Se recoge seguidamente la correspondencia inédita entre el orientalista y académico Isidoro M. Bosarte, arabista, erudito y pionero de la egiptología española, y José de Viera y Clavijo, así como también las respuestas conservadas de éste último, que sí han sido publicadas, aunque con diversos errores y omisiones desde 1849. Este estudio crítico pretende poner de relieve la importancia estatal e internacional de un intercambio epistolar que da origen a una densa red de contactos entre académicos e investigadores europeos y españoles, al tiempo que desvela aspectos ignorados de ambos personajes, corrige diversos errores y trata de profundizar en la dimensión exterior de uno de los personajes más representativos de la Ilustración canaria. Ha sido redactado, en exclusiva, para la ACL Revista Literaria de la Academia Canaria de la Lengua.

A pesar de la gran relevancia literaria del asunto, este trabajo no se ocupa, salvo en las referencias implícitas en las indicaciones bibliográficas del final del texto, de las controversias literarias de finales del siglo XVIII en torno a las novelas cervantinas El curioso impertinente, Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño[1], debates en los que Bosarte tuvo un notable protagonismo, no ya porque no se trata de temática insular, sino porque el tema excede ampliamente el marco cronológico propuesto en el presente ensayo.


INTRODUCCIÓN

La correspondencia entre José de Viera y Clavijo (1731-1813) y sus amigos y colegas de la capital austríaca ha merecido escaso interés entre los estudiosos del siglo XVIII, salvo contadas excepciones[2]. Su relación epistolar y, de hecho, su amistad con Isidoro M. Bosarte (1747-1807) puede considerarse, además, como la más íntima y profunda de todas las que consiguió trabar durante su estancia en la capital del Danubio:

En el Viaje a Alemania Viera destaca en Bosarte su «carácter, ideas y modo de pensar». Aplicado por entonces al árabe, su amigo Bosarte -con quien congenia en seguida- lo lleva por la noche a la Judenplatz y le presenta a unos sefardíes oriundos de Levante, «quienes hablaban buen español y mostraban suspirar por la morada de España». Días después frecuentaban ambos el gran ridotto disfrazados de dominó, retirándose del baile de máscaras a altas horas de la madrugada.[3]

Afines en genio, espíritu e inquietudes culturales multifacéticas, Bosarte[4] y Viera no solamente se entienden, sino que, de hecho, comparten una honda amistad durante la breve estancia del canario en la capital austríaca. Tras la marcha del abate, ambos amigos mantienen sus vínculos mediante una interesante relación epistolar, al tiempo que generan una fluida red de relaciones, que cristaliza en el intercambio de libros e información bibliográfica (como, por ejemplo, la relativa a los escasos estudios hispano-árabes existentes por aquel entonces en la Península Ibérica, pero también sobre ediciones del Corán, acerca de los estudios orientalistas, ya clásicos, de Jacob van Gool y otros autores, etc.). Paralelamente, intercambian diversos datos sobre las novedades y las transformaciones que experimenta el paisaje urbano de Viena y, por supuesto, el de Madrid, respecto al que se perciben, por cierto, algunas críticas de Viera en relación con aspectos ornamentales del paseo del Prado y, asimismo, con la descorazonadora falta de inventiva y de creatividad existente en la capital del reino:

¿Y qué diré a Vm sobre novedades económicas? Que se ha plantificado un Banco Nacional y que se ha distribuido un indulto de Roma para poder comer de carne en la cuaresma, con un edificativo sumario de los precios respectivos al carácter y bolsillo de los carnívoros que lo tomen. ¿Y de novedades de política? Que se ha compuesto en la Puerta del Sol la fuente de Mariblanca; que se ha adornado el Prado con otra muy pesada del carro de Cibeles; que han puesto en otra, no menos monstruosa, un Apolo de Belvedere y que se están fabricando dos fuentes más, para que hayan cuatro. /¡Qué falta me hace un poco de Vm para pensar cosas nuevas y ver la creación de ideas no encontradas! Porque, amigo, aquí no hay quien delire. Todo es letargo o Coma somnolenta como dicen los médicos.[5]

No faltan, por supuesto, guiños llenos de humor y erudición[6]. Recogen y se regalan mutuamente, en este sentido, diversas referencias sobre clásicos fundacionales del castellano como el poema del Mío Cid (en gozosa jerga que les solidariza y les hace revivir el ensueño medieval de la raíces históricas de España), y, en este bullir de ideas ilustradas, se halagan también de acuerdo con sus preferencias y gustos histórico-literarios. Por ello, a los requerimientos de Viera sobre el Campeador, responde Bosarte, en gentil e irónica referencia histórica a don Álvaro de Luna y, en especial, a su editor, el académico José Miguel de Flores, historiador inédito a la sazón:

Mi dueño venerado, íntimo amigo y notable maestre, como llama a don Álvaro de Luna su inédito historiador: Tandem il[l]uxit illa dies, como decían los latinos, que yo vea carta de Vmd ¡Pero qué carta! Quam… nec poterit tempus, nec edax abolere vetustas, pues que viene montada sobre aquella inmortal antigüedad en que fabló mío Cid mucho e bien mesurado. Yo la conservaré además de esto como un precioso monumento de nuestra amistad, aun cuando no fuese tan linda, por razón de que espero pocas de la mano y pluma de Vmd por ser Vmd como yo, esto es, poco amigo de escribir cartas.[7]

Estas cartas constituían en efecto, como afirma Bosarte, un «precioso monumento de nuestra amistad», pero, además, son una prueba fehaciente de los sueños orientales del baezano y del sentimiento de naufragio, que no de orfandad, que poco a poco se fue apoderando de Viera. Básicamente porque, en vísperas de su regreso a Canarias, pues su estancia en Madrid la retrasa apenas hasta finalizar la edición del tomo IV de sus Noticias de la historia general de las Islas Canarias (1783), le parece barruntar el destino náufrago que le espera a causa de su condición de isleño y, por tanto, de ciudadano de Europa y del mundo aislado en mitad de los mares, entre la resignación y el hastío de una vejez que ve aproximarse al ritmo veloz que adquieren los años, una vez traspasado el ecuador de la existencia humana. No se trata, únicamente, de vivir en perpetua nostalgia por el pasado inmediato, sino, sobre todo, de la conciencia inminente de un oscuro aunque confortable porvenir.

Por todo ello, el arcediano se vuelca en su epistolario de aquende y allende. Viera, nacido en 1731, le lleva unos 16 años a su amigo del alma, que vino al mundo en 1747. Pero posee un espíritu joven y, a sus 51 años en 1782, el isleño se siente con ganas no solo de compartir ilusiones y recuerdos aún palpitantes, sino, al mismo tiempo, de animar a Bosarte a que se enrede en mil trámites burocráticos y favores al objeto de conseguir uno de sus objetivos más ambicionados, el de vivir y estudiar en el Próximo Oriente, en Siria o en Turquía. Así, pues, cuando recibió la carta que su amigo baezano le remitió con unos renglones en árabe, no tardó en enseñársela al académico Miguel Casiri, uno de los pocos sabios arabistas del reino y, entre referencias a la visita del Papa a Viena, los estrenos operísticos, la política austríaca, las reformas sociales y el frondoso Prater recién trasplantado, Viera no tarda en apuntarle la posibilidad, quizás remota pero real, de un potencial destino en la Legación española cerca de la Puerta otomana. Bosarte se entusiasmó, literalmente, ante la posibilidad de trasladarse y poder vivir por un largo tiempo en el Oriente de sus amores. Calificó la epístola, en hipérbole simpática y cómplice, de carta inmortal, pues se sintió feliz de ver culminado su sueño con apenas 35 años.

Pero, junto al río de la ilusión, suele discurrir también, en paralelo, el deseco cauce del desengaño. Así, pues, consciente de la contradicción entre la lenta y minuciosa dedicación al estudio y los requerimientos burocráticos de un cargo de aquellas características, Bosarte le pregunta de inmediato a su amigo canario:

¿Qué es lo que se requiere y se busca en la persona que haya de hacer allí algún servicio a nuestra Corte? ¿Es precisamente la lengua arábiga o la aptitud a la comisión política, juntamente con una perfecta posesión del turco y árabe, que allí se necesitan? Vmd emplea la voz residir en Constantinopla que, desde luego, da idea de una ocupación ordinaria y no extraordinaria; nada más he podido rastrear por la carta de Vmd. Diré a Vmd (esperando saber algo más de ese asunto) mi pensamiento. Mi apego a las lenguas difíciles y mayores del Oriente hasta ahora va dirigido en orden a la Literatura. La vida política activa en toda su extensión pugna directamente con el trabajo lento y pertinaz de la Literatura oriental.[8]

En esta misma carta del 10 de julio de 1782, le viene a plantear a Viera que, a la hora de elegir entre la carrera diplomática y la dedicación al estudio de la Literatura oriental, su opción estaba muy clara. Es más, se adelanta a los acontecimientos y se ofrece, de hecho, como una especie de traductor al turco y al árabe, tratando de definir su perfil profesional en el ámbito diplomático, pero desligándose de la ambición y el interés político-administrativo, ya que se consagraba feliz a la «peor parte», la menos brillante tal vez, pero la que le reportaría mayores satisfacciones personales:

Mi elección sería la de la peor parte como la de Marta. Quiero decir la de los escritos orientales. Esto era una gran cosa para mi genio pues, aunque me tuviesen allí quince o veinte años, tanto mejor para trabajar en la Literatura oriental que es mi mira. Yo no soy ambicioso ni aun interesado y así me avendría contento a estar sin otra formalidad ni ínfulas que una pensión o salario. Me pondría en breve corriente en el árabe vulgar de faramanes cartas y otros matalotajes semejantes (pues lo que hasta ahora he estudiado es el árabe puro, erudito y castigado), y empezaría desde luego el turco por arte y regla y el uso del pueblo, sin embargo que este lenguaje es en gran parte una derivación del árabe.[9]

Se deduce de su misiva, además, que, lejos de impresionar a Casiri o a otros arabistas u orientalistas españoles, su intención principal cuando redactó en árabe la visita del Papa a Viena era la de bromear con su amigo canario, tal como hacían de manera habitual en su correspondencia:

¿Quién me dijera a mí que esas cuatro líneas en árabe que puse por humorada me habían de haber hecho escribir esta y acaso otras para escamotar de pretendiente? Basta. Otro correo habrá noticias de Viena. Póngame Vmd a los pies de sus excelencias y al Sr. D. Miguel Casiri que cuente a este cabrón por su reverente devoto en el arabismo. La carta aquí se va acabando, el Criador vos valla con todos los sus santos.[10]

Su interés por la Bibliotheca arabico-hispana escurialensis (1760 y 1770) de Casiri crece entonces de forma exponencial. Agradeció el envío, aunque los libros sufrieron desperfectos en su viaje a Viena, al sumergirse por accidente la caja que los contenía en el Danubio, pero, de inmediato, informó a Viera de las gestiones realizadas en orden a su deseado destino en Constantinopla.[11]

El tema se repite con insistencia en misivas posteriores, como por ejemplo en la del 14 de agosto de 1782:

Tenga Vmd firme a nuestro papá musulmán y que no claudique como Osio, de quien dicen que adhirió a los arrianos. Espero su respuesta a la mía que Vmd leyó y tengo que preguntarle algo sobre los caracteres cúficos, pues he quedado sorprendido al ir viendo la Biblioteca Arábigo-hispana que la mayor parte de manuscritos está en letras cúficas, cosa tan rara en otras bibliotecas árabes de príncipes en Europa.[12]

En carta del 26 de febrero de 1783 le comentó por primera vez la llegada a Viena del embajador de Marruecos y, en este contexto, aprovechó para interesarse por sus pretensiones diplomáticas[13]. Viera le respondió el 4 de abril (aunque la misiva está datada a 7 de octubre por error), y, aparte de comentarle el fallecimiento del célebre Manuel Ventura Figueroa, patriarca de las Indias (entre otros múltiples cargos y encomiendas), se había sorprendido e, incluso, parecía molesto por la insistencia de su amigo Bosarte, sobre todo porque, según daba a entender, la situación ya había escapado a su control:

¿Se sale ahora con preguntármelo a mí? Yo lo que he podido hacer es preguntarlo a Casiri, mayormente habiéndonos dicho este año la Guía de Forasteros, y ella sola, que España tiene un ministro con su secretario, ambos llamados Buliñi, en la Puerta Otomana. Casiri lo que me responde es que no sabe nada de cabdones, que en días pasados pudo hablar con el señor Floridablanca, pero que, como él está medio sordo y el ministro no da mucha audiencia, no tuvo tiempo de hablarle sobre el particular, que quizá en volviendo la corte a Madrid podrán entenderse los dos sordos y hará por recomendarle el talento de Vm mostrándole sus cartas hispano-arábigas.[14]

Siguieron después mil comentarios, novedades y arrumacos, pero Bosarte, que no era tonto, encajó el golpe en cuanto desdobló la misiva, aunque al contestarle, el 14 de mayo de 1783, empezó por hacerse el sordo y, por ello, desplegó todos sus encantos a la hora de comentar las últimas novedades de la Madre Patria, particularmente el reciente fallecimiento del patriarca de las Indias. Pero, acto seguido, aclaró:

Vmd no extrañe ni se enfade de mi inquietud en orden al musulmanismo. Tu si hic adesses aliter sentires como dijo el cómico. Acudí en tiempo con mi recurso de zalamaléc muy bien instruido y lo acompañé con documento arábigo por si lo pasaban a informe al Sr. Casiri. Iba escoltado de un magnífico elogio de mi persona hecho por este señor embajador. Se respondió que lo haría presente a SM en ocasión oportuna. Pues ahora, como yo no sé el estilo actual de Vms ac per consequens, no sé si las palabras rayadas son formularias y compatibles con la intención de no hacer nada por mí o si incluyen ánimo efectivo de hacer algo, cuándo o cómo o de qué manera y mi pretensión de la Literatura arábiga en todo tiempo tiene cabida oportuna y las comisiones por sola la lengua ya no la tienen, de aquí es mi inquietud y dudas. Si yo me hubiera propuesto la Literatura oriental por mero adorno de mi persona, en lugar de memoriales pensaría en ir disponiendo disertaciones y libros, pero habiéndola entablado en orden al real servicio en que llevo pasados muchos años y cuatro de ellos en Turín de puro mérito, no puedo sosegarme sin una respuesta categórica buena o mala, el o el no. Yo tengo buenos ánimos para esta carrera endiablada pero, si no me ayudan, ¿cómo es posible un hombre que sirve darse a ella enteramente ni costear no digo los códices, pero ni aun los libros impresos estimables, que son tan caros que de ninguna facultad ni arte pueden comparárseles? Espero que Vmd use reservadamente de estas especies pues, una vez que al Sr. Casiri no le hayan pasado mi papelón a informe, no hay para qué molestarlo a que interponga sus buenos oficios.[15]

El 2 de Septiembre de 1783 le acusó recibo de su Elogio del Tostado y, para celebrar el éxito de su amigo que había ganado por segunda vez el premio de elocuencia convocado por la Real Academia Española, según resolución de la junta celebrada el 15 de octubre de 1782, le escribió una composición jocosa casi tan simpática como el soneto que Viera le había dedicado en su despedida de Viena, el 18 de abril de 1781[16], aunque el poema era mucho peor, en cuanto a calidad, que el del arcediano. Esta fue, empero, la última carta conservada de Bosarte a Viera. Quizá lo más interesante, aparte del verso humorístico que es síntoma de que la amistad y la alegría, cuando menos, les seguían acompañando, fue la referencia a la obra Specimen monachologiæ methodo linnæana (1783), un texto anticlerical, atribuido al naturalista, masón y miembro, según parece, de los Illuminati, Ignacio von Born, donde los frailes figuraban clasificados de acuerdo con la taxonomía de Linneo.[17]

Esta última misiva finalizaba con un recuerdo nostálgico a los espacios urbanos, las casas aristocráticas, los jardines y, entre líneas, a los momentos de felicidad transgresora que ambos amigos habían compartido durante la inolvidable estancia del canario en la capital austríaca.

Fig. 1. Ilustración anticlerical de Specimen monachologiæ methodo linnæana (1783)

Fig. 1. Ilustración anticlerical de Specimen monachologiæ methodo linnæana (1783)

Pero, pasemos a la frescura de la correspondencia entre ambos personajes sin mayores preámbulos. Cabe insistir, empero, en que las cartas de Viera a Bosarte, al contrario de lo que ha sucedido con las de éste último al polígrafo, sí han sido editadas en diferentes momentos desde el siglo XIX. Indico a continuación las eds. que he utilizado en este trabajo, al objeto de contrastarlas con los originales autógrafos:

CARTAS, 1849 [José de Viera y Clavijo, Cartas familiares escritas por — a varias personas esclarecidas, por sus dignidades, clase, empleos, literatura o buen carácter de amistad y virtud, Santa Cruz de Tenerife, Isleña, h. 1849].

CARTAS, 2006 [José de Viera y Clavijo, Algunas cartas familiares de José Viera y Clavijo (1770-1807), ed., introd., notas y apéndice de Rafael Fernández Hernández, Santa Cruz de Tenerife, Ediciones Idea, 2006].

CARTAS-BVMC, 2015 consulta realizada el 12-10-2015 y el 12-01-2016], transcripción de la ed. citada de 1849, que figura en línea en la página web «Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes» http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcnz842

Salvo excepciones que se aclararán en notas, se ha optado por actualizar la ortografía, aunque se han conservado determinadas abreviaturas como las relativas al tratamiento y a otros usos corteses propios de la época. Cuando la nota a pie de página es del autor de la misiva, lo que sucede solo en dos ocasiones, se aclara indicándolo entre corchetes al principio de la nota en cuestión [N. A.]. Como ya se apuntó, las doce cartas de Bosarte van numeradas en números árabes, mientras que las cuatro de Viera figuran en números romanos.

