1ed. 1992; 2e ed. 2008), de José Viale Moutinho (1945-), escritor que constrói as suas narrativas em tons, por vezes, de amarga ironia, sobre figuras anónimas mas projetadas em momentos significativos da história insular, com o intuito de revisitar períodos “míticos” da cultura local, em busca das oportunidades perdidas de que a ilha parece ser pródiga. Nessa mesma linha, há que referir a crónica romanceada Nas Margens da Madeira (2011) de Luís Calisto (1950-), em que o autor conjuga a memória crítica de finais do século XIX com o narrar despretensioso da História insular, num registo vivo e guindado, a lembrar situações análogas com a atualidade social e política da Madeira.

2. Relativamente à narrativa do quotidiano, entendida como experiência de vida que levou o autor a refletir sobre a condição humana e sobre o conhecimento do real, podemos encará-la sob vários ângulos e modos de tratamento.

Convém considerar as narrativas de motivação socio-etnográfica, sendo o conto, neste caso, o formato preferido. Cultiva-se um estilo madeirense, baseado na tentativa de transpor para a escrita as crenças, os hábitos e os “falares” dos incultos. Nesse registo, projeta-se a cor local, encenam-se tipos humanos ilhéus ou frequentadores da Ilha e evocam-se factos e vultos históricos, expressando uma sentida insularidade, ora com bonomia, ora com fatalismo. Os cultores deste filão serão Alberto Artur Sarmento (1878-1953), João dos Reis Gomes, Horácio Bento de Gouveia (1901-1983), João França, Ernesto Leal (1913-2005) e Carlos Cristóvão (1924-1998).

O tipo de narrativa que mais tem dominado a produção de ficção é a da memória insular. É o registo pessoal do tempo vivido, que flui à margem dos factos históricos, mas ao sabor do quotidiano e do intimismo. A perspetiva histórica mantém-se, visto haver o delinear de um passado de que o escritor ainda tem memória ou procura evocar. Movido pelo apelo da memória afetiva, o autor esforça-se por recriar o ambiente social e caracterizar a paisagem e as gentes que conheceu, propondo, deste modo, uma literatura-testemunho, num jogo em que se entrelaçam a crónica, a memória e a ficção. Nesta arrumação, incluímos os romances Águas Mansas (1963) e Luísa Marta (1986) de Bento de Gouveia, de claro recorte autobiográfico, e alguns contos bem-humorados de Ernesto Leal, antologiados por António Fournier (1966-) em 2008 (Tio, Ilha, Anonas e Estrelas); os romances O Último Cais (1992) e A Deusa Sentada (1994), de Helena Marques (1935-), bem como Um Dia Depois de Outro (1999) de Margarida Gonçalves Marques (1929-), constituem narrativas de ambiente “burguês”, da memória feminina e das rotas da identidade. De assinalar, ainda, os romances Angélica e a Sua Espécie (1993) e Porque Me Lembrei dos Cisnes (2000), de Irene Lucília Andrade, ficções imbuídas de forte carga poética e surgem, não raro, considerações filosóficas sobre a vida de cunho existencialista, em que o veio narrativo corre por entre o cosmopolitismo e o insulamento. Acrescente-se, por fim, a narrativa Dona Joana Rabo de Peixe (1996), de João Carlos Abreu (1935-), que encena reminiscências dos anos quarenta e cinquenta, com o intuito de construir a imagem da identidade popular da freguesia de Santa Maria, no Funchal. Vemos assim renascer, num regresso da corrente regionalista, livros de recordações sobre a história da família ou dos lugares da infância – onde a ilha, apesar das carências, se afigura como o refúgio que abriga e protege. Esses livros são atos simbólicos que tendem a elevar o antigo equilíbrio social e a expressar o fascínio pelas origens, determinados pela angústia e pela saudade que a contemporaneidade pejada de incertezas suscita. No tocante a essa matéria, os primeiros anos do século XXI têm sido pródigos com autores como Lídio Araújo (1951-), Francisco Fernandes (1952-), Lília Mata (1967-), Marta Caires (1971-) ou, mais inclinados a investir no diálogo intercultural, Irene Lucília e António Fournier.

Nas ficções de carácter socioeconómico, logo de intenções sociais, a qualidade do testemunho do autor é tão importante quanto a qualidade da escrita literária: as narrativas procuram ilustrar tensões, quase sempre melodramáticas, da esfera social da Madeira. O expoente máximo deste género é Bento de Gouveia, escritor de ambientes populistas, numa escrita que articula os binómios individualista/coletivo, rural/urbano, ilha/mundo.

É de notar igualmente a narrativa de costumes que se preocupa com questões de carácter moral e com a gestão dos afetos, em ambiente tendencialmente urbano (as causas de desentendimento no casal moderno, dramas psicológicos e afetivos, enganos e desenganos). Desdobra-se, regra geral, em aventuras e histórias de amor, bem ou mal sucedidas, e de ideias contrárias às que regulam a vida social, com quadros relativos a desportos, lazeres e excursões, bem como marcas do fascínio pelo mundanismo e do culto da arte. A análise social do meio envolvente por um observador-narrador que reflete ao mesmo tempo sobre a sua condição ou sobre o caricato de determinadas situações é outra via identificada, embora menos explorada.

Nessa veia literária, há que destacar algumas produções. Situado numa zona de fronteira com a paraliteratura, Carlos Martins (1909-1985), “ateu de sólidas convicções”, crítico da sociedade insular, mas defensor de um regionalismo cosmopolita, propõe, através dos romances Madeira – Mar de Nuvens (1945) e As Figuras de Proa do “Marco-Wanda” (1977), num registo individualista com recorte autobiográfico, passeios pelos lugares encantadores da ilha, “saídas” em bares e night-clubs e viagens pelo mundo. A este conjunto, podemos associar, devido a alguns aspetos de natureza diegética e até temática, o conto “Ana Maria” (1972) e o romance Margareta (1980), de Bento de Gouveia. Em voz feminina, são de frisar os livros de contos A Santa do Calhau (1992) e Para Ouvir Albinoni (1995) de Maria Aurora Homem (1937-2010). Pelo viés de uma escrita “sensorial”, a contista esboça nas suas tramas as inquietudes da mulher, os aspetos anedóticos, mas significantes dos pequenos meios, o leque de opções que a vida cosmopolita e desafogada oferece, o espírito conformista e egoísta dos homens, fazendo múltiplas vezes uso de um refinado humor irónico ou, mais raro, de um inusitado sentido trágico. Maria do Carmo Rodrigues (1924-2014), através sobretudo da novela Linhas Retas e Curvas ou o Filho que Perdi… (2011), aborda a questão dos valores humanos, a matriz hierárquica da sociedade local, as mobilidades humanas e a crise da família. Nas narrativas de Graça Alves (1964-), designadamente o romance Meu Simão daquela Tarde (2009) e o livro de contos Contra a Corrente (2010), o percurso existencial da personagem principal apresenta-se marcado por experiências negativas da vida. Porém, a solidarização e a fé religiosa permitem a emergência de laços afetivos e sociais renovados.

Outras ficções problematizam os embates sociais, económicos e políticos da sociedade madeirense contemporânea. A essas vozes do inconformismo juntam-se as Estórias da Ilha e do Sufoco (2001), de Luís Filipe Ladeira, vários contos dos livros Destruição de um Jardim Romântico (2008), ou Fechem Essas Malditas Gavetas! (2014), de Viale Moutinho, alguns trechos da escrita romanesca ou diarística, de Irene Lucília, bem como as narrativas Cerejas (2007, contos) e Hotel Paraíso (2008, romance) de Laura Moniz (1967-), em que a escrita fragmentária e o discurso digressivo oscilam entre o bizarro e o desencanto, o normal e a loucura. Estes textos parecem inaugurar uma reação ao ambiente político-social, enquanto projeto de sociedade. Este registo é, todavia, pouco cultivado, talvez por não ter a desejada aceitação junto do público pressentido.

Tão discretas como marcantes, são de notar a narrativa surrealista, com Herberto Helder (1930-), e a narrativa experimental, com António Aragão (1921-2008). Ambos procuraram questionar a natureza da realidade e da sua representação pela linguagem, numa escrita em que dominam as composições curtas ou fragmentadas.