EPISTOLARIO

[I]

A don Isidoro Bosarte[18], secretario del excelentísimo señor embajador conde de Aguilar y, ahora[19], perpetuo de la Real Academia de Nobles Artes de Madrid, etc.

[Hortaleza junto a Madrid, 31 de agosto de 1781][20]

Muy estimado y memorable amigo mío: De los sus ollos tan fuertemente lorando– Tornaba la cabeza y estábalos catando[21]. Estos versos del antiquísimo Poema del Cid, que Vm tiene tan de memoria, deben ser ahora también mi texto, porque, acordándome de aquellos mis pasados y bien empleados días en la compañía de Vm (que en buen hora nazca), me siento poseído de la misma agradable melancolía que Vm me pronosticaba, como tan práctico en la teoría de las sensaciones, particularmente de las que se despiertan con la ausencia[22]. Bien puede Vm concebir con cuánta viveza me pellizcarán las especies y preciosas anécdotas que, sazonadas con las disputas concuasantes[23] de don Eugenio Izquierdo[24] y demás consabidos interlocutores, animaban nuestra imaginación y hacían deliciosa nuestra sociedad, nuestra existencia, nuestra mansión en Viena y nuestro invierno alemán. Pero todo ha pasado y ya no veo, como el Cid, sino Alcándaras vacías y husos sin candados, sin pielles y sin mantas.[25]

Mientras duraba nuestro viaje por Alemania y Flandes, mientras me divertía en la feliz mansión de París y seguíamos la marcha por Francia, Guipúzcoa, Álava y Castilla, como vivía mi atención distraída con tanta variedad de objetos, ni tenía lugar para reflexionar en mis pérdidas, ni necesidad de escribir a Vm lamentaciones. Ahora lo hago, no solo para cumplir con la dichosa deuda de mi amistad, sino también para consolarme en esta soledad de Hortaleza y de España, hablando con Vm y figurándome que estamos todavía a la chimenea con gorro, paseándonos en la explanada con botas o cometiendo[26] en fiacre o coche, aquella que Vm llamaba figura o tropo retórico de comodidad ambulatoria y transportación local. Pero muy mal podrá una carta ser el equivalente de aquellos incomparables ratos; porque ¿cómo podrá una pobre carta filosofar[27], combinar, analizar, pensar, parir nuevas ideas, criarlas, discurrir, delirar? Una carta no sirve para eso y si la escribiera yo de otro modo que como se escriben en España habría un tumulto.

Una carta debe decir así: Amigo, he llegado bueno a Madrid, terminándose mi larga peregrinación el 11 del pasado julio; y como los calores de esta devota, maja y coronada villa eran terribles, no me ha pesado el haber venido con los señores marqueses a esta quinta y casa de campo de Hortaleza, en donde caí de la burra y recibí un porrazo muy razonable. La cosecha de granos ha sido abundante, no así la de melones. Por las noches bailan estos paisanos seguidillas y por el día me ocupo en herborizar o en extraer los aires de las plantas, según la doctrina y el método de nuestro amigo el célebre Ingenhousz[28]. Madama Carlos, cuya compañía y asistencia ha sido tan importante para la señora marquesa de Santa Cruz en el viaje y después del viaje, está buena y hecha una perfecta española. Me encarga diga a Vm un millón de cosas. Ya Vm conoce el excelente carácter de esta señora turinesa y quizá no ignora que la otra madamisela alemana ha enfermado de tisis[29], lo que da compasión.

En el día no espere Vm de mí otras noticias de esta región, porque la murmuración nunca es lícita, mayormente si es de la Madre Patria. Yo sí deseo infinito tenerlas individuales y muy frecuentes de Viena y de Vm. ¿Cómo le ha ido a Vm con fray Sebastián[30] del Piombo? ¿Han vuelto los Delhuyares por ahí?[31] ¿En qué alturas se halla el árabe, el Alcorán[32] y Golio?[33] ¡Cuánto hemos hablado de Vm en París los amigos Izquierdo y Angulo![34] Entonces yo era todavía un Monsieur l’Abbé, bien peinado, con brillante calota y muy solemne rabat; pero ahora no soy sino un pobre cura motilón con hopalandas: Sic transit gloria mundi. Aunque tengo escrito a nuestro embajador, al caballero Iriarte[35] y al amigo Lellis[36], estimaré que Vm les repita mis expresiones, igualmente que a toda la benemérita familia. En fin, hágame Vm el gusto de mantenerse siempre bueno, pero un poco más alto y con alguna menos panza, según le decía el abate Lena[37], &c.

[1]

Viena y septiembre 29 de 1781

Mi dueño venerado, íntimo amigo y notable maestre, como llama a don Álvaro de Luna su inédito historiador[38]: Tandem il[l]uxit illa dies, como decían los latinos[39], que yo vea carta de Vmd ¡Pero qué carta! Quam… nec poterit tempus, nec edax abolere vetustas[40], pues que viene montada sobre aquella inmortal antigüedad en que fabló mío Cid mucho e bien mesurado[41]. Yo la conservaré además de esto como un precioso monumento de nuestra amistad, aun cuando no fuese tan linda, por razón de que espero pocas de la mano y pluma de Vmd por ser Vmd como yo, esto es, poco amigo de escribir cartas. Yo empecé a hacer un índice de las cosas que tenía que escribir a Vmd, no sé qué me he hecho de él. Iré poniendo aquí no lo que Vmd me pide que es todo, sino parte; no de omni scibili que esto es bueno para el p[adr]e Macedo[42], y Sr. Lucas Ramírez[43], sino de aliquo scibili Vindobonensi.[44]

Empiece Vmd a deshacer la idea que tomó del Prater[45] de aquí, porque ya es otro. Este verano se ha dejado ver y pasear bajo de otra forma, que hace la admiración y delicia del país. La tropa y otros trabajadores bajo la inspección diaria del Emperador[46] han hecho este invierno pasado un jardín practicable todo este bellísimo bosque, sin disminuirle la belleza natural[47]. Véalo Vmd aquí, aunque imperfectamente por mis ojos. Se entra por una calle de castaños formada en la misma calle del arrabal en que acaba por allí la población, a una gran plaza cortada en media luna, llana como mesa de billar, cerrada con una baranda de madera (pintada de verde), interrumpida por cuatro calles, dos en frente y dos a los lados. Las dos calles de enfrente van a dar a las aguas de los Danubios, que reducen el Prater a una perfecta isla. La de la derecha es la calle antigua de castaños, única delicia de esta corte en tiempos pasados. La de la izquierda la han hecho este invierno, trayendo castaños ya grandes de muchas millas de distancia, como aquí acostumbran, poniéndolos en fila y cuidándolos hasta el verano, tiempo en que los dejan ya entregados a la Madre Naturaleza.

De modo que al verlos hoy en día nadie que no los hubiese visto traer presumiría que son forasteros, sino nacidos y criados donde se ven. Ninguno se ha secado y todos se han portado como hombres de razón, hechos cargo sin duda de que venían a gozar de los derechos de ciudadanos[48] y de los elogios de las damas. Esta misma calle nueva une el Jardín Imperial del Augarten[49] con el Prater, y tanto este bosque como aquel jardín son promiscui juris del uso público sin diferencia alguna de personas, sexo, ni trajes. Las dos calles de enfrente nuevamente abiertas se han alineado quitando los árboles y monte bajo, que cayeron entre las líneas tiradas, y dejando campear entre las calles aquellos bellísimos grupos de toda especie de árboles no frutales, que ahora se gozan sin la afectación del jardinage. A la vista de estos caminos anchos como unos cuarenta pies (y a la parte de adentro del prado), se van haciendo unas salas de madera porque de fábrica no se permite, y las pintan por dentro y fuera para atraer la gente a la merienda y diversión.

El concurso ha sido algunos días innumerable. Lo más cómodo de estas concurrencias es la libertad con que todos beben, comen, giran, oyendo las músicas instrumentales, y el incógnito con que Vmd giraría pareciéndole que las cara que ve hoy no las ha visto antes nunca. Hay aquí otra libertad no conocida en otras partes[50], y consiste en el defecto de crítica ambulatoria (séanos lícito criar ideas), que yo quiero llamar así aquella con que se censura al que pasa, pues el austriaco no tornará la cabeza ni se quedará catando a Vmd para criticarlo, aunque fuese Vmd el mismo Vulcano que, vestido de púrpura rozagante, fuese a enseñar las armas de Aquiles[51]. Con esto acabaría de hablar del Prater si no faltase lo mejor y es que los amigos españoles hemos gozado algunos días este bosque en toda su plenitud, pues habiéndose detenido aquí los Delhuyares[52], en medio de su expedición subterránea de minas, hemos ido a comer juntos algunos días de libertad a dicho Prater en que hay tantas hosterías como llevo dicho, en aquellas salas pintadas a la alemaña. Se ha delirado altamente y una vez dije yo y el padre don Carlos y todos a una ¡Oh si estuviese aquí don Joseph de Viera!

A los Delhuyar yo les estoy obligadísimo por la buena amistad que hemos contraído y bellísimas partidas con que se exhiben al servicio de los amigos. A mí me han inspirado el gusto por la mineralogía y me han hecho de muchas piezas de las cuatro clases, y hemos formado índice que yo iré completando poco a poco. También pienso ir haciendo un índice arábigo de los nombres pertenecientes a toda la historia natural. El mayor de los Delhuyar se llama Plinio, nombre que yo le he puesto y era corriente en nuestras conversaciones[53]; partió de aquí el 28 de agosto para el Norte y se puede decir en su despedida lo que en nuestro Cid: Gradó exir de la posada e espidióse de amos[54]. Esto es, del padre don Carlos y de mí, pues los dos hermanos no tuvieron corazón para despedirse, según lo mucho que se aman. El 6 de este partió el menor para España en compañía hasta París de un clérigo francés y antes hubiera partido si no los hubiera detenido aquí algunos días una molesta casualidad, de la cual enfadados por fin el día 6, sueltan las riendas, e piensan de aguijar[55]. El señor marqués de la Torre con don Miguel Asanza[56] han ido a todos estos acampamientos que ha hecho el Emperador en Hungría y Bohemia y vendrán hoy o mañana y fray Sebastián[57] cayó malo con calenturas. Yo he quedado solo acompañando a SE y aquí otro texto del Cid: todos son exidos las puertas dexadas han abiertas.[58]

El Gromillo abunda de nuevas formas de beldades ignoradas de nosotros los dibujantes hasta este año. Se han dado diversiones en este verano partim exóticas y partim acostumbradas. Las comunes son los fuegos de artificio en el Prater los viernes, a competencia entre el cohetero alemán y el italiano, el combate de fieras los domingos y los teatros diarios, el de la compañía francesa no pudo sostenerse sino metiendo a cantar a la Giorgi Banti[59], italiana, con todo se han escapado los impresarios[60]. Las extraordinarias, manejo de caballos según las habilidades inglesas y nadadores ordinarios en el Danubio figurando combates desde sus barcas. Las diversiones de este invierno serán mejores porque, viniendo los grandes duques de Rusia, los bailes de carnaval serán soberbios; a este fin han hecho mucha obra en el Palacio y el manejo o picadero, que es un salón bajo, lo unen con las piezas que Vmd vio en las máscaras y así habrá lugar, habiendo de ser la entrada gratis y lo mismo los teatros en el carnaval. Ya empiezan las salas de los arrabales con sus bailes pacíficos.

Otrosí. El 13 de este mes por la tarde, el conde Joseph de Thun[61] de edad de 14 años, hijo del señor conde Thun[62], dueño parcial de esta casa, tuvo en ella una famosa tentativa de retórica, poética y estética (o de buen gusto), en que nos admiró a todos los convidados. Cinco examinadores le preguntaron y a todo respondió a maravilla. La tentativa está en un cuaderno impreso todo de preguntas y tesis y las respuestas de esto ya se ve que formarán a lo menos un tomo en 4º, que el condecito debía de tener en la uña para responder como respondía con velocidad. El primero que lo examinó fue su tío el conde de Clary[63]. Después que Vmd se sirva ponerme a los pies de su excelencia el señor marqués y marquesa se servirá darles este gusto por el parentesco que el actuante tiene con SE la señora marquesa, siendo sobrino carnal de la señora condesa de Waldestein, ama de esta casa[64]. Yo estuve sentado junto al padre Cazaniga[65], teólogo que fue de la difunta Emperatriz, y me encargó muchísimo que, en escribiendo a España, hiciese sus más profundos respetos a SE y al señor don Pedro su hermano. Dicho padre partió ya a Bolonia con su pensión (a lo que dicen de 300 florines anuales), y preguntándole yo por qué escogía a Bolonia por retiro, me dijo que allí había tomado el hábito, aunque su patria era Bérgamo. También asistió el filósofo Ingenhauz.[66]

Otrosí. El soneto que Vmd envió de Francia en elogio de esa adorable excelentísima nos gustó acá mucho[67], y ese y otros muchos se deben de justicia a persona adornada de todas las prendas que corresponden para esposa de un señor de mérito tan extraordinario como SE el señor marqués. Vuélvame Vmd a poner a los pies de sus excelencias.

La caída de Vmd se ha celebrado en casa mucho porque ya iba sobre mojado. Al oírlo yo en otras cartas he dicho: Mayor fue la caída de Luzbel[68]. Si nuestro don Joseph hubiera errado en algo diríamos que era razón que cayese de su borrico; pero siendo un hombre tan mesurado, es menester buscar otra razón que doy en esta quintilla calamo currente, ¿cómo si viese Vmd caer en Hortaleza, delante de ese señor de Alemania, la excelentísima señora marquesa?:

Cayó D. Joseph de Viera
y Clavijo en Hortaleza:
y caería, aunque más viera,
y aunque más clavado fuera,
a vista de tal belleza.

Vea Vmd ahí una quintilla por el gusto del siglo pasado, como si la hubiese hecho Vicente Sánchez[69] u otro equivoquista de nuestros discretos. Cuando llegó el soneto de Vmd quise pagarle a Vmd en la misma moneda y me ocurrió hacer un soneto en el estilo enigmático. Tomé por asunto el verso en toda su extensión creyendo que era negocio de enigma proponer el verso como un animal que tiene pies y carece de brazos y cuerpo. Los versos constan de pies y esta parte es relativa a algún cuerpo que, siendo el natural como más antiguo, denota algún animal latente, de quien sean aquellos pies, y este animal cualquiera que sea (pues sobre esto yo me explicaré en otra ocasión), es el asunto del soneto. Repaso luego todas las propiedades de los versos o poesía y concluyo con que podía ir en carta para las damas, que es la fórmula de clamor de los escritores modernos de quienes hablamos en la chimenea[70]. Yo saqué dos traslados de este sonetillo hecho para Vmd en pago del suyo que vino de París. Pero habiendo enviado uno de estos traslados a Madrid al señor don Domingo[71], a quien agradan todas mis necedades y majaderías, excuso enviar el otro por no abultar más esta carta, suponiendo que a[h]í lo habrá Vmd visto.

Nuestro D. Eugenio[72] me hizo presente del Diccionario, por lo que le estoy obligadísimo. También me ha ofrecido la versión del Tamerlán[73], pero yo no espero la tal versión de Golio, porque Reiske[74] el sajón dice en la prefación a los Anales de Abulfeda[75] que él conservaba el manuscrito de Golio; Reiske ya es muerto y no sé que lo haya dado a luz. Pero podrá darlo a luz la viuda de Reiske que está en Leipzig, de quien dicen que es tan hábil en las lenguas orientales como fue el marido. Estos días he comprado cuatro arrapiezos de syriaco y chaldaico[76] y me han costado una tripa. Maldita tanta incomodidad aun en cosas de suyo espinosísimas. Este señor nuncio[77] me ha hecho venir días pasados un Alcorán de Italia y es el único libro de este género que he comprado barato; yo tenía dos alcoranes, pero ninguno tan bueno como éste.

Mi don Juan Andrés habrá ya enviado a SE el prospecto de su obra filosófica sobre las épocas de la Literatura[78]. Haga Vmd que lo compren también algunos de los amigos de Vmd porque todo lo que salga de aquellas manos es bueno. Imprime en Parma, en buen papel y formas.

Nada me dice Vmd del censor, ni quien sea ni si sigue o no su vara censoria. Tampoco de una Gaceta literaria de Madrid, que se anuncia en la Gaceta política. Dígame Vmd qué viene a ser todo eso y quien anda a[h]í que mete ruido. Aún no han venido nuestros Quijotes[79], ni el padre Mariana[80], ni la distribución de las medallas a los artistas[81]. De Roma me escriben que D. Nicolás de Azara ha respondido furiosamente a unos que lo han criticado allí. No he visto este papel erístico[82]. Tampoco he visto aún el segundo tomo de las Obras del caballero Mengs[83], que lo desearía mucho por ser este artista el Leibniz de los pintores. La análisis que hace este grande hombre de las estatuas antiguas es lo mejor que yo he leído en este género. Los romanos lo detestan parte porque no lo entienden y parte porque no fue romano, sino alemán. El Emperador, a su vuelta de los Países Bajos, ha comprado algunos cuadros que se han incorporado en esta Galería Imperial y hay dos de Lens[84], pintor que vive en Bruselas, lindísimos. Póngame Vmd a la obediencia del señor don Pedro [de Silva], haciéndole de mi parte los mayores respetos. Las coplas deste cantar aquis’ van acabando. El Criador vos valla con todos los sos Santos.[85]

B. L. M. de Vmd Su ms amigo y servidor

Isidoro M. Bosarte [rubricado]

Muchas memorias a madama Carlos y su marido.[86]

[2]

Viena y noviembre 27 de 1781

Muy Sr. mío, mi más venerado amigo: Hablemos de Viena y venga Vmd con el espíritu, dejando a[h]í el cuerpo, a ver la fiesta con que Su Majestad Imperial cortejó a sus huéspedes los grandes duques de Rusia el día 25, en el palacio de Sembrún (que así lo pronunciamos nosotros). Ya sabe Vmd que este sitio real fue el que hizo la difunta Emperatriz y es el único donde echó alguna magnificencia, y en cuyo jardín se conserva el Parque de las Fieras y la faisanera[87]. Esta fiesta consiste en su total en baile, ópera y cena. El baile fue en máscara con permisión de toda gala de que sea susceptible una máscara; por lo cual las damas ricas no dejaron de ostentar sus diamantes. La entrada fue de tres mil billetes, cada billete con el nombre de la persona que lo había de exhibir a su entrada, y los nombres todos constaban escritos al conde de Rosemberg[88] que dirigió la fiesta (bien que no asistió aquella noche a causa de hallarse indispuesto). En el baile merecen especial consideración las cuadrillas que tenían para esta noche muy ensayadas de antemano nuevas contradanzas, y se hicieron espectables no solo por esto sino también por sus trajes. Ya sabe Vmd de la cuadrilla de los tártaros que dirigió la condesa Vürm[89], de estotras de marineros, de armados antiguos, del cuadro que así han llamado de la familia de Rubens[90], etc. No digo nada porque sería inevitable mucha prolijidad. En fin estas cuadrillas se han desempeñado de sus fatigas a satisfacción de los vientes y oyentes. Lo demás del baile era la munición ordinaria: contradanzas, minués y aquellas vueltas nacionales de hombre y mujer que llaman thausch.[91]

La ópera que se hizo a prima noche en el teatro de aquel palacio yo no la vi, parte por estar embelesado con las máscaras y parte por la poca prisa que se puede dar a ir a ver una ópera fuera de Italia, el que esté hecho a verlas en los grandes teatros de Italia. Luego que se acabó la ópera, que sería a eso de las ocho, vino el Emperador con la gran duquesa de Rusia[92] y atravesaban todas las salas llenas de las máscaras. Esta señora joven es alta (como madama Carlos o algo más), gruesa y de bella encarnación, mucha majestad en el porte, mucha cortesía y afabilidad con todos. Las facciones son regulares, el talle bien cortado, la marcha noble y su modo de mirar con los ojos entreabiertos. El Emperador, tan popular como siempre, hablando con muchos, alegrándose con todos y viéndolo todo por sí mismo. De los otros señores, tanto de Rusia como del Imperio, no he notado cosa particular y me remito a los papeles públicos. Su Majestad Imperial no llevaba más adorno que un dominó blanco como los muchos que allí había. El archiduque Maximiliano[93] reasumió un uniforme de las tropas que le hacía las veces de máscara, por ser hoy en día eclesiástico como Vmd sabe. Se bailó en cuatro salas contando en ellas la Galería en que cargó mayor bulla por su capacidad y golpe de ojo en la iluminación, otras muchas salas y gabinetes estaban destinados a otros usos que a[h]ora diré.

SM imperial y huéspedes de uno y otro imperio, embajadores y los dos cardenales Bathiani[94] y Migazi[95] cenaron en dicha mesa, en otras, muchas damas y señores del país. En otras salas había bufetes para lo demás de las máscaras. Estos bufetes estaban separados por salas y claves; en unas salas bufetes con refrescos de todas especies de aguas y sorbetes, en otras salas a continuación calentadores de todas especies, quiero decir una maravillosa provisión de todos los vinos generosos extranjeros y del país que corren con aplauso en las mesas fuertes y delicadas. En otras salas o piezas cosas de pastelería y cocina todo fiambre, como que se había de tomar todo de pie derecho sin formalidad de mesa, sino solamente al bufete como de paso. Había pastelones de a vara de largo. Cada bufete estaba servido de un número competente de oficios como de quince o veinte, todos aseados, bien vestidos y buena gente, como se veía en el agrado con que servían a todos de cuanto pedían. En los bufetes de cocina y repostería había algunos destinados a partir y hacer platos, para ir dando al que pedía un plato para comerlo con sus amigos retirado del bufete. El cocinero Pol, conocido mío que nos alargó de lo mejor y más bien parado a mis compañeros y a mí, me aseguró que de piezas de volalla[96], desde faisán hasta griva[97], habían pasado por su inspección aquellos días más de cuatro mil para estas cenas. Vaya Vmd echando por esta cuenta de todo lo demás. Bien se deja ya considerar que las salas en que estaban los vinos serían las más frecuentadas de los devotos de esta noche. Yo dije a mis compañeros que, para hacer honor al país, sería bueno comenzar por el vino Tocay[98] que es de Hungría y se conformaron. Luego se fueron pasando a degüello otras naciones. Considere Vmd a Fr. Sebastián, cada vez que entrábamos a aquellos templos de Baco, agarrarse de sendos vasos de lo más generoso, probarlos, cotejarlos, engullirlos sucesivamente, los ojos centelleantes, persuadido íntimamente de la opinión de que aquellos suaves néctares le habían de volver el cuerpo tan hermoso como nos pintan los antiguos el de Alcibíades. Las botellas ya vacías que se iban apartando podían formar una buena [ti]enda de vidriero. Con todo, los estantes estaban llenos y parece que se había quitado ninguna cuando las vi por despedida a eso de las cinco de la mañana. Allí estuvo la andaluza de Cádiz y su marido vestidos de majos de Cádiz[99]. También estuvo Prieto el de Córdoba que ha muchos años que está establecido en Hungría. El padre don Carlos fue vestido de pareja de Madrid, traje español azul y plata. Yo busqué un vestido de paño bordado de oro, dominó y sombrero al uso del país. Había bellísimos trajes y algunos caprichosos. Como todos fueron convidados se deja entender que de suyo era natural el orden y quietud, aun cuando los alemanes no fuesen tan circunspectos como son. El convite fuera de todo lo que es dependiente de casa imperial, empleos, nobleza y ministros extranjeros, se hizo por SM Imperial encargando a algunas personas inteligentes le llevasen tanto número de buena juventud de uno y otro sexo, que bailasen e hiciesen buena figura. Todas las encrucijadas de caminos estaban asidas por dos soldados de caballería y un comisario de policía para que los coches al ir no fuesen atravesados por coche ni carro, y la vuelta que era por otro camino tenía igual resguardo para que nadie pudiese ir por él[100], sino volver, ambos caminos iluminados.

Otras piezas del palacio servían para conversación y reposo por haber en ellas sillas; pero no hubo mesas de juego. La noche hacía serena y el palacio estaba en grado que no se sintiera ni frío ni calor. Otras fiestas se harán de cazas, maniobras militares, [en re]ducto etc. Las coplas deste cantar aqui s’van acabando. El Criador etc.[101] Póngame Vmd a los pies de sus excelencias.

B. L. M. de Vmd su más fino amigo y obligado servidor

Isidoro M. Bosarte [rubricado]

[II]

A don Isidoro Bosarte, secretario del excelentísimo señor conde de Aguilar, embajador de España en Viena, etc.

[Madrid, 8 de marzo de 1782][102]

Mein Herr y muy estimado amigo: En un año, una carta no es mucha fecundidad de entendimiento, sin embargo, la reputación de Cujacio[103], ¿consistió acaso en otra cosa que en haber hecho un libro y un hijo todos los años? Yo le escribí a Vm como era debido; Vm me correspondió como era justo y, cátate, pasado un año entero y la potencia generativa de nuestras plumas exhausta. Ahora había pensado el escribir a Vm largo y tendido, esto es, a medida de mi voluntad, pero meo veo precisado a ceñirme a una carta como de cumplimiento y reducida a dar a Vm parte de mi promoción a un arcedianato de la catedral de mi tierra, a donde me retiraré dentro de un año o dos para ser un ente venerable y estúpido, poco menos que aquellos venados del Prater de esa mi[104] buena villa de Viena, cuya felicidad envidiaba Vm y por cuya suerte deseaba cambiar algunas veces la propia. Crea Vm que para quien tiene algún conocimiento del mundo, de los hombres y aun de las mujeres, no hay más que dos cosas: o pedir sus inválidos y retirarse a pasar el invierno de la vejez a las Islas Beatas[105] de los poetas en figura de arcediano de Fuerteventura, o irse a Alepo y Esmirna a hablar el árabe como Vm pretende y formar su serrallo de las huríes[106] de ojos negros.

Entre tanto, no le hablaré a Vm en este correo de nuestras noticias militares ni de las políticas, pues ellas van por sus pasos contados al cuarto del señor embajador. Tampoco hablaré de las literarias, porque en España no las hay dignas de Vm ni de mí. El papel del censor acabó con el año y parece que se prohibió su continuación porque no hubo de tratar bien a nuestros reverendísimos[107] padres y a no sé qué supersticiones no menos reverendas. Se ha publicado el prospecto de la obra de su erudito amigo de Vm nuestro ex-jesuita don Juan Andrés y entiendo que no le faltan suscriptores[108]. Ha salido una canción toda acabando en on sobre el general Crillon[109], de que remito copia. Tampoco diré a Vm nada de novedades eclesiásticas, porque solo sé que nuestras capillas y corbatas devotas andan alborotadas con las providencias que, les cuentan, ha tomado el Emperador en ese país sobre frailes, monjas, procesiones, judíos, dispensas, votos y demás cositas que levantan la gente en peso, a que se añade el extraño viaje del Papa a esa corte. Pero las personas sensatas no dejan de llevarle en cuenta a José II los muchos curatos que ha establecido, su instrucción, su popularidad, su amor al buen orden, con las demás raras prendas que adornan su persona[110]. Yo a lo menos hablaré siempre bien de un príncipe, que me habló con tanto agrado, cuando le fui presentado por nuestro embajador.

¿Y qué diré a Vm sobre novedades económicas? Que se ha plantificado un Banco Nacional[111] y que se ha distribuido un indulto de Roma para poder comer de carne en la cuaresma, con un edificativo sumario de los precios respectivos al carácter y bolsillo de los carnívoros que lo tomen[112]. ¿Y de novedades de política? Que se ha compuesto en la Puerta del Sol la fuente de Mariblanca; que se ha adornado el Prado con otra muy pesada del carro de Cibeles; que han puesto en otra, no menos monstruosa, un Apolo de Belvedere[113] y que se están fabricando dos fuentes más, para que hayan cuatro.

¡Qué falta me hace un poco de Vm para pensar cosas nuevas y ver la creación de ideas no encontradas! Porque, amigo, aquí no hay quien delire. Todo es letargo o Coma somnolenta[114] como dicen los médicos. Vm me prometió acullá un soneto enigmático que significaba el verso, pero no me lo ha enviado ni yo lo he visto, hágamelo Vm ver si no es invisible. Actualmente estamos en tiempo de cuaresma, así no puedo dejar de acordarme del divertido vía crucis de esos padres franciscanos nuestros vecinos y del paseo famoso al calvario de Hernaals[115]. Considero que Vm tendrá muy adelantada su colección mineralógica y que sabrá de memoria más textos del Alcorán que de la Biblia… A Dieu mon cher ami[116], etc.

[3]

Viena y marzo 30 de 1782

Mi más venerado y estimado dueño y amigo:

De molde y manuscrita ha llegado a un tiempo la noticia de haber conferido a Vmd SM la dignidad de arcediano de Fuerteventura. Si esta atención al gran mérito de Vmd ha sido de tanto gusto como supongo a los buenos conocedores de la justicia distributiva, [¡] de cuánta satisfacción no habrá sido para mí, que ando siempre observando el éxito que da nuestra nación a los hombres grandes [!] Y si en toda esta casa ha resonado el [¡]viva[¡] y el palmoteo al oír a Vmd arcediano, ¿qué gozo no habrá causado en mí, siendo en esta casa el que más se precia de conocer a Vmd y estimarlo? Sea mil veces enhorabuena y tenga Vmd buena salud en su paso al África, donde no sería bueno andarse presto, sino aguardar a que algunas aves de las nacidas geógrafas le precediesen a Vmd en la ruta cuando ellas van a eludir la tiranía del invierno.

El tiempo da aquí mucho que hablar y que escribir y el correo que va a partir no da lugar más que para estas cuatro letras. De modo que si el pleito fuese de liberalidad entre tiempo y el correo, ganaría el tiempo. Algo digo en la carta a mi vecina. Mas o de otro modo más a mi manera de describir las cosas, diré a Vmd otro día. Recomiendo a Vmd a mi hermanito, que siento no se haya dejado ver de Vmd con carta mía, en que iba la relación de la fiesta de Schönbrunn cuando se dio a los grandes duques. No sé qué decirme de este retiro de ese muchacho y me tiene con inquietud. Nuestro Señor &ª.

BLM de Vmd su afectísimo amigo y obligadísimo servidor

Isidoro Bosarte

[Postdata]

Póngame Vmd a los pies de su excelencia y a la obediencia del Sr. D. Pedro. Los libros no han llegado todavía. Ya los he soñado muchas veces en medio de mis tareas arábigas.

Sr. D. Joseph de Viera. Arcediano de la Santa Iglesia de Canaria.[117]

[4]

Viena y abril 8 de 1782

¿Osaré yo hablar así desde el fondo de la Arabia a un ilustre africano, que en lugar de ir a ser hijo del demonio[119], va a ser el ornamento del arcedianato de Fuerteventura[120]? Ventura sería y fuerte (perdone Vmd esta anadiplosis o repetición, tan al principio de la carta), poderlo hacer con felicidad en la más extensa de las lenguas. Pero a todo riesgo allá va. Afilando estoy el carrizo arábigo; pero no sé de qué escribir. Sea la venida del Papa cuyo objeto, estando para muchos en arábigo, yo tomo la parte opuesta a la multitud y, suponiendo claro el asunto de su venida, buscaré las tinieblas en sola la explicación.

[[En el día 23 de marzo vino aquí el Papa de Roma. En el camino salió a recibirle el Rey de los Romanos José II, que Dios guarde eternamente. No puedo escribiros ni explicaros la inmensa cantidad de gente que había sobre el camino para ver al Papa, diríase doscientas mil personas. Al llegar a las puertas de la ciudad, le recibieron allí los nobles y entró en el carruaje con el rey y se dirigió al Palacio Real. Inmediatamente, entró en el templo en el que estaba [el Monumento] de Dios. El Jueves Santo, nuestro señor el Papa en compañía del rey lavó los pies a los pobres y ofreció a cada uno dos medallas, una de oro y otra de plata, sin embargo el rey les dio doce monedas de oro. El viernes, Su Santidad visitó a pie siete iglesias y estaban con él Su Excelencia [el archiduque] Maximiliano y el resto de los nobles. El día de Pascua celebró la misa y pasó [al Groven, i. e., Graben] cuando dieron las doce. Allí se había concentrado todo el pueblo y [él] bendijo a todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El resto de sus actividades hasta el día de hoy os lo comunico en lengua española]].[121]

Basta de solecismos y barbarismos, aunque unos y otros de estos errores creo no serán tantos cuántos serán los europeísmos o faltas del genio propio de la expresión arábiga en que yo habré incurrido, como que soy en el día no más que un fatigado traductorcillo de las cosas arábigas que van llegando a mis manos y que voy engullendo y tragando sucesivamente.

Como el fin de lo que he dicho en arábigo me obliga a continuar algo de las novedades del día y suponiendo que ahí se sabe lo público y solemne de las funciones que aquí hace Su Santidad como Papa, solo pondré algo de nuestras reflexiones pintorescas, ya que Vmd se acuerda tan tiernamente de las que hacíamos en esta su buena villa de Viena de Vmd. Ya tengo una idea clara e intuitiva de lo que es una inundación de godos[122] que leemos en la historia. Los contornos de Viena, al principio, y ya toda la Austria y gran parte de las provincias han colado a Viena como cuelan al fondo de un vaso todos los cuerpos pesados que no pueden sobrenadar. Tiembla la tierra de las calles de Viena debajo de los pies de estas interminables cuadrillas de hombres del campo y otros oficios dudosos, todos los días. El pueblo alemán naturalmente devoto ha sustituido con comodidad la peregrinación a Viena por la de la antigua Roma y la de Jerusalén de Levante. El día 1º de Pascua fue tal la confluencia de gentes que, a las 10 de la mañana, se dio la orden de cerrar las puertas de la ciudad para que no entrasen más. Los abastos no alcanzan a tanta muchedumbre. La explanada que tengo a la vista parece un jardín lleno de amapolas, con tantos cuerpos lozanos y rizados y tan mezclados de colores. El cordón del Rampart[123] no se corta, todos los días da Su Santidad desde estos balcones que caen al bastión la bendición al pueblo y no una sola vez. Todos quieren ver a Su Santidad y su antecámara es a las horas de audiencia un enjambre. Han desterrado por el gobierno un clérigo algo sedicioso en puntos de doctrina o, a lo que se dice, de disciplina. Su Santidad está gustosísima de ver aquí más devoción que en cualquiera otra parte de la cristiandad. Visita algunas iglesias y siempre hay tal bulla que, si los alemanes hablasen y no fuesen tan taciturnos, dudo que se pudiesen oír los órganos. Otras cosas habrá Vmd leído donde leyó mi carta haciendo Vmd de médico de cabecera.

El famoso poeta romano Pedro Patrasso conocido desde su niñez por el nombre de Voltizo o Metastasio[124] que le puso Juan Vicente Gravina[125], quien lo crió e instituyó su heredero ex asse, está oleado y sacramentado y esperando obdormire in Domino. Si esto se verificase habrá luto en el Parnaso y las musas no comerán a manteles ni cantarán ni tañerán como en luto rigoroso, Apolo mesará su barba [entre líneas: o sus rubios cabellos], y todo el mundo harmónico lo plañirá.