Nos primeiros textos de Herberto Helder, designadamente “o quarto” (1963), “Uma ilha em sketches” (1966) e “cães, marinheiros” (1968), a ilha constitui um campo magnético que cria a ilusão de uma realidade fora da causalidade e da coerência.

Enveredando pelo caminho que o Surrealismo e as vanguardas posteriores abriram, António Aragão escreve, sob o signo da ironia e da inovação tipográfica, o romance experimental um buraco na boca (1971), ainda com fundo madeirense e atualidades internacionais, cuja “ordem de leitura dos textos (…) é arbitrária”, como indica o autor. Em 1992, com Textos do Abocalipse, António Aragão constrói situações do quotidiano, desconstrói discursos religiosos e políticos, sem referência direta ao lugar, num modo irónico e intrigante, com desenlace insólito e dramático.

Com As Ilhas d’Invenção, “guião para uma identidade” (1999), Carlos Lélis (1931-) renova o projeto experimental no campo da prosa, adotando uma atitude lúdica ao fazer uso, com verve jubilosa e fina ironia, do potencial das várias expressões humanas. Procurando um efeito gráfico e lúdico de movimento na escrita, as referidas ficções narrativas visam a destruturação de discursos absolutos, quer políticos ou religiosos, quer académicos ou convencionais.

Representando um quotidiano que madeirenses experienciaram longe da ilha natal, importa referir a narrativa da memória da “África portuguesa”. Algumas versam sobre relatos de experiências extremas da guerra do ultramar, de 1961 a 1974, em Angola ou Moçambique: As Ausências de Deus: no Labirinto da Guerra Colonial (2001) e Como um Rio Invisível (2004) de António Loja, ou o diário de guerra Os Bravos da Picada (2003) de Lídio Araújo. Outras evocam a vida dos portugueses nas antigas colónias e os seus encontros e desencontros com os povos africanos: Daqui em Diante só há Dragões (1988) de Ângela Caires (1939-2013) e Os Verdes do Mato não Acabam (2005) de João Coutinho (1944-).

3. Na última vertente, que qualificámos de narrativa de fantasia, a ficção resulta de uma escrita desrealizante, de inspiração onírica, fantasmagórico ou utópica. Nesta área da produção ficcional, são característicos os processos de escrita ligados à modernidade: o fragmento e o intemporal, o heterogéneo e o absurdo, o equilíbrio formal e a incerteza.

Em relação à corrente decadentista-modernista, não são muitos os cultores dessa sensibilidade. Dada a heterogeneidade de estilos e de intenções de escrita, podemos associar a esta corrente autores como Albino de Menezes (1889-1949), que colaborou nas revistas Orfeu 3 e Presença, o irrequieto espírito esotérico de Octávio de Marialva (1898-1992), Abel Almada (1904-1970), que fez parte do grupo da Presença, alguns textos de Elmano Vieira (1892-1962), com Do Livro Azul – Noveletas (1959). Verifica-se em muitos textos destes escritores a tendência para se desinteressarem da realidade a que pertencem, refugiando-se na palavra e nos ideais. Cultivam o cosmopolitismo, o mundanismo e o artificialismo. Sentem uma grande atração pela beleza helénica, pelo motivo da máscara e pelo escândalo de motivação erótica.

Na viragem dos anos oitenta para os noventa, com Ana Teresa Pereira (1958-) assistimos à exploração de um certo fantástico interior que alia esteticismo gótico, análise introspetiva, cinema de suspense e romance policial. A escritora coloca as suas criaturas em lugares ermos e situações de confronto e manipula-as de modo a levá-las aos limites da norma social, moral, psíquica e erótica. Reescreve obsessivamente o argumento que gira em torno de uma atração vivida no limiar da impossibilidade. Trata-se de uma escrita lapidar e despojada, que procura dar a ler o irrepresentável na moldura da ficção.

Por fim, Ana Margarida Falcão (1949-) cultiva a simbologia, a filosofia e a geografia imaginária, levando a abstração a um nível elevado. Em Z de Zacarias (1992), a autora aponta para uma crescente desumanização da comunicabilidade entre os seres. Assim sucede no livro de contos alegóricos, Olargo, ou o Percurso de um Habitante (1995), que giram em torno de um espaço circular, enquanto metáfora do mundo, oscilando entre a rotina e a infração, a existência e a morte.

Do que ressalta deste ensaio tipológico é que, no decorrer do século, a experiência da ilha é pensada em moldes diversos, ampliando as zonas do imaginário, incluindo até uma temática da desmistificação dos clichés que uma certa tradição literária nos foi habituando. Duas tendências se perfilam na produção literária da ilha: a primeira, sob o signo do regionalismo, numa busca de identidade regional e individual; a segunda, numa afirmação de identidade cultural, abrindo caminho quer para uma literatura cosmopolita, quer para a exploração do puro imaginário.

A esfera dos livros e autores ligados à Madeira assenta numa duplicidade ou multidimensionalidade, consoante o prestígio que cada um granjeou: entre os autores que ficaram e os que saíram, entre os que dizem a Madeira e os que dizem outro lugar qualquer, entre os que aceitam a ideia de pertencer ao meio cultural madeirense e os que a rejeitam liminarmente, entre os que procuram conciliar uma identidade cultural e o cosmopolitismo artístico e aqueles que optam por apenas uma destas vias, há um mundo ambivalente que é a sua condição, marcada pela diferença insular, e que, por isso mesmo, pode constituir uma geografia literária que vale a pena examinar e recensear.

Postscriptum:

Apesar dos frequentes contactos e intercâmbios registados entre os dois arquipélagos ao longo dos séculos e de ser, há décadas, um dos principais destinos turísticos de madeirenses, as Canárias e os seus habitantes mal aparecem no universo literário madeirense. Tanto quanto sabemos, apenas Bento de Gouveia se lembrou de encenar no seu romance Margareta (1980), uma figura virtuosa e honesta, chamada Carmen Pérez, pertencente à burguesia de Santa Cruz de Tenerife, que casa com um filho de família funchalense. Ao descobrir que o marido soma relações extraconjugais, decide abandonar o lar e voltar à ilha de origem.

De resto, há memória de um madeirense, Sebastião Abel Pestana (1908-1993), ter sido, de 1961/62 até 1964/65, Leitor de Português, na Facultad de Filosofia y Letras, da Universidad de La Laguna. Chegou a colaborar com Profs. dessa Universidade, nomeadamente D. Elias Serra Rafols e D. Juan Régulo Perez, num estudo parcial sobre a obra Saudades da Terra do açoriano Gaspar Frutuoso. Depois de ter deixado as Canárias, Sebastião Pestana publicou, em 1967, o diário De Lisboa a Tenerife.

Já na viragem da segunda década do séc. XXI, são de assinalar, no que toca a iniciativas editoriais conjuntas, os seguintes projetos:

BATISTA, José Agostinho, Esta voz es casi viento, trad. Celina Maria Rodrigues Martins, Tenerife, Baile del sol, 2009 (colección Macaronésia). Esta coleção foi criada para divulgar a obra de destacados autores originários do referido grupo de arquipélagos.

PALENZUELA, Nilo e Orlando Britto JINORIO, Horizontes Insulares – criações literárias e artísticas contemporâneas na Macaronésia, Antilhas e Mascarenhas, Canárias, 2010. A vertente literária deste projeto assenta no seguinte princípio: um escritor destacado e um artista que ilustre o seu livro serão escolhidos, em cada uma das regiões, para criar uma coleção de 12 pequenos livros protagonizados por autores e ilustrados por artistas de cada local, e que serão editados também em Espanhol, Português e Francês. No âmbito desta iniciativa editorial, a escritora Ana Teresa Pereira e o artista plástico Eduardo de Freitas são os criadores que representam a Madeira. Os professores da Universidade da Madeira, Ana Isabel Moniz e Thierry Proença dos Santos traduziram para Português textos de Ernest Pépin (Guadalupe), Nicole Cage-Florentiny (Martinica), Lyne-Marie Stanley (Guiana francesa) e Jean-François Samlong (Ilha da Reunião); Leonor Martins Coelho verteu para Português um conto de Mayra Santos-Febres (Puerto Rico).

SANCHO, Juan Carlos de (ed.), Las Islas de los Secretos / As Ilhas dos Segredos (ed. bilingue), Las Palmas, Anroart Ediciones, 2011. Este livro bilingue reúne as atas de um colóquio internacional realizado no Funchal em 2006.

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