De colección de Historia natural que Vmd me desea puedo decirle que solo tengo unas trescientas piezas de minerales, de que me hicieron los Delhuyar como los catálogos de lo que falta, que pudiera, a la verdad, ir supliendo si no estuviera en el caso de

Incertus quo fata ferant, ubi sistere detur (Virg[ilio]).[126]

Y pues que estos fenomenillos los tengo puestos por sus cuatro clases en una pirámide con escalones y su cubierta de cristal, solo falta que decirle a Vmd que al colocarlos me hallé en una grave dificultad, pues queriendo yo poner a Fr. Sebastián por pedazo de Historia natural, no le hallaba lugar oportuno. Mi duda no era sobre la clase y género en que debía ponerlo, pues nunca estuve perplejo en que corresponde a la clase IV de substancias metálicas, género VIIº minas de plomo. La dificultad era precisamente sobre la familia, pues tenía fundamentos para echarlo a la familia Iª esto es de la galena y, en ella, a la que se halla en las piritas sulfúreas y no con menos oportunidad podía reducirlo a la familia IIª, esto es, la mina de plomo blanca o a la familia Vª, esto es, la mina de plomo roja. En esta incertidumbre dejé el negocio para ulterior examen. Pero, habiéndolo especulado al mismo Fr. Sebastián de pies a cabeza, hallé con dolor mío que no cabía en mi urna de ninguna de las maneras y así se me desvaneció totalmente esta idea.

Esta cuaresma se ha batido bravamente el cobre por cartas y, en lugar de la historia de Pedro Luis de Marras, a quien nadie ha vuelto a decir oste ni moste[127], la marquesina mantuana[128] que al buen paño de la humanidad echa la franja de la erudición ha estado muy divertida con mis cuentos de los musulmanes.

Las explanadas se están plantando actualmente de hileras de árboles. El Prater se halla nuevamente adornado de una Glorieta chinesa. Los venados están todavía en negligé, puerquecillos y sin peinarse con su ramaje. Los vegetales del Prater, según los vi el otro día, están que no les falta más que hablar y las quejas que tienen de la crueldad de este invierno pasado las vengarán presto, pues en el día las guardan en su pecho y de botones para adentro. Al Danubio corre la voz que se le van a echar dos puentes (se entiende de palo), para la cómoda comunicación por aquella parte de la ciudad.

¿Qué más? Las fiestas del embajador de Francia están inminentes, a saber: fuegos públicos en Prater, baile de la primera nobleza y baile general.

Las noticias literarias que Vmd me da no corresponden a la dignidad de un pueblo como el español, ni acabo de darme paz cuando considero que no se trabaja ahí con el conato que se debiera, habiendo tan bellas proporciones para muchas cosas. No dudo que la historia eclesiástica de su diócesis la saque Vmd con el acierto que acostumbra las cosas que toma entre manos[129]. Guarde Vmd un ejemplar para mí si los vende de su cuenta y, si no, enviaré su importe. Desearía mucho ver los dibujos las fuentes del Prado, pues la arquitectura está ahora floreciente en España como también las otras dos nobles artes. Por acá las tres bellas artes no hacen muy buena liga con estas gentes, bien que no ahorran en magnificencia y coste, pues gastan mucho, usan buenos materiales y se puede decir que se esfuerzan. A firmar.

Póngame Vmd a los pies de SS. EExs.

B L M de Vmd su mayor servidor y favorecido amigo

Isidoro María Bosarte

[5]

Viena y mayo 22 de 1782

Muy señor, dueño y mi más venerado amigo: Hoy es témpora y dánse órdenes[130], a[sí] voy a cumplir las que Vmd me da en su apreciable última sobre el tiempo o témpora que alcanzamos y, por dar algo a Vmd, le daré luego las gracias por el favor que me ha hecho en consolar con sus buenas palabras al exhibidor de mi carta verdadera antigua, con su pátina y medalla en que se ve mi reverso como Vmd dice.

La residencia de Su Santidad en Viena fue de solo un mes, las cortesías y agasajos que se le hicieron muchos et voilà tout. En los pueblos del Imperio por donde ha ido pasando a su vuelta para Roma, también lo han obsequiado mucho según hablan los papeles públicos y las cartas que vienen de aquellas ciudades.

Este verano se dice vendrá aquí el abate Reynal[131], quien anda recogiendo apuntaciones para una historia que está componiendo. Entonces se verá aquí el verdadero reverso de la medalla de Pío VI.

De noticias canales como Vmd me dice en su citada, no me ocurre ahora a la memoria sino el ruidoso lance de madama Linowski[132] que, por pesado, no quiere colar por mi pluma abajo y así lo dejo en el tintero. Madama de Harrach, nacida Lictestein[133], dicen que está embarazada y cada día parece más linda y aún va engordando.

Partió el marqués de la Torre y a esta fecha está ya en los estados del rey de Prusia. Partió don Miguel[134] y partió, por fin, fray Sebastián capaz él mismo de partir una piedra. Yo tengo tal pesar de ver ausente a mi fray Sebastián que aseguro a Vmd que me pueden ahogar con una rueda de molino, como otros dicen con un cabello.

Días pasados llegó a esta el duque reinante de Wurtemberg, Carlos Eugenio[135], bajo el incógnito de conde de Urak[136] y fue a alojarse a una locanda o mesón del kolmark o calle del café de Milán. Allí lo visitó el Emperador. Ha visto las cosas de aquí y especialmente el cuarto que en el convento de las Salesas (que es aquel que está junto a Belvedere) está preparado para la sobrina.

Del decreto para un tribunal superior de apelaciones en la Austria, comprehensivo de ciertos territorios, excuso decir a Vmd por menor, remitiéndome a los papeles públicos que ahí se extractarán y no es noticia directa de esta buena Villa de Viena que Vmd tiene. Pero sí le interesa a Vmd saber algo del cambiamiento de algunos empleos de aquí a consecuencia de haberse separado los asuntos meramente judiciales de los políticos en esta Austria inferior, incipiam: El conde de Pergen[137], jefe de la regencia política; el conde Sinzendorf[138], presidente de apelaciones y vicepresidente el conde Cavriani[139]. El conde Herbestein[140], presidente del juzgado de nobles. El conde de Avesperg[141], capitán circular por la ciudad y arrabales, y el señor Francisco de Beer, director del oficio de policía.

Es de notar el movimiento intestino con que esta corte aspira a la belleza. Ya dije a Vmd que el glacis o explanadas se han plantado de calles de árboles, los cuales se hallan asidos ya según resulta de mi visita a tomar el aire, folio diario, por no decir folio tantos. El Emperador ha hecho un fondo o establecimiento bajo de ciertas condiciones para que los que quieren edificar de nuevo hallen la mitad del costo de la casa al pronto, probando que se hallan prevenidos con la otra mitad del coste en contante. El Prater echa bravatas a los mejores bosques de Diana después que se ve hollado de tantas damas ecuestres como le corretean los lomos por las mañanas de primavera. Los puentes para cruzar este brazo del Danubio con comodidad, dichos y hechos en un santiamén. Las islas de los otros brazos de este coloso acuátil están pidiendo algún sepulcrillo; no sé si a mis alemanes se les antojará alguna vez esta morada. La Puerta Rusa (esto es, colorada) ha abierto otro ojo para ver la gente que viene por el puente, alegando que le tenían sucia e incomodada el tropel de carros y fiacres que la llenaban de polvo.

Siguen los combates de fieras las tardes de los días de fiesta, pero este espectáculo que en sus principios era divertido (y en mi juicio debía fomentarse para observar la guerra de las fieras y sus pasiones fuertes, cosa muy difícil de ir a observar a los bosques y despoblados), ha degenerado en pueril y no merece ya ser vista por falta de fieras y de rigoroso combate de unas con otras.

El Emperador se divierte ahora en Luxemburgo y come con las personas de la primera nobleza que van a verlo. No sé si dije a Vmd algo de las fiestas del embajador de Francia por el Delfín. Los fuegos no valieron nada. El baile de máscaras fue bueno, se dio en la casa del príncipe de Lictestein[142] (aquella que está en Rosau) y lució mucho por la disposición de la casa, buen orden y concurso de las bellezas del país.

De noticias literarias de aquí no sé cosa particular, sino la abolición de los privilegios exclusivos de la tipográfica para que florezca este ramo de industria literaria, que a la verdad se halla aquí en decadencia. Pero de las artes hay algo: porque los escultores han trabajado mucho en un altarón mayor [tachado: que hay] en la iglesia de San Miguel. Dejo aparte la panzada que se han dado los grabadores y modeladores en varias materias con retratar al Papa, por lo común infelizmente acaso por la dificultad de pillar una fisonomía al paso. Por esto no remito a Vmd estampas del retrato de Su Santidad. Un retrato grande en el Palacio Imperial dicen que es muy bueno. No lo he visto aún.

El heredero de Metastasio fue Martineto[143], que Vmd conoce y se puede decir que ha quedado rico de más de cien mil florines. La hermana ha salido también muy bien librada. Estos célibes herederos parece que levantan una memoria con inscripción, busto &ª al difunto Metastasio. Florines y Martínez son asonantes y, sin embargo, no lo ha preguntado don Carlos, como cuando preguntó si Izquierdo y Ocariz eran asonantes. Ahora está D. Carlos[144] con la veterinaria adoso; pero de esto ya está Vmd informado según me dice.

Satis jam verborum est. Lea Vmd la esquelilla mía adjunta. No dudo de la buena memoria que debo a la bondad de SE para conmigo. Póngame Vmd a sus pies con el más profundo respeto, y mande seguro de que es

Su más obligado servidor fino amigo

Que B L M de Vmd.

Isidoro Bosarte

[Postdata]

Aún no tenemos noticia de la ruta que ha tomado la caja en que venía la Biblioteca arabico-hispana[145]. Quiera Dios no cayese en manos de corsarios.

Incluyo a Vmd una idea de la obra del altar mayor de San Miguel según vino a luz en la Gaceta de aquí.[146]

Han hecho mayordomo mayor al [tachado: conde][147] de Staremberg el que estaba en Flandes.

[III]

A don Isidoro Bosarte, etc.

[Madrid, 10[148] de junio de 1782][149]

Muy estimado amigo mío: Luego que recibí aquella famosa carta en que Vm me refería en lengua arábiga la llegada del Papa a Viena; tuve ocasión de mostrársela a nuestro célebre musulmán don Miguel Casiri[150], quien al leerla, pareció penetrado de aquella misma especie de complacencia que sentía don Quijote, cuando se encontraba con un caballero del Verde Gabán o de la Blanca Luna… «¿Quién es este Cabdon?»[151] Me decía en su estilo. «¿Es español? ¿Dónde está? ¿En dónde ha aprendido la lengua divina y circuncidado su pluma? ¿Qué hace en Viena? ¡Oh si lo tuviera yo a mi lado! Este es un hijo del demonio[152], que si estuviera en Madrid tendría qué comer. Escribe bien, hace buen carácter y las faltas de ortografía y de propiedad son disculpables en un principiante que trata un asunto tan nuevo como el del pontífice romano en Alemania. ¿Quién es este Cabdon?».

Informele de Vm, de su aplicación y afición al árabe, de su penuria de buenos maestros y de libros, de sus deseos, intenciones y destino, de su genio, entusiasmo, chinelas, pipa, panza y costumbres orientales, &c., y me encargó le dijese a Vm que Vm escribía bien el árabe y que se alegraría de tratarle, que sería lástima desmayase en la empresa, pues por acá no hay quien se aplique…

Esta fue mi primera sesión casiriana. Posteriormente tuvimos otra en la que me advirtió que el ministro de Estado, conde de Floridablanca, le había dado a entender que el rey necesitaba de dos sujetos que poseyesen el árabe[153], a fin de enviar el uno a residir en Marruecos y el otro a Constantinopla. Que para Marruecos ya había tropezado (Casiri) con un mozo a medida de su deseo y, acordándome yo de haber oído a Vm muchas veces que se alegraría de poder ir a Constantinopla y aun a Esmirna o Alepo, le rogué al buen Casiri pusiese las miras en Vm que era bastante conocido del ministro y, de más a más, publicista, jurista, controversista, filósofo, poeta, anticuario, humanista, dibujante y gran Cabdon. Púsele por escrito su nombre de Vm con letras gordas y me quedé después imaginando a Vm trasladado en cuatro días desde Viena[154] a la antigua Bizancio, paseándose por el arrabal de Pera[155], hablando guturalmente con sus queridos los judíos levantinos[156], armenios y dulciñotas[157], formando su serrallo de aquellas mercaderías que acuden de la Georgia y Mingrelia y, después de perfeccionarse[158] en la lengua del Profeta, volviendo a Madrid para ser bibliotecario de SM como el mismísimo Casiri[159] o catedrático de árabe en los Estudios de San Isidro.

He tenido a su debido tiempo el gusto de recibir sendas cartas respuestas del señor embajador. Saludo a todos los amigos y a Vm in osculo pacis, poniendo aquí punto a este escrito porque se marcha el correo y seguramente tiene mucho que andar etc.[160]

[6]

Viena y julio 10 de 1782

Muy señor dueño y especial favorecedor mío: Recibí la inmortal de Vmd de 10 de junio[161] pasado, cuyo contenido beso a Vmd mil veces las manos penetrado del más vivo reconocimiento a sus finezas y persuadido de la realidad de su buena voluntad hacia mí. Doy a Vmd las gracias que le debo por tan buenos oficios como ha hecho y me repito, sin sombra de doblez, a su obediencia, deseando poder servirle y obsequiarle en alguna cosa. Vamos al asunto.

Yo estoy pronto, prontísimo, a cuanto pueda ser del servicio de SM aquí y en cualquiera parte que se me mande y ésta creo que es mi obligación. Los países nada parecidos a la Europa y las cortes bárbaras de África no solo a mí no me horrorizan sino que tengo un deseo positivo de conocerlas. Constantinopla es un excelente país, según estoy entendido tiempo ha por conversaciones de amigos míos que allí han estado y por las de varios turcos de los que hay aquí. Como la carta de Vmd me ha puesto la sangre en movimiento, supuestos los designios literarios que yo tengo por medio de las lenguas orientales (en que voy a paso del buey a más no poder atendida mi situación), querría saber en orden a la especie que Vmd me toca: ¿Qué es lo que se requiere y se busca en la persona que haya de hacer allí algún servicio a nuestra corte? ¿Es precisamente la lengua arábiga o la aptitud a la comisión política, juntamente con una perfecta posesión del turco y árabe, que allí se necesitan? Vmd emplea la voz residir en Constantinopla que, desde luego, da idea de una ocupación ordinaria y no extraordinaria; nada más he podido rastrear por la carta de Vmd. Diré a Vmd (esperando saber algo más de ese asunto) mi pensamiento. Mi apego a las lenguas difíciles y mayores del Oriente hasta ahora va dirigido en orden a la Literatura. La vida política activa en toda su extensión pugna directamente con el trabajo lento y pertinaz de la Literatura oriental. Y esto lo sé yo por propia experiencia que, a quererlo probar ab authoritate, diría que ahí tiene Vmd a mi paisano el maestro Ambrosio de Morales[162] que, en cuatro años que fue vicario de la Puente del Arzobispo, no dio palotada en la Historia como el mismo dejó escrito de letra de molde si mal no me acuerdo después de más [de] catorce años que lo leí[163]. En Constantinopla es tan esencial la negociación con la Puerta[164] como la sociedad diplomática con los ministros europeos que allí hay con carácter y sin él, [y] como las lenguas turca y arábiga respectivamente cada una a su uso. Si el desempeño y trabajo que se incluye en la práctica y conocimientos dichos se quieren reunidos en una persona, de contado, sería yo un temerario si me arrojase a hacer una pretensión como esa, pues no me siento capaz de tanto; pero, si la extensión que desde luego se presenta a la vista de una vida política en acción en una corte de tan difícil acceso en ciertos puntos como la Puerta, de una expedición cabal en dos lenguas y escritos como turca y árabe, se pensase, digo, dividir cómodamente de modo que se forme o bien se establezca allí una persona para volver en buen castellano los escritos interesantes árabes y turcos, y que haya otra para la negociación y despacho de oficio que sea la que tenga el rango político; en este caso yo sería uno de los que empezasen a entablar (tachado: mi) una humilde pretensión para vivir allí. Mi elección sería la de la peor parte como la de Marta[165]. Quiero decir la de los escritos orientales. Esto era una gran cosa para mi genio pues, aunque me tuviesen allí quince o veinte años, tanto mejor para trabajar en la Literatura oriental que es mi mira. Yo no soy ambicioso ni aun interesado y así me avendría contento a estar sin otra formalidad ni ínfulas que una pensión o salario. Me pondría en breve corriente en el árabe vulgar de faramanes cartas y otros matalotajes semejantes (pues lo que hasta ahora he estudiado es el árabe puro, erudito y castigado), y empezaría desde luego el turco por arte y regla y el uso del pueblo, sin embargo que este lenguaje es en gran parte una derivación del árabe.

Tiene Vmd en las uñas toda mi idea en lo que ha leído. Resta saber al tenor de lo que rayé arriba y favorecerme con su respuesta. Si por ella veo luz, desde luego empiezo a encomendar a las aguas de este Danubio mis deseos para que me los lleven al Mar Negro; si no veo luz, me vuelvo a zabullir en mi charco y no saco la cabeza hasta otra época. ¿Quién me dijera a mí que esas cuatro líneas en árabe que puse por humorada me habían de haber hecho escribir esta y acaso otras para escamotar de pretendiente? Basta. Otro correo habrá noticias de Viena. Póngame Vmd a los pies de sus excelencias y al Sr. D. Miguel Casiri que cuente a este cabrón[166] por su reverente devoto en el arabismo. La carta aquí se va acabando, el Criador vos valla con todos los sus santos.
B L M de Vmd su mayor servidor y más favorecido amigo,

Isidoro Bosarte

[7]

Viena y julio 17 de 1782

Muy señor dueño y amigo favorecedor mío: Ya tengo que recurrir a la muda retórica del silencio[167] si he de agradecer a Vmd los oficios que por mí hace en esas admirables sesiones casirianas. Siga Vmd por Dios, tenga fuerte y a ello y si sale este pez sabré que lo debo a un amigo, que son los que por lo común hacen las cosas buenas por los amigos.

He hecho mi memorial de pretensión en forma. Lo apoya SE el señor embajador. No lo envío por el correo ordinario sino por el extraordinario, que debe partir despachado de casa dentro de pocos días y acaso llegará antes que ésta a Vmd, pues los correos de gabinete no ponen más que doce o trece días en buen tiempo desde aquí. Si a Vmd ocurriese deber yo dar algún otro paso según el tono de esa corte, le suplico me lo avise para que no escape esto por meras casualidades y accidentes.

Ayer recibí la suspirada Biblioteca arabico-hispana[168]. ¿Pero cómo? Hecha una sopa. La caja en que venía naufragó en el Danubio a vista de todos. La barca se abrió de un golpe que recibió y la caja fue a lo hondo del río. La gente se salvó siendo socorrida a tiempo. No sé si pereció alguno. Suplico a Vmd se sirva renovar mis profundos respetos a SE dándole muchas gracias por estos libros para mí tan útiles y tan deseados. Si a Vmd parece escribiré a SE directamente mis agradecimientos por la Biblioteca dicha y, entretanto, no se olvide Vmd ponerme a sus pies. El vestido de don Carlos[169] ha padecido más que los libros y no le podrá servir si no lo tiñe de negro; pero este pobre honradísimo mozo no está en el día para verlo, pues a fines de la semana pasada le dieron la unción y luego lo confesaron para morir. Quedó en poquísimos días ciego del todo y sin sentido común. Le vinieron unas fortísimas convulsiones, vómitos y delirio. Antes había pasado las tercianas y luego hinchazón en los pies. En medio de esta colección de accidentes temió el médico de su vida y pidió consulta que presidió el médico de palacio barón de Störck[170]. Los pasantes estudiaban al lado del enfermo sin quitar la vista de él. Lo han velado médico y cirujanos algunas noches. En fin, el día de hoy se halla muy alentado, ya ve y habla en su juicio, ríe y pregunta a todos por sí mismo. Ahora lo curan los cirujanos de las heridas que le han hecho. Toda esta revolución carlina ha sido en ocho o nueve días. Cuando esté bueno volverá a su obra de veterinaria, que me iba trayendo a mi cuarto cuaderno a cuaderno para limpiarle lo que se pudiese de anti-hispanismos. Pero limpiar esta obrilla es lo mismo que limpiar las caballerizas de Augías.[171]

Del pueblo; ya sabría Vmd que se descubrió ser espión gratificado por esta corte el secretario que tenía el nuncio y se ha hablado mucho de él. Este pobre diablo vendía su oficio muy bonitamente en las cosas con Roma. Anda por la ciudad paseándose, mirado con odio de los que lo conocen. Se hallaron más de diez mil florines en el escrutinio de su cuarto. Un secretario del Emperador está preso por reo de estado por franquear, según se dice, los secretos al mayor enemigo de esta corona. Como el vulgo siempre sentencia, unos lo enruedan, otros lo fríen, otros lo echan a prisión perpetua y otros lo absuelven. Anda en el proceso una judía prusiana, un judío y no sé quien más. Bolza el cajero de Finanzas, hijo del consejero, anda barriendo las calles con la chusma o regando en los paseos públicos. Hasta aquí ha sido mi carta de lástimas. Acabemos alegres: ahora está aquí el increíble improvisador italiano Mazari, conocido también en Madrid y en muchas cortes de Europa. No tiene límites. Obscurece a la Corila, Talasia, &ª. Yo lo vi en Turín en un tablado, la guitarra en mano, pedir al público todo género de asuntos y responder a cualquier duda cantando hasta que le decían basta y entraba otro problema; y esta cruel tentativa la hizo muchos meses día por día con asombro de todos. Basta digo yo a la pluma y solo le dejo que ponga el Nuestro Señor guarde a Vmd muchos años.

B L M de V su mayor y más favorecido servidor.

[8]

Viena y agosto 14 de 1782

Muy señor mío, mi venerado amigo: Mis pensamientos no dan la ida por la venida, si esto quiere decir no parar de ir y venir. Estoy ahora como las damas de los romances antiguos, que se ponían en las ventanas o en las almenas a mirar por dónde debía venir carta o don Gaiferos a traer la consolación. Ya fue la pretensión y adjunto al memorial un papel de cosas arábigas que, si lo envían al Sr. Casiri a informe, lo verá Vmd en sus manos en alguna de esas divinas sesiones casirianas. Aunque no tengo avisos de Vmd, pero no por tanto creo se haya parado el concilio. Haga Vmd que no se suspenda, aunque no estén juntos todos los embajadores o aunque esté enfermo el padre Laynez[172], por cuya rotura de las túnicas del abdomen dicen aquí que se suspendió alguna vez el concilio. En fin, a Dios rogando y con el mazo dando; y otra letra dice: cuando te dieren la vaquilla, acude con la soguilla. No podemos decir lo que dijo el otro: cuidado no me enfade y lo eche todo a doce, aunque no se venda, pues donde yeguas hay, potros nacen, y personas habrá ahí arabizantes y turquizantes, que en la farándula de captar la benevolencia no pierdan la entruchada por punto menos. Tenga Vmd firme a nuestro papá musulmán[173] y que no claudique como Osio, de quien dicen que adhirió a los arrianos[174]. Espero su respuesta a la mía que Vmd leyó y tengo que preguntarle algo sobre los caracteres cúficos, pues he quedado sorprendido al ir viendo la Biblioteca Arábigo-hispana[175] que la mayor parte de manuscritos está en letras cúficas, cosa tan rara en otras bibliotecas árabes de príncipes en Europa.

Mi don Juan Andrés me ha enviado el tomo primero de su nueva obra sobre la Literatura. Ahora ha ido a Bolonia y Ferrara a hacer un giro, repasar sus amistades y revolver librerías.[176]

Las novedades de aquí, unas son gacetables, otras no. De aquellas la principal es que sale una expedición científica[177] a tomar conocimientos de luengas tierras, como las que han salido de otras cortes en diversos tiempos. De las otras, et quidem de las domésticas, nuestro don Carlos Lellis va ya tan fuerte que a vista de ojos le va viniendo la carne que se le había ausentado de los muslos y piernas durante su enfermedad y, por lo que hace a la cara y a lo sacado de pecho, ya está en su prístino y natural estado en que Vmd lo conoció, sin faltarle blanca. En el pueblo hay el nuevo espectáculo del castigo público de mujeres barriendo las calles, con el grillete como los hombres. Les cortan el pelo y hacen una figura ridícula. Desde la casa de corrección salen escoltadas de las guardas de policía a hacer su trabajo escobil y es tanta la gente que se para a verlas que parece una procesión. A una maja que tenía en su casa escuela de cierto amor abominable la sacaron el otro día a barrer, pero sin inmutarle nada de su traje y peinado para que desde luego fuese más notable y conocida de todos. A los hombres que tienen delitos graves los señalan con alguna divisa, como una cinta o correa de cierto color a los pies. Esta Arcadia de reos en algún modo es aquí precisa, supuesta la máxima del Emperador de no quitar la vida a los reos civiles, pues a los militares los descabezan muy bien como hicieron días pasados a uno[178]. Oiga Vmd un lance singularísimo. No ha muchos días que pasó públicamente en una de las calles más frecuentadas del barrio de la Viena a las cuatro de la tarde. Un cochero joven, hijo del cochero de la princesa Bathiani[179], traía amores con una de las hijas del cochero de la princesa de Uhlefeld[180], madre de la condesa de Valestein[181]. Parece que la pretendía por esposa y por mujer, pero el padre de la moza se la había negado constantemente por motivos que allá tendría. Saliéndose a pasear el amante con su querida hombro a hombro, según loable usanza de este país, tomaron un fiacre y se iban en él en amor y compaña cuando a las voces tuvo que parar el fiacrista, rodea al coche infinita gente, acude la guardia y echan mano a los que iban dentro, a saber, la pobre moza expirando de cuchilladas que le había tirado el amante a la garganta y a éste, que al momento llevaron a la prisión. Parece que iba con ellos una muchacha de pocos años por la cual empezó el grito a la ventanilla del fiacre. Pero esto no me consta positivamente. Hasta aquí el caso es singular, pero lo que lo hace singularísimo es lo que dicen que confesó el agresor, al instante, a saber, que aquella muerte la había hecho con ánimo deliberado, en venganza de no poderla tener por esposa y con la esperanza de casarse presto con ella, ya que no en esta vida, en la otra; pues a él lo ajusticiarían al instante y así se casaría presto con ella en el otro mundo. ¿Quién creyera que este mozo había de tener unos dogmas tan delicados que casi vienen pie con bola con el mahometismo? Como el delito es notorio, la sentencia no puede tardar. Algunos lo enruedan vivo, otros dicen que no morirá por ende. Si lo matasen, los genios apagarán las hachas en el Danubio de las 11 a las 12; el bello sexo será espectador implacable, como que le va la seguridad fiacrística, y yo estaré entretanto leyendo no para mí, sino para mi augusto oyente.

Se edifica furiosamente en la ciudad y arrabales. No hay tasa en los alquileres de casas, que es la máxima para aumentar la población de edificios habitables. Esperamos buenas nuevas del sitio de Gibraltar[182]. Este año es malo de fruta en Viena, pero basta que yo sea un gran camueso y que esté más maduro que una breva. Llueve, hace jaqueca y frío, pero yo no lo siento para repetirme a Vmd y pedir al Señor le guarde muchos años.

B L M de Vmd su más obligado amigo y servidor

Isidoro Bosarte

[9]

Viena y diciembre 4 de 1782

Muy señor mío y venerado amigo: Anuncio a Vmd las pascuas de Nuestro Redentor y supla Vmd las fórmulas de este cumplido anual según derecho.

No sé de qué escribir a Vmd difusamente en el día, por cuanto el torrente de las novedades de este país ya pasó y solo se ve ahora tal cual señal de humedad y mucha conversación, lo mismo que cuando ha habido crecidas id est, inundaciones.
Viose (antes de la entrada de madama Carlos en Alemania) un boticario puesto a la vergüenza en la plaza y, sub eadem causa, algunas boticas cerradas y muchos boticarios multados gravísimamente. De este escándalo fue la causa el quid pro quo, pues como quiera que el surtido de medicinas para los enfermos del ejército, en la última guerra de esta casa con el rey de Prusia, se hiciese por un asiento con varios boticarios poderosos de aquí y éstos hubiesen convenido en dar unas cosas por otras, el diablo que no duerme ha venido a descubrirlo y, como por la hebra se saca el ovillo, un mancebo agraviado de estos mismos asentistas cantó de plano y ha venido a costarles la torta un pan y ainda mais el deshonor. El Emperador, que no juega chanzas, consultó los quæ pro quibus en cuestión con las sociedades de Londres y París y allá parece reprobaron, según arte, estos nuevos Esculapios y así se hizo. Pero estas son ya seguidillas viejas.

El padre Neuman[183] llevó un susto terrible en el sistema de reducciones de monasterios o conventos, pues le tocaba por Doroteo ir a un monasterión fuera de Viena que era, para un literato laborioso como él es, ir como damnatur ad bestias, pero la cosa parece se ha compuesto bien y ha recobrado los espíritus vitales.

El aseo del piso de Viena corre ya por cuenta de los reos de ambos sexos. Sendas comunidades de pie sonoro y escoba en mano andan diariamente modificando la cosecha de las botas y redimiendo a la nieve de su ajado candor.

El viaje del Emperador a Italia se suspende. La de Virtemberg[184] que se educa aquí la han pasado a este palacio imperial, por no hallarse bien en las Salesas. De modo que hay en él tres cuartos: el de SMI, archiduque y la dicha princesa; pero en ellos se vive tan moderadamente como si fuese casa de unos particulares tranquilos.

La feria hoy se va acabando. En ella se ha visto una nube de judíos de todas partes con sus tiendas de pieles, lienzos y otros géneros. En la plaza de Soten ha acampado esta plaga y la ridícula farsilla de títeres que de tiempo inmemorial jugaba en su barracón en dicha plaza, ha cedido su puesto a estos huéspedes transeúntes y ha plantado sus estacas en el Gromillo, donde ha divertido al plebeyismo. Se ha dejado ver por dinero un niño gigante. En efecto es tremendo. Su padre es un paisano de Silesia según dicen. Las sombras chines[c]as cayeron en manos de alemanes y enmudecieron, pues las figurillas nada dicen y así no han tenido aceptación. El muñeco que juega a la ajedrez dicen que lo traerán un día de estos, pero no lo mostrarán sino por suscripción de 50 zequines cada vez, cada persona un zequín[185]. No se duda que esta es la máquina más particular que acaso hay en el día en el mundo, pues una figura que juegue con cualquiera sin que haya quien la dirija al lado es maravillosa. Basta de cosas de pascuas y pasatiempo. Consérveme Vmd en su afecto y mande cuanto guste a

Su m[ayor] servidor obligado amigo que B L M de Vmd

Isidoro Bosarte

[Al margen] Espero me ponga Vmd a los pies de S. S. Exs y que se sirva dar la adjunta, en sesión, al Sr. Casiri a quien escribo con motivo de Pascuas, dándoselas en arábigo; y madama Carlos me dice en piamontés que le dé a Vmd mil expresiones de su parte.

[10]

Viena y febrero 26 de 1783

Pax Christi

Muy señor mío mi venerado amigo: La semana pasada, la antecedente y otras he estado con la pluma en la mano para escribir a Vmd y la he vuelto a dejar, no hallando cosa que participar a Vmd que pueda interesarle su curiosidad, hasta que por fin ya llegó el embajador de Marruecos y con esto me he resuelto a poner cuatro letras. Este señor ha gastado una eternidad en llegar a Viena, siendo así que ha venido por la posta por Italia y dominios del Emperador. Su nombre es Mahoma ben addu-l-málek[186] que en castellano quiere decir Alabado (o celebrado) hijo del Siervo del Rey. Lo han alojado junto a los Paulanos en el Joburgo. No hace entrada pública y así se le quita al pueblo este espectáculo, pero no se la han perdonado los noveleros y vulgo, pues antes de ayer que vino a audiencia del príncipe Kaunitz[187], se inundó la calle de todo su tránsito de modo que apenas podían pasar los coches. Parece increíble tanta curiosidad en estas gentes habituadas a ver turcos, griegos, armenios, polacos, húngaros, croatos, suecos &ª. Mañana o pasado mañana tendrá la audiencia del Emperador y será aun mayor el bullicio. Dicen que es hombre muy político y que habla español. Su secretario habla italiano. Trae 22 personas a su servicio. De las demás particularidades de él o sus gentes diré a Vmd al paso que las vaya adquiriendo.

Con este motivo pregunto yo: ¿En qué estado está mi turbante? ¿Está ya cosido? ¿Sabe Vmd algo? Yo nada sé. ¿Se ha hablado algo de mí entre Pascuas? ¿O estoy desahuciado de ambos médicos? ¿Qué le ha dicho a Vmd el señor Casiri? Vmd que sabe manejar bien los tostados no rehúse manejar este cocido.[188]

Estos días ha muerto… Persona cuya conexión con SE el señor marqués y el señor don Pedro les hará muy sensible la noticia. Hoy la sabrán por otras partes. Yo me hallé en el entierro que era muy magnífico en esta iglesia de los minoritas. La fila de damas dolientes que con velas en la mano y velo en la cara hacían la procesión la guiaban las dos madamiselas Dorias[189]; de caballeros había otras filas y buen número de criados y criadas de luto al uso del país.

Aquí ha cundido la voz de que se ha descubierto una prisión ocultísima en el convento de capuchinos donde hallaron dos frailes que de luengos tiempos estaban penando, quienes hallaron, al parecer, medio de que llegasen sus quejas al Emperador en memorial anónimo, con cuya noticia mandó SM imperial hacer escrutinio de semejante mazmorra y dicen que está en el día abierta y que van a verla las gentes. Otros dicen que solo era una detención oculta de locos. Averígüelo Vargas.[190]

En el Reducto sucedió la otra noche una cosa rarísima. Andaba un máscara de bastante caricatura y, al verlo, madama de Pufendorf[191] hija del barón Po[s]ch y madama de Asfeldt la joven, soltaron la risa o hablaron algo que mi buen máscara no pudo sufrir y, alzando la mano, dio un par de bofetadas a la Pufendorf y dijo a la Asfeldt que le daría de puntillones en el cu… lo cual hizo allí gran rumor y ha dado que hablar al pueblo. No sé en qué parará esto. Se cree ser uno de Transilvania, aunque no dicen su esfera ni sé su nombre.

El archiduque Maximiliano se pasea actualmente por Italia. El Emperador tantot se va, tantot se queda; de modo que ya no se habla de su viaje a Toscana. Acaso se habrá detenido por esta venida del marrueco. Veremos si luego se aviva la voz de su viaje. Desde que se ha echado peluca el Emperador dicen que está mejor de sus fluxiones. El archiduque también se ha echado peluca, no obstante de tener pelo propio.

Tengo ansia de leer la oración de Vmd en elogio del obispo de Ávila. Si le sobrase a Vmd algún ejemplarillo puede dármelo, entregándoselo a Barranco[192] para mí y le quedaré a Vmd muy agradecido.

Carlos vino asustado de ese nuevo magistrado de policía. Cuenta y no acaba de nombrar al señor Cantero[193]; pero, como es tan confuso, no podemos hacernos cargo del carácter del nuevo ministro de policía por la explicación de Carlos. Madama Carlos nos ha dado algo mejor idea, pero muy diminuta. En fin lo que sabemos del juez de policía es que ha preso muchos vagos y que ha coordinado los comestibles. Esto es muy bueno y es de creer que, si tiene facultades, procederá a emprender tantos puntos importantes como tiene que evacuar la buena policía en España. Dios lo haga.

Que tenga Vmd felices días de San Joseph el 19 de marzo. Lo mismo digo de parte de madama Carlos quien me encarga esto mucho. Aquí ha salido una estampa contra los frailes de los conventos ricos que han sufrido sangría de los talegos. Es en folio y por tanto no la envío. Si Vmd desea saber la idea de ella se la escribiré. Por ahora no ocurre otra cosa y quedo pidiendo al Señor guarde a Vmd por muchos años.

B L M de Vmd su más servidor y fino amigo

Isidoro Bosarte

[Postdata]

Póngame Vmd a los pies de SE con el motivo de la fiesta de San Joseph.
Señor Arcediano de Canaria.

[IV]

Al mismo don Isidoro Bosarte

[Madrid, 7 de octubre de 1783 (i. e., 4 de abril de 1783)][194]

Muy estima[do] dueño y amigo mío: Hoy es día de San Isidoro[195], pero cuidado no lo sepa nuestro marqués de Squilace[196] y diga, como cuando Vm estuvo en Venecia: Aquí en casa hay otro don Isidoro, que llamen a don Isidoro[197]. Sin embargo, quiero con un motivo tan plausible como gótico corresponder hoy mismo a la favorecida de Vm de 26 de febrero, a cuya fecha se divertía toda esa corte imperial con la llegada del Excmo. Sr. Alabado hijo del Siervo del Rey, embajador de Marruecos, de cuya africana persona han transcendido[198] hasta aquí algunos retratos. Y cuando yo esperaba saber si Vm había tenido alguna luz en orden a su destino cerca del Diván[199], ¿se sale ahora con preguntármelo a mí? Yo lo que he podido hacer es preguntarlo a Casiri, mayormente habiéndonos dicho este año la Guía de Forasteros[200], y ella sola, que España tiene un ministro con su secretario, ambos llamados Buliñi, en la Puerta Otomana. Casiri lo que me responde es que no sabe nada de cabdones[201], que en días pasados pudo hablar con el señor Floridablanca, pero que, como él está medio sordo y el ministro no da mucha audiencia, no tuvo tiempo de hablarle sobre el particular, que quizá en volviendo la corte a Madrid podrán entenderse los dos sordos y hará por recomendarle el talento de Vm mostrándole sus cartas hispano-arábigas.

Ha muerto el célebre señor Figueroa[202], aquel Figueroa que al mismo tiempo era gallego, presbítero, monseñor romano, capellán, beneficiado, cura, canónigo, arcediano, obispo, patriarca, vicario general del ejército y de la real armada, capellán y limosnero mayor, gran canciller de la orden española y gran cruz, caballero pensionado, comisario general y juez apostólico de las tres gracias, vicepresidente de la Junta de la Concepción, consejero de Castilla, camarista, gobernador del consejo y todas las cosas, habiéndole servido de extremaunción la consagración episcopal y dejándolo todo con diez mil[203] pares de calcetas de Galicia sin estrenar y, verosímilmente, otros tantos perniles de candelas. Todavía no se ha cambiado en moneda suelta este doblón de a ocho, con cuyos despojos opimos[204] ya ve Vm cuántos hombres útiles y honrados se pueden vestir y acomodar. Con éste, he conocido ya en cinco años cuatro patriarcas de las Indias, por lo que suelo cantar a mis solas y sin guitarra esta seguidilla:

Si en el fondo perdido
pones tu plata,
no ha de ser en cabeza[205] de patriarcas.
Porque al presente
no son los patriarcas
matusalenes.

La paz se ha publicado solemnemente, pero no los artículos definitivos de ella[206] ni las gracias consiguientes al parto de los Infantes gemelos, bien que éstas se han hecho tan comunes que las hay antes del parto, en el parto y después del parto. No espero yo ninguna, aunque actualmente ocupado en componer la Oración gratulatoria al rey con ambos motivos, en nombre de mi Academia de la Historia.

Monsieur Carlos, de vuelta de esta corte, le ha hablado a Vm tanto del señor Cantero que le ha movido la curiosidad de saber algo de este nuevo intendente de policía, pero ya su fama se ha obscurecido mucho. Solo diré que este buen hombre de Cantero[208], como no había oído más campanas que las de su parroquia, creyó que la policía no consistía sino en tener las plazas, los mercados y calles pulidas y en simetría como una sacristía de carmelitas descalzos y que el embarazo de la abundancia, la publicidad y trivialidad[209] de las cosas del abasto era contra la buena policía de Madrid, por lo que la Plaza Mayor ya no ofrece aquellas perspectivas de comistrajos[210] que saciaban[211] los ojos y aun ha declarado la guerra a los valencianos del agua de cebada y a los muchachos barquilleros y vendedores de la arena para fregar.

En los días pasados anduvieron aquí las gentes como locas tras el héroe de nuestro vulgo el célebre don Antonio Barceló[212], pero no tras del héroe de nuestras Indias don Bernardo Gálvez[213], que también ha venido cargado de sus laureles. Ahora andan del mismo modo con las fiestas de la beatificación de la hermana Mariana de Jesús[214], mercenaria descalza, y con los milagros que le han hecho obrar los frailes en estos días.

He puesto en poder de don Bernardo Barranco[215] unas medallas antiguas que, por encargo de la Academia de la Historia, debo remitir al señor Neuman[n][216], canónigo de Santa Dorotea en esa corte, y con ellas recibirá también Vm un ejemplar de mi Elogio del Tostado, que Vm desea tener ad perpetuam rei memoriam. Los amigos Delhuyar estuvieron en mi cuarto habrá dos semanas, refrescamos las memorias de los divertidos ratos que tuvimos juntos en Viena y pasaron luego a los Sitios para saber lo que dispone de sus conocimientos mineralógicos y metalúrgicos el Ministerio. Con esto no digo ahora más sino &c.

[11]

Viena y mayo 14 de 1783

Muy Sr. Mío, dueño y amigo favorecedor: ¡Con que murió el señor Figueroa! Requiescat in pace. Si me oyera Vatablo[217] diría in pice, según aquel teólogo sabía jugar la paranomasia. Si lo oyese uno de nuestros hombres de lengua del siglo pasado diría: ¿Con que murió aquella percha de empleos, espetera de rentas, sarta de conveniencias, rosario de salutaciones y peticiones de pretendientes alternadas por gloria Patri, con Santiago cierra España (por lo que cerraba el puño); murió aquel museo de recursos, colección de apelaciones, armario de instancias, manojo de comisiones, el administrador de las tres anti-charitas, ministro común de dos, eclesiástico y civil, alfa y omega del dinero de España, flor, nata y espuma de la tenaza? Si lo oyese don Antonio Santos diría: Faranno un altro, como respondió cuando le dijeron que había muerto el Papa. Si en la invergatura de nuestras historias antiguas pudiera encajarse un fenómeno semejante creo que sonaría con estos o semejantes términos: «E desque ovo finado el dicho Patriarca fallaron y asaz de cosas complideras e abastadas en muchas guisas, e en muchas maneras, e tantos de sacos de monedas a altura de ome, que non se podieran contar aína. Allende las muchas cargas, e calongías e rentas e prestameras que oviera allegado este Perlado andando en la casa del Rey e en la su Corte librando los pleitos que ante el dicho pasaran e pleitesías, que en sus manos se ficieran. Otrosí, por el su fallecimiento fincaron diez veces ciento e más pares de calzas que los omes atrebutados de la su pertenencia (e behetrías) le trogieran en parias, allende de otras tantas patas de marrano mui saboridas e preciadas en Castiella, de que la su tierra es mui abastada, como contar vos he e adelante oiredes». En este siglo que todo se divide, calcula, cuenta y recuenta se nos ha presentado el detalle de las comisiones de Figueroa, su carácter y votos de los espectadores de su tumba. Los papeles extranjeros cuentan hasta doce millones dejados. El sintagma de su vida que Vmd me da gradatim en su estimada de 4 de abril pertenece a este siglo, como también la elegante copla que Vmd envía que con el papel en mano y voz en cuello he cantado ante los señores de esta veneranda casa.

No me admira lo que Vmd me dice en su citada de haber calmado algo en esa coronada villa el torrente de la policía. Esto es natural que suceda así pues, evacuados aquellos pocos puntos que ahí se pueden entablar atendida la constitución actual del país y lo poco con que se contentan, la policía no sabiendo qué hacerse se va a otra parte con el zurriago. Los gaceteros hacen lo mismo, pues las novedades de España nos las despachan siempre en parrafitos cortos y malo cuando hay párrafo largo porque o son promociones o es rajarnos en canal.

Vmd no extrañe ni se enfade de mi inquietud en orden al musulmanismo. Tu si hic adesses aliter sentires como dijo el cómico[218]. Acudí en tiempo con mi recurso de zalamaléc[219] muy bien instruido y lo acompañé con documento arábigo por si lo pasaban a informe al Sr. Casiri. Iba escoltado de un magnífico elogio de mi persona hecho por este señor embajador[220]. Se respondió que lo haría presente a SM en ocasión oportuna. Pues ahora, como yo no sé el estilo actual de Vms ac per consequens, no sé si las palabras rayadas son formularias y compatibles con la intención de no hacer nada por mí o si incluyen ánimo efectivo de hacer algo, cuándo o cómo o de qué manera y mi pretensión de la Literatura arábiga en todo tiempo tiene cabida oportuna y las comisiones por sola la lengua ya no la tienen, de aquí es mi inquietud y dudas. Si yo me hubiera propuesto la Literatura oriental por mero adorno de mi persona, en lugar de memoriales pensaría en ir disponiendo disertaciones y libros, pero habiéndola entablado en orden al real servicio en que llevo pasados muchos años y cuatro de ellos en Turín de puro mérito, no puedo sosegarme sin una respuesta categórica buena o mala, el o el no. Yo tengo buenos ánimos para esta carrera endiablada pero, si no me ayudan, ¿cómo es posible un hombre que sirve darse a ella enteramente ni costear no digo los códices, pero ni aun los libros impresos estimables, que son tan caros que de ninguna facultad ni arte pueden comparárseles? Espero que Vmd use reservadamente de estas especies pues, una vez que al Sr. Casiri no le hayan pasado mi papelón a informe, no hay para qué molestarlo a que interponga sus buenos oficios. A Buliñi[221] padre e hijo los conozco mucho, pues concurrimos en Venecia cuando ellos iban a Constantinopla y nosotros a Viena, presente a todo Dª. Marina[222]. Buliñi me pareció hombre de razón y de aquella especie de hombres modestos, mañosos y curiosos. El hijo no de[s]puntaba en nada por respeto a la presencia de su padre y ser entonces (en el invierno del 79) muy mozo. Este chico parece que lo han hecho ahí secretario de la Legación a la Puerta y al padre ministro, según leí en el Almanaque de España. De Buliñi han hablado las cartas y gacetas tiempos ha, ¿ni cómo era posible despintarse en Bizancio al espiaje de gaceteros y de la gente diplomática una cara nueva tratando con dragomanos?

Aquí se deja ver estos días un gigante que es de raza de gigantes. Su nombre es Ricardo Hartman, su patria cerca de Fráncfort, su edad 21 años, su altura nueve pies menos dos pulgadas. Se ve en feria por siete Ks[223]. Yo le llego, midiéndome con él, a la región epigástrica (o entre las costillas y el ombligo). Si yo fuera tan alto como me creía nuestro Izquierdo[224] le llegaría a este gigante al diafragma. No sé el abate Lena[225] a dónde le llegará porque no hemos concurrido juntos a este espectáculo como ni a ninguno. Su padre y su hermana le llegan a él a las narices. Cuenta ya su familia dos siglos de gigantería. Dice que piensa hacerse ver en España.

Los frailes de esta nación aquí se van acabando. Ya no hay más frailes que los que viven. Prohibidos in totum todos los novicios. Las águilas del imperio no quieren más que dos cabezas y éstas reunidas en un mismo cuerpo. Los frailes actuales los va destinando el Emperador unos a abates seculares pensionados, otros a servir de ayudantes de los párrocos sin dejar el hábito, otros a curas y beneficios, otros a servir los hospitales con su hábito. Los que no sirven en cura de almas no pueden predicar ni dar la bendición y así están nuestros vecinos los minoritas. Todos calculan que en un decenio no se verá más hábito de orden regular en calle ni casa ni templo. Si vive muchos años el Emperador toda esta corte pasará la metamorfosis. Las explanadas ya están plantadas de calles de árboles. En los arrabales se edifica furiosamente. En la ciudad caen todos los edificios viejos y disformes, se allanan las calles, se horada la ciudad por muchas partes, se hacen baños cómodos de fábrica en el Danubio, se ha traído una buena compañía de operistas bufos de Italia, que tienen gran concurrencia, se esfuerza su poco de Marina, se prohíbe toda disputa de religión entre protestantes y católicos. A los luteranos les han dado la iglesia de las ursulinas[226]. Estos partidarios la abren por un guante o suscripción entre ellos para renovarla y ponerla a su modo. El barón Fríes[227], banquero de casa (ya conde Fríes) ha dado de su parte diez mil florines para esta obra. El mismo Fríes edifica una gran casa enfrente de la Biblioteca Imperial en todo aquello que era convento de las ursulinas. La capilla italiana dicen que la ha permutado el Emperador en la iglesia de santa Dorotea, pues corre la voz de que este convento de minoritas de que era parte la capilla italiana cae abajo y hacen delante de nuestra casa una plaza. En la casa de Virme[228], frente de la de Venecia, hace el Emperador una chancillería y así están echándola abajo. El nuevo mayordomo mayor que aún no ha venido y es dueño de la casa en que vivía Venecia, la ha mandado rehacer por dentro y han sacado ya de ella más de cuatro mil carros de cascajo de los tabiques de las salas. De este señor mayordomo mayor cuenta la historia que, cuando el peluquero le hace un rizo más alto que otro o le yerra alguna otra dirección cabellística, hace llamar a su secretario y le dice: Advierta Vmd y riña a este peluquero que me ha hecho este rizo más alto que aquel, o que este pelo no va con el otro en simetría[229]. Esto dicen de este señor, pero lo que yo he visto por estos ojos, que han de comer tierra, es uno de los señores de aquí venir a misa a los minoritas en verano llevar el quitasol en mano un rato y en no habiéndolo menester entrando en la sombra, dejarlo en medio de la calle muy pausadamente y recogerlo los lacayos que llevaba detrás a mucha distancia de él.

El embajador de Marruecos partió ya, no ha visitado a los embajadores ni ministros extranjeros sino a los ministros principales del país. Lo ha visto todo muy despacio. Sus gentes no han dado qué decir, todo ha estado muy sosegado. De aquí lleva en regalo porcelana, algunas cosas de plata, jaeces bordados y algunos caballos. De anécdotas no sé más que dos. La primera cuando cayó malo y lo empezaron a curar sus gentes. ¿Sabe Vmd cómo? Que lo diga el barón Störk[230], médico del Emperador. Éste profesor, advertido por el Emperador del riesgo en que se hallaba este huésped africano voló a su casa, lo vio, pulsó y halló que había peligro. Se informa de los medicamentos que le habían aplicado. Aquí la sorpresa de este barón hombre tan bueno, tan serio, tan pacífico. Aquí su arqueamiento de cejas, su abrir y cerrar la mano y sacar la caja del tabaco sin quitar la vista del moro. Aquí el girar la vista pausadamente por enfermo, cama, cuarto, asistentes y paredes. Aquí aquel tropel de ideas que verosímilmente le entrarían de África, de Marruecos, de Avicena, de Averroes, de Santiago apareciéndose, de la batalla de las Navas, de Tánger, de Hipócrates, de Viena, del Prater, del Emperador, de la Emperatriz, de las pensiones que se quitan y reformas de la corte; hecha revista momentánea de estas ideas dio lugar a la admiración de sus medicantes y pasó a recetar y curar por sí, siguió visitándolo y curándolo y en pocos días lo puso bueno, pues Störck por consenso unánime es un grande hombre. Ya veo a Vmd con ganillas de saber el remedio que le habían aplicado sus domésticos. Soy con Vmd. El remedio fue unos versetes del Alcorán cortados en cédulas y administrados en sahumerios de abajo arriba y de arriba abajo con mucha devoción y luces.[231]

La segunda es, según la he oído a un plaisant y en substancia conviene el vulgo, que un criado del embajador estando durmiendo en una pieza de paso en parte donde impedía el tránsito a un despacha-camino o limpiachimeneas, éste lo despertaba con el pie. El moro, medio dormido, asustado de la figura del despacha-camino creyó que era el diablo y fajó con él, espada en mano. El despacha-camino se defendía con sus herramientas y escalera gritando en alemán, lo que confirmaba más y más al moro en que era el diablo. Acuden otros moros sobre el despacha-camino hasta que la zufa se fue deshaciendo poco a poco por sí misma, pero no sin daño de[l] limpiachimeneas, lo que, sabido al instante por el embajador, le hizo llamar y consoló con algunos zequines y corrigió el error grosero de su criado. La causa de la ilusión del moro durmiente dice el vulgo que fue la costumbre de los señores mahometanos de poner un criado en parte donde impida la entrada de la muerte y del diablo mientras ellos están en reposo.

Póngame Vmd a los pies de su excelencia y reciba memorias de madama Carlos, quien conmigo desea que el marquesito[232] vaya creciendo en gracias y siempre robusto. Estimo infinito y quedo muy reconocido a la expresión que Vmd me hace del ejemplar de la oración tostada y coronada[233]. Al Sr. Casiri mis más respetuosas memorias y agradecimiento a su buen afecto hacia mí. Recomiendo a Vmd mi hermanito a quien he escrito que, si no hay medio de seguir el Derecho derechamente, que decline a cualquiera cosa, pues pugna por la vida y se deje de ideas abstractas. No hay lugar ya más que para pedir al Señor guarde a Vmd muchos años y firmarme su más afectísimo obligado servidor que BSM.

Isidoro Bosarte

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Viena y Setiembre 2 de 1783

Muy Sr. Mío, amigo y dueño venerado: Primero los versos y luego la prosa, pues conviene acomodarse a la opinión de los teólogos, que primero fue la poesía que el hablar en prosa. Los versos dicen así:

Aquel que allí ves estar asentado
volviendo las fojas de un libro imprimido
es don Isidro, que está embebecido
leyendo loores de Alfonso Tostado.
Vagar no le dejan ni estar reposado
las moscas que acuden con bulla y zumbido,
catar de Castilla la miel han querido
con que en la mar el papel se ha manchado.
O[h] tú caminante cualquiera que seas,
que fuelgas de ver el jardín de Viena
ora que en frac vayas la tarde serena,
o bien en tu coche mostrando libreas,
para bien las mientes y di lo que creas
en esta mi dubda, de mala fe ajena;
allí ves la miel de española colmena
allí ves la flor de españolas ideas,
¿Quién tiene más gusto, mayor complacencia,
y quién más se acucia en tamaña dulzura,
el le[c]tor que allí encuentra retórica pura,
o la mosca que encuentra de flores la esencia?

La prosa es: mil gracias por el ejemplar del Elogio del Tostado en cuya lectura he tenido mucho contentamiento y gozo espiritual. Lo de las moscas es que las estampas y libros que vinieron en esta última remesa han llegado manchados por haberse roto dos cantarillas de miel que venían a SE en el mismo cajón de las estampas y libros. En Génova remediaron en parte este daño, con todo llegó mi ejemplar de las piezas académicas y el libro de las Penas del Sr. Lardizábal[235] chorreando miel, las estampas cual más cual menos todo embadurnado.

Aquí, lo más nuevo es el esfuerzo de la policía a evitar los mendigos. Se han abolido todas las cofradías y se reducen los pobres enfermos a hospitales generales. Se subirán los zequines presto, por lo cual recogen los banqueros todo el oro para ganar en esta operación. El Emperador anda en los acampamientos acostumbrados, pasa a Bohemia y luego a visitar las fortalezas. Días pasados salió una estampa grande alusiva al texto Iam securis ad radicem arboris posita est &ª[236], y se representa el hacha cortando los árboles inútiles del estado. También se ha publicado la Monacologia[237] por un anónimo, libelo terriblemente infamatorio contra los frailes. En la política externa el Emperador es misterioso e impenetrable y así es difícil saber su sistema en la situación de las potencias rompientes. Aquí ha venido el comandante de la plaza de Gibraltar, viajando[238]. De Artes no hay nada de nuevo, sino haber hecho al barón de Aspergs[239] director de la Academia de las Bellas Artes.

Este verano ha sido intolerable, todo el mes de junio fue de vientos, azote ordinario de este país, pero que aquí besan y adoran, pues los miran como un escobón de Eolo que viene a barrerles los cuerpos, las calles, las casas y a dar garbo a las criadas bonitas, que son los papeles fuertes que representan la belleza del país. La víspera de San Pedro empezaron los temporales cayendo algunos rayos, después han continuado en julio y agosto y aún no estamos libres. Han muerto del rayo algunas personas, entre las que se cita un trabajador del príncipe Galizin[240] (en la obra que está haciendo en la Montaña), a quien quemó el rayo en presencia de su amo. Pero lo particular de este verano ha sido una calina alta que cada día nos quitaba la vista del sol. Este fenómeno a mi entender es que la Italia, después de haberse sonado las narices que desde un siglo tenía atrancadas, ha echado a enjugar el pañuelo al sol y antes que se le moje con las aguas del otoño lo vuelve a recoger. Otros dicen que es humo, otros calor, todos le llaman niebla y a todos ha movido a curiosidad. Estamos todavía en el Jardín de Spínola, ci-devant de la princesa Esterhazi[241], en el Renveg[242], con dos barones a diestra y a siniestra, Jardín Botánico vis a vis, Palfi[243] a la vista, salesas y Parhamer[244], y una callejuela escusada por detrás. Esta es la topografía del jardín donde estamos y desde donde pido al Señor guarde a Vmd por muchos años.

BLM de Vmd su más afectísimo reconocido servidor

Isidoro Bosarte.

Notas complementarias

1. Fausto Fermín de Elhuyar o Delhuyar (Logroño, 1755-Madrid, 1833) fue químico e ingeniero de minas y, junto a su hermano Juan José, descubrió el wolframio o tungsteno en 1783, previamente había trabajado con éxito en la purificación y maleabilidad del platino. El primero estuvo a cargo de la Escuela de Minas de Méjico y dirigió las obras de construcción del Palacio de Minería. Ambos hermanos visitaron diversas universidades, minas y centros científico-tecnológicos en Europa. Tras regresar de Méjico, después de la independencia, ocuparon cargos de responsabilidad en relación con la minería española. Se le ha relacionado con la masonería tanto en París como en Austria y, asimismo, durante su estancia en Nueva España (vid. José A. García Diego, «Un gran científico que fue masón: Fausto de Elhuyar», en José A. Ferrer Benimeli [coord.], La masonería en la España del siglo XIX. II Symposium de Metodología aplicada a la Historia de la Masonería Española, Valladolid, 1987, t. II, pp. 657-667). Ambos hermanos fueron conocidos y amigos de José de Viera y Clavijo.

2. Carlo Alessandro de Lellis (h. 1754-1822), oficial de la secretaría de la Embajada española en Viena que fue cónsul en Trieste, donde falleció. Viera apunta en sus Memorias: «Durante los cinco meses que residió en Viena, se aplicó D. José Viera a tomar algunas lecciones de la lengua alemana, bajo la enseñanza de su íntimo amigo D. Carlos Lellis, oficial de la embajada de España que, aunque italiano, poseía perfectamente aquel idioma, para lo cual se hizo con arte, diccionario y otros libros pero, aunque empezaba ya a traducir y formar algunas frases, parece que, luego que se retiró de aquella región, todo lo fue olvidando» (José de Viera y Clavijo, Memorias, ed., introd. y notas de Rafael Padrón Fernández, Santa Cruz de Tenerife, Idea, 2012, p. 131). El polígrafo le menciona en diversos momentos de su estancia en Viena, tal como se refleja en su Diario (José de Viera y Clavijo, op. cit., 1849, pp. 23, 34, 37 y 39). Así, por ejemplo, se lee en la referencia del 7 de abril de 1781: «En un coche de los que llaman viturinos o de caminos, fui hoy en compañía de don Carlos Lellis y de los amigos Deluyares al Real Sitio de Luxembourg distante posta y media de Viena. Salimos a las 9 de la mañana con día fresco. El camino es bueno y en parte orlado de árboles. Llegamos a las 10 y media. La entrada del sitio tiene no sé qué de Aranjuez, por la disposición de las calles, bien que el agua no es abundante. El palacio me pareció alegre, agraciado, aseado, cómodo bien pintado, y bien repartido, especialmente los cuartos altos cuyas vistas son excelentes y todos sus adornos de gusto. Para subir a ellos se ve allí una máquina ingeniosa, inventada a fin de que la Emperatriz María Teresa ahorrase el trabajo de las escaleras, pues sentándose en una silla se subía de vuelo al otro piso. Contiguo a este palacio hay otro más antiguo. El teatro para las representaciones es muy lindo, como también los jardines, el parterre, el bosque, los cenadores, el laberinto, etc. A las dos estuvimos de vuelta en casa».

3. El Prater figura definido en la Encyclopedia Metódica. Geografía Moderna, traducida del francés al castellano por los señores don Juan Arribas y Soria, y don Julián de Velasco, Madrid, Sancha, 1792, t. III, p. 525, como «país del Emperador en una isla que forma el Danubio cerca de Viena». Balbi, por su lado, mencionó la relevancia de este jardín singular al compararlo con los de Baviera y Berlín: «la capital de Baviera posee además de las plazas que hemos nombrado otros muchos paseos, entre los cuales deben citarse primero El Jardín Inglés, y segundo el Prader en la isla de Isera. Aquel es para Munich lo que el Prater para Viena, y el Thiergarten para Berlín» (Adrián Balbi, Compendio de Geografía Universal redactado bajo un nuevo plan, con presencia de los últimos tratados de paz y los descubrimientos más recientes, por Adrián Balbi, obra adoptada por la Universidad de París, tradúcela del francés con varias notas y considerablemente aumentada y corregida en la parte de España don Sebastián Fábregas, Madrid, Emilio Fernández de Angulo, 1836, p. 268). Pero, además, Viera lo describió de la siguiente manera, según anotó en su Diario el 1º de enero de 1781: «Por la tarde dimos en coche un gran paseo por el Prater, el cual es una campiña deliciosa que mandó plantar de arboleda el Emperador Carlos VI conocido en España por el Archiduque, quien quiso conservar en Viena la memoria del Prado de Madrid. Hay en aquel bosque muchos venados y lo adornan varias casillas de madera, mesas y bancos para la pobre gente que suele ir en crecido número los días de fiesta por la tarde a merendar, beber, bailar y divertirse» (José de Viera y Clavijo, op. cit., 1849, pp. 15-16). Es interesante el ensayo de David do Paço, «Aménagements urbains et reconfiguration d’une sociabilité aristocratique: les jardins viennois du XVIIIe siècle», Lumières, 21 (2013), pp. 91-104.

4. Giuseppe Garampi (Rímini, 1725-Roma,1792), historiador, numismático y arzobispo de Beiruth (1772), estuvo destinado en diferentes nunciaturas, entre otras la de Viena, entre 1776 y 1785. En este último año se le designó cardenal. Poseyó una selecta y variada biblioteca cuyo catálogo (Bibliothecæ Josephi Garampii cardinalis catalogus, Roma, 1796) fue dado a la estampa por Mariano de Romanis (1761-1825). Viera anota en su Diario (9 de febrero de 1781): «El señor don Pedro de Silva y yo comimos en casa del señor nuncio Garampi, en una comida de confianza, con el conde de Harrah [Harrach] y su hijo, un canónigo comendador de Malta, el padre Casaniga [Pietro María Gazzaniga], dominico de Italia, teólogo que fue de la Emperatriz, el señor Neuman[n] canónigo reglar del colegio de santa Dorotea, etc. El referido nuncio me ofreció algunas noticias curiosas relativas a los obispos de Canaria» (José de Viera y Clavijo, op. cit., 1849, p. 21). Además, Viera apunta en sus Historia (t. IV, 1783, lib. XVI, § V): «El cuidado que tuvo don Luis de la Cerda de enviar estos misioneros a las Canarias, confirma cuan verdadero era su celo; pero tenemos otra nueva prueba, ignorada hasta hoy de todos nuestros anticuarios y que merece en la historia eclesiástica una singular atención. ¿Quién había sabido que, luego que las Islas Afortunadas se erigieron en Principado y que el Infante de la Cerda fue instalado solemnemente príncipe de ellas, se les dio también un obispo, a quien el mismo Papa Clemente VI hizo consagrar en Aviñón, con el título de Obispo de las Islas de la Fortuna?». Y añade: «Con efecto, en el archivo del célebre monasterio benedictino Medelicense o abadía de Mëlck en Austria, a cinco postas de Viena (donde estuve el día 19 de abril de 1781), se guarda un diploma original, por el cual consta que, en 8 de mayo de 1353, Fray Bernardo, obispo de las Islas de la Fortuna, con otros obispos residentes en Aviñón, concedían indulgencias a la iglesia del referido monasterio. Tiene este diploma pendiente un sello de cera, y en él grabada una imagen de la Virgen María, a cuyos pies se ve arrodillado el obispo, y a un lado y otro dos pequeños escudos de armas». Sigue la siguiente nota: «Debí la primera noticia de este documento precioso al excelentísimo señor Joseph Garampi, arzobispo de Montefiascone, obispo de Corneto, nuncio apostólico de Su Santidad cerca de Su Majestad Imperial, quien se dignó comunicármelo de su puño en Viena, el día 16 de febrero de 1781, reducido a estos términos: Fr. Bernardus Insularum Fortuniæ Episcopus, una cum aliis Episcopis Avinione existentibus, die VIII, Maii MCCCLIII Indulgentias concedunt Ecclesiæ Monasterii Medelicensis in Austria. Pendet ex diplomate sigillum ejus cereum cum Imagine B. V. M. et infra Episcopus genuflexus inter duo scuta gentilitia. Extat diploma autographum in Archivio Monasterii». Finalmente concluye el polígrafo canario que «ni del sello ni del contexto del diploma se puede conocer la orden de que era religioso este obispo fray Bernardo; pero como los franciscanos tuvieron desde luego gran parte en las misiones de nuestras Islas, es de suponer que fuese de aquel mismo instituto. Lo que no se puede dudar es que éste ha sido el primer prelado de las Canarias, y que el catálogo de los obispos de esta iglesia debe empezar por él». Perteneció a la orden de Monte Carmelo, tal como indica Rumeu de Armas (Antonio Rumeu de Armas, El obispado de Telde: misioneros mallorquines y catalanes en el Atlántico, Madrid-Telde, Ayuntamiento de Telde, 1986, 2ª ed., pp. 55-59).

5. Esta canción satírica ha sido atribuida a Viera, aunque no está demostrada plenamente su autoría (vid. CARTAS, 2006: 52 y José de Viera y Clavijo, Vos estis Sol. Epistolografía íntima [1770-1783], ed. crítica de Rafael Padrón Fernández, Madrid, CSIC, 2008, pp. 42, 247, 249-254). Se alude al militar francés Louis des Balbes de Berton de Quiers (1717-1796), duque de Crillon, que recuperó Menorca para España y recibió por ello grandes beneficios y honores. Menciona también esta misiva del polígrafo, incluida la referencia a Crillon, aunque sin referirse a la presunta autoría del poema por Viera, José Cebrián, op. cit., 1996, p. 214 y, asimismo, en su segunda ed. de Los aires fijos, op. cit., 2013, p. 92. En Millares Carlo (Agustín Millares Carlo et al., Biobibliografía de escritores canarios [siglos XVI, XVII y XVIII], Las Palmas, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1993, t. VI, pp. 530, 535 y 547), se sitúa la canción sobre el duque entre otras composiciones como, por ejemplo, «Apología de las Mugeres» o la traducción de la «Sátira Vª. de Boileau, sobre la nobleza», cuya autoría no puede ser atribuida, obviamente, al realejero. No se dice, empero, en el listado ni en el índice de las colecciones poéticas del abate que la «Apología de las mujeres» sea una traducción de L’Apologie des femmes de Charles Perrault, aunque efectivamente lo es (Francisco Aguilar Piñal, Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, Madrid, CSIC, 1995, t. VIII, pp. 413-414; Victoria Galván González, «La poesía traducida de Viera y Clavijo», DICENDA. Cuadernos de Filología Hispánica, 20 [2002], pp. 73-103, especialmente pp. 74 y 97), con lo que no se puede deducir que, por el hecho de que Viera no especificara que se trataba de una traducción o una copia ajena, la composición fuera en realidad suya. Llama la atención, además, que Viera le remitiese copia de la canción de marras a su íntimo amigo lagunero y colaborador, Fernando de la Guerra, el 21 de agosto de 1783, según se constata en la citada ed. de sus cartas (Vos estis Sol…, p. 247), mientras que a Bosarte se la había hecho llegar el 8 de marzo de 1782 (vid. carta II de Viera), es decir, con más de un año de antelación.

6. Podría tratarse del verdadero significado de ciertas expresiones que Viera puso en boca de Casiri, pues no otra cosa parecen sugerir las palabras Cabdon y gran Cabdon, tal como figuran en las cartas que venimos estudiando. Se interpreta, además, que este «cabdon» o «gran cabdon» (vid. cartas III y IV de Viera) fuera, en efecto, «hijo del demonio» (en tanto que sinónimo de cabrón o macho cabrío, típica figura de los aquelarres), es decir, una suerte de pagano o, de hecho, un arabista u orientalista o bien un erudito interesado por este tipo de estudios (vid. carta 4 de Bosarte y III de Viera). El tema fascinó a los ilustrados, a pesar de sus críticas racionalistas, pues a la hora de deconstruir los pactos diabólicos, en tanto que representaciones de alto contenido simbólico en relación con las supersticiones de épocas pretéritas, comenzaban por reinventar o recrear la historia de las propias supersticiones, para pasar después a cuestionarlas. Fruto de la que ha sido denominada «Ilustración mágica» fueron, pues, algunos estudios singulares, como el texto anotado por Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), bajo el título de Auto de fe celebrado en la ciudad de Logroño en los días 6 y 7 de noviembre de 1610, relato que, además, pudo servir de inspiración a la serie de los «Caprichos» de Goya (vid. Virtudes Serrano, El teatro de Domingo Miras, Murcia, Universidad de Murcia, 1991, pp. 177-178; Luis Felipe Vivanco, Moratín y la Ilustración mágica, Madrid, Taurus, 1972, pp. 177 y ss., citado en este contexto por Virtudes Serrano). En relación con la leyenda de que el demonio, en casas y en campos, se aparecía a las mujeres de día y de noche en forma de «espantosa figura» y «muy de ordinario se les va a las camas», anota específicamente Moratín: «El cabrón ha sido personaje muy respetable en la antigüedad, y muy estimado de las mujeres por sus bellas prendas. En el pueblo de Dios fue necesario prohibir expresamente que las damas tratasen con demasiada familiaridad a esta y otras bestias; de las cuales ya no hacen caso las que hoy tenemos por más antojadizas y pecadoras», etc. (Nicolás y Leandro Fernández de Moratín, Obras, Madrid, BAE, 1850, p. 625). He subrayado el término «cabrón» de la cita de Moratín por razones obvias.

7. Se deduce por la fecha (14-05-1783) de la propia carta de Bosarte que la que se reproduce de Viera, la número IV, no puede ser datada el 7 de octubre de ese mismo año, como se ha señalado habitualmente (CARTAS, 1849: 37-39; CARTAS-BVMC, 2015 y CARTAS, 2006: 53, 197-199, 325, 343, 350, 374), sino que el polígrafo la escribió, como se lee en la citada misiva de Bosarte, el 4 de abril de 1783, ya que el óbito de Manuel Ventura Figueroa, patriarca de las Indias, se había producido el día anterior, es decir, el 3 de abril de 1783, hecho que difícilmente sería noticia en octubre de ese mismo año y, obviamente, no tendría sentido que, en su citada carta número 11 del 14 de mayo de 1783, Bosarte exclame: «¡Con que murió el señor Figueroa!», etc., tal como hemos visto. El error, que proviene de la copia autógrafa del propio Viera (Agustín Millares Carlo et al., op. cit., 1993, t. VI, p. 612), salta a la vista, además, no solo por la referencia al día de San Isidro, sino, también, porque Bosarte le acusa recibo del Elogio de don Alonso Tostado en su carta del 2-09-1783 (la número 12), con lo que difícilmente le pudo anunciar Viera su envío el 7 de octubre de ese mismo año (también en la citada número IV del arcediano), ello aparte de otros datos como la alusión al embajador de Marruecos, etc., etc. La correspondencia de Viera con sus diversos colegas y amigos de la Península y del resto de Europa requiere una cuidadosa edición, aparte, claro está, de dar a la publicidad la abundante colección de misivas que aún permanece inédita.

BIBLIOGRAFÍA[245]

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NOTAS

[1] Vid., entre otros trabajos al respecto, Joaquín Álvarez Barrientos, «Controversias acerca de la autoría de varias novelas de Cervantes en el siglo XVIII: El curioso impertinente, Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño», Actas del IX Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Frankfurt, Vervuert, 1989, pp. 301-309.
[2] Vid., principalmente, José Cebrián, «Del epistolario de Viera y Clavijo y sus amigos de Viena», en Joaquín Álvarez Barrientos y José Checa Beltrán (coords.), El siglo que llaman ilustrado: homenaje a Francisco Aguilar Piñal, Madrid, CSIC, 1996, pp. 209-220.
[3] Ibídem, p. 211.
[4] Algunos datos biográficos sobre este personaje en CARTAS, 2006: 50-53. Vid., además, la bibliografía que se incorpora al final de esta Introducción.
[5] Carta II de Viera. Estas misivas de Viera a Bosarte, cuatro en total, se han transcrito a partir de los originales autógrafos conservados en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, en La Laguna. Las hemos numerado con números romanos.
[6] A pesar del escaso calado de la publicación, no puedo dejar de mencionar, en este sentido, la errónea referencia de Luis Miguel Enciso Recio en relación con la erudición de Bosarte, cuando afirma lo siguiente: «Puede considerarse menor, asimismo, aunque más digno de atención, otro prototipo: El Gabinete de la lectura española (1787-1793), de I. Bosarte, arqueólogo de cierto nivel y erudito de escaso nivel…» (Luis Miguel Enciso Recio, «Periodismo, periodistas y periódicos en la España de fines del siglo XVIII», en Julio Antonio Yanes Mesa [coord.], El periodismo y la cohesión territorial del Archipiélago. Actas del I Congreso de Historia del Periodismo Canario… Nautis et Incolis, Boletín de la RSEAPT, núm. extraordinario [2010], t. I, pp. 27-61, la cita en p. 46), entre otras razones porque, como había demostrado María Elena Arenas Cruz desde hacía varios años, «ni Bosarte ni Estala fueron los promotores del Gabinete de lectura, obra concebida por Miguel de Manuel, como él mismo hace explícito» en carta que había dirigido a Godoy, con la que le envía las seis entregas de la serie de Gabinete de lectura, «que hasta ahora llevo dados a luz…» (María Elena Arenas Cruz, Pedro Estala, vida y obra: una aportación a la teoría literaria del siglo XVIII español, Madrid, CSIC, 2003, p. 201).
[7] Carta 1 de Bosarte. Las doce cartas autógrafas de Bosarte a Viera se conservan en la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de La Laguna (Ms. 82).
[8] Carta 6 de Bosarte.
[9] Ídem.
[10] Ídem.
[11] Carta 7 de Bosarte.
[12] Carta 8 de Bosarte.
[13] Carta 10 de Bosarte.
[14] Carta IV de Viera.
[15] Carta 11 de Bosarte.
[16] Carta 12 de Bosarte. El poema de Viera (recogido en María Rosa Alonso, Floresta de Poesía Canaria. Viera y Clavijo, 1731-1813, La Laguna, Universidad, 1946, p. 23), se titula «Herencia que el poeta deja a don Isidoro Bosarte, secretario del Excmo. Sr. conde de Aguilar, embajador de España en la corte de Viena. Soneto», que dice así: Una manta de lana, una calota,/ Un sombrero candil, que fue de paja,/ Un bote de pomada y una caja/ Que tuvo polvos a la bergamota:/ Una chupa sin mangas, algo rota, / Una cerilla retorcida y maja,/ Un frasquito con opio, rica alhaja,/ Cuatro billetes y una gran pelota./ Dos trozos de un rabat, palos de dientes,/ Una toma de sal de Inglaterra,/ Tres petrificaciones excelentes,/ Dos zapatos de cuero de becerra,/ Dos alzacuellos viejos, indecentes,/ Una bayeta, un libro y mucha tierra (recogido también en José de Viera y Clavijo, Los aires fijos, ed., introd. y notas de José Cebrián, Santa Cruz de Tenerife, Idea, 2013, p. 82, y, asimismo, en José de Viera y Clavijo, Colección de poesías, ed. anotada de Manuel de Paz Sánchez, Puerto del Rosario, Cabildo Insular de Fuerteventura, 2012, p. 52).
[17] Carta 12 de Bosarte. Vid. Fig. 1.
[18] Viera escribe el apellido habitualmente con doble «ese», Bossarte, como era común en su época.
[19] Es decir, a partir de 1792.
[20] Se indica entre corchetes, ya que en la versión autógrafa disponible la datación figura al final de las misivas de Viera, no así en las de Bosarte.
[21] Mío Cid, vv. 1-2.
[22] Para una visión sintética y global, así como para precisar algunas observaciones de esta interesante teoría vid. Cristina Casado y Ricardo Colomo, «Un breve recorrido por la concepción de las emociones en la filosofía occidental», A Parte Rei: revista de filosofía, nº 47 (2006), y Lev S. Vigotsky, Teoría de las emociones. Estudio histórico-psicológico, Madrid, Akal, 2004, pp. 176-178, entre otras. Cebrián alude, en este mismo contexto, al Traité des sensations (1754) de Condillac (José Cebrián, op. cit., 1996, p. 212).
[23] «Conquasantes» en el ms. autógrafo.
[24] Eugenio Izquierdo de Ribera y Lazaún (Zaragoza, 1745-París, 1813), naturalista y diplomático. Segundo jefe o subdirector del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid y director a partir de 1792.
[25] Mío Cid, vv. 3-4: «Vio puertas abiertas e usos sin cañados, / alcándaras vacías sin pielles e sin mantos».
[26] Por error, «comiendo», en CARTAS, 2006: 188 y CARTAS-BVMC, 2015.
[27] «Filósofa», por error, en las eds. citadas y también en CARTAS, 1849: 25, con lo que se lee «carta filósofa».
[28] Jan Ingenhousz (1730-1799), descubridor de la fotosíntesis. Consejero personal de la Emperatriz María Teresa de Austria, amigo de Franklin y de otros sabios de su tiempo. Viera le trató en la capital austriaca y recibió sus enseñanzas. Figura ampliamente citado en José de Viera y Clavijo, Los aires fijos, op. cit., 2013, pp. 24, 74, 79, 83, 87-89, 146-148, 160, 161, 205, 231, 234. Vid., además, Alejandro Cioranescu, «José Viera y Clavijo y la cultura francesa», Revista de Historia, 88 (1949), pp. 293-329, en especial p. 314, y, asimismo, Howard Gest, «Bicentenary homage to Dr Jan Ingen-Housz, MD (1730-1799), pioneer of photosynthesis research», Photosynthesis Research, 63 (2000), pp. 183-190.
[29] Parece escribir φtisis, de acuerdo con el origen griego del vocablo, φθίσις.
[30] «Sebastán» escribe Viera. Personaje singular, vid. las cartas 1, 2, 4 y 5 de Bosarte.
[31] Esta frase sobre los famosos ingenieros, hermanos Delhuyar o Elhuyar, fue omitida en eds. precedentes de esta epístola de Viera (CARTAS, 1849: 26; 2006: 189 y CARTAS-BVMC, 2015). Vid. nota complementaria 1.
[32] Escrito «Alkorán».
[33] Jacob Golius (el orientalista holandés Jacob van Gool, 1596-1667), autor del Lexicon arabico-latinum, contextum ex probatioribus Orientis lexicographis, Lugduni Batavorum [Leiden], Typis Bonaventuræ & Abrahami Elseviriorum, 1653, entre otras obras relevantes.
[34] Francisco Angulo (m. 1815), ingeniero de minas, químico, alumno de la Academia de Freiberg, ingeniero director de minas en Taucique (Saboya), amigo de Fausto de Elhuyar. Afrancesado, ocupó cargos de relieve bajo José Bonaparte (Manuel Silva Suárez, ed., El Siglo de las Luces. De la industria al ámbito agroforestal, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, Prensas Universitarias-Madrid, Real Academia de Ingeniería, 2005, t. III, pp. 506-507).
[35] Su paisano Domingo de Iriarte, tal como escribe en el Diario, secretario de la Embajada de España en Viena, caballero pensionado de la distinguida orden de Carlos III. El tinerfeño Domingo de Iriarte y Nieves Ravelo (1739-1795), fue embajador en Polonia, políglota y erudito. Se formó en Francia e Inglaterra y, de regreso a España, ocupó desde fechas tempranas cargos importantes.
[36] Carlo Alessandro de Lellis (h. 1754-1822). Vid. nota complementaria 2.
[37] En compañía del abate Lena, que debía ser persona de envergadura física, visitó Viera, el 22 de marzo de 1781, el Colegio Teresiano de Viena, según recogió en su Diario (José de Viera y Clavijo, Estracto de los apuntes del diario de mi viaje desde Madrid a Italia y Alemania, Santa Cruz de Tenerife, Isleña, 1849, 2ª parte, p. 34).
[38] Se refiere a José Miguel de Flores (1724-1790), secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia y, en verdad, historiador inédito a la sazón. Vid. Álvaro de Luna (h. 1381/1388-1453), Crónica de D. Álvaro de Luna, condestable de los reynos de Castilla y de León, maestre y administrador de la orden y caballería de Santiago. La publica con varios apéndices Don Josef Miguel de Flores, secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia, segunda impresión, ed. de José Miguel Flores, Madrid, Antonio Sancha, 1784, pp. 203, 249, 320 y 353 en las que se alude a la expresión «notable Maestre».
[39] Vid., por ejemplo, Anton Ginther (1655-1725), Unus pro omnibus, hoc est: Christus Jesus Dei Filius, Augustæ Vindelicorum [Augsburgo], Georgii Schlüter y Martini Happach, 1726, pp. 257, 638.
[40] Ovidio, Metamorfosis, XV, 872: «Nec poterit ferrum nec edax abolere uetustas», alusión clásica a la fama y a la gloria y, asimismo, a la inmortalidad de las buenas obras, tal como se lee en Alejandro Neckam (1157-1217): «Opera igitur caritatis spirituali ornatu informata nec etiam edax temporis abolere poterit vetustas, dummodo stemus in illo qui stare nos facit» (Alexandri Neckam, De Naturis Reum, Thomas Wright [ed.], Londres, Longman, 1863, p. 33).
[41] En realidad, según el v. 7 del Poema, «fabló mío Cid bien e tan mesurado».
[42] Fray Francisco de Santo Agostinho Macedo (1596-1681), que escribió, entre otras obras de diversa temática, Controuersiæ selectæ aduersus hæreticos, & schismaticos, Roma, Philippi Mancini, 1663.
[43] Lucas Ramírez Galán (1715-1774), quien en su Specimen panopliæ sacræ (1750), combatió con tal virulencia las herejías y «doctrinas revolucionarias para su tiempo de algunas universidades» que el texto fue «mandado retirar por orden de Fernando VI» (Gonzalo Díaz, Hombres y documentos de la filosofía española, Madrid, CSIC, 1998, t. VI, p. 682).
[44] En alusión, lógicamente, a Viena.
[45] Bosarte escribe habitualmente «Prader» en lugar de «Prater», que es el que hemos utilizado en la presente edición. Vid. nota complementaria 3.
[46] José II de Habsburgo-Lorena (1741-1790), Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico.
[47] «Los vieneses — se lee años después en una edición de Mellado — son también muy aficionados al baile y al paseo; distracción a que se entregan en las cercanías de Viena en los jardines del Augarten y en el Prater, que es una inmensa pradera, cubierta de un bosque que divide un hermoso paseo de una legua de largo. Mientras se entregan a la alegría bajo la sombra de los árboles, que están interpolados con casas, cafés y tabernas, millares de carruajes de todas clases y caballos recorren el gran paseo que concluye con un pabellón, que es el límite de las carreras; allí se encuentra el Danubio y sobre sus márgenes un paseo plantado de árboles» (Francisco P. Mellado, Enciclopedia Moderna. Diccionario universal de literatura, ciencias y artes, agricultura, industria y comercio, Establecimiento tipográfico de Mellado, Madrid, 1851, t. IV, p. 100).
[48] En cursiva en el original, alude al derecho de ciudadanía desde sus orígenes romanos. «En una palabra, por la anatema se separa a los delincuentes más graves del cuerpo de la Iglesia; digo que se les separa, pues no solo quedan suspensos de ejercer los derechos que constituyen la comunión cristiana, sino que absolutamente se les priva de todos ellos, no de otro modo que perdían indistintamente todos los derechos de ciudadanos aquellos que eran deportados según la ley civil de los romanos» (Carlos Sebastián Berardi, Instituciones de derecho eclesiástico, …, parte segunda, Madrid, Imprenta viuda de Ibarra, 1791, p. 471).
[49] «Haugarden» escribe Bosarte.
[50] Mellado, en la obra y página citadas, recoge la referencia de un viajero que dice así: «En este paseo es donde se ve la carroza del soberano de Austria seguir a los demás coches en hilera, en vez de pararse estos para dejarle paso libre. En la mayor parte de las capitales de Europa, los simples lacayos del soberano y los de las personas más allegadas a él, tienen un aire de importancia tan risible como ridículo; en Viena son sencillos y modestos, y, cosa más rara en personas allegadas a los grandes, son políticas y atentas».
[51] «Tetis fue un día a buscar a este dios herrero con el fin de pedirle armas para Aquiles. “Vulcano al instante deja (dice Homero) su yunque; cojea de ambos pies y con sus piernas débiles y torcidas no deja de andar algo tieso; aparta sus fuelles del fuego y los pone con todos los demás instrumentos en un cofre de plata; limpiase con una esponja la cara, brazos, cuello y pecho. Vistese de una ropa magnífica, toma un cetro de oro y, en este estado, sale de su fragua» (Francisco Martínez, Prontuario artístico o diccionario manual de las Bellas Artes, Madrid, viuda de Escribano, 1788, p. 416).
[52] Fausto de Elhuyar o Delhuyar (1755-1833) y Juan José Delhuyar (1754-1796), a quienes ya nos hemos referido. Vid. la citada nota complementaria 1.
[53] Es curiosa esta aseveración de Bosarte, sobre todo porque resultaba común el uso, entre los masones, de nombres simbólicos relacionados con grandes figuras históricas y, en especial, con personalidades vinculadas a la propia rama profesional.
[54] «Gradó exir de la posada — e espidiós de amos» (Mío Cid, 11, 200).
[55] «Allí piensan de aguijar, — allí sueltan las riendas» (Ibíd., 1, 10).
[56] Felipe Fonsdeviela y Ondeano (1725-1784), marqués de la Torre, de quien había sido secretario Miguel José de Azanza (1746-1826), cuando el primero ocupó la capitanía general de Cuba. Miguel José de Azanza alcanzó altos puestos de gobierno, entre otros el de virrey de Nueva España. Vid. Miguel José de Azanza y Gonzalo O’Fárrill, Memoria de — sobre los hechos que justifican su conducta política, desde marzo de 1808 hasta abril de 1814, París, P. N. Rougeron, 1815.
[57] A quien Viera se refiere más arriba como Sebastián o Sebastán del Piombo, evidentemente en tono jocoso.
[58] Mío Cid, 23, 461.
[59] La soprano italiana Brígida Giorgi, más conocida por su nombre de casada Brígida Banti (1757-1806), es importante en su carrera su actuación en Viena, en 1780.
[60] Lo mismo que empresarios, pero bajo la acepción de productores de óperas, empresarios de espectáculos. La cursiva es mía.
[61] Joseph Johann Baptist Anton, conde de Thun y Hohenstein (1767-1810).
[62] František de Paula Jan Josef, conde de Thun y Hohenstein (1734-1800), quien debe ser el amigo de Mozart al que se refiere Jan Assmann por sus intereses esotéricos, cuando escribe: «puede darse por hecho que estas logias se hallaban próximas al mundo de ideas y a las metas del Iluminismo, y lo mismo puede también presuponerse sin duda para La flauta mágica, surgida de este medio. Por otra parte, muchos francmasones prominentes oscilaban entre el Iluminismo y las orientaciones más espirituales de los rosacruces y de los Hermanos Asiáticos. Esto es especialmente cierto en los casos de amigos de Mozart como Otto von Gemmingen, que simpatizaba con los Hermanos Asiáticos, y Franz Joseph conde de Thun-Hohenstein, “el muy raro, pero bienpensante y justo caballero” que era curandero, Hermano Asiático y rosacruz» (Jan Assmann, La flauta mágica. Ópera y misterio, Madrid, Akal, 2006, p. 128).
[63] Leopold Kaspar, conde de Clary y Aldringen (1736-1800).
[64] Tras la pérdida de su primera esposa, el IX marqués de Santa Cruz de Mudela, José Joaquín de Silva-Bazán (1734-1802), contrajo segundas nupcias, el 16 de abril de 1781, con la condesa austríaca Mariana Waldstein Wartenberg [o Wartemberg] Lichtenstein, dama de la orden de la cruz estrellada, con la que tuvo descendencia (José de Viera y Clavijo, Diario de viaje desde Madrid a Italia, ed., introd. y notas de Rafael Padrón Fernández, La Laguna, IEC, 2006, pp. XXII-XXIII). Protectora de las Bellas Artes como el resto de su familia, consta como académica de honor y «directora honoraria por la pintura en primero de diciembre de 1782» de la Real Academia de San Fernando (Distribución de los Premios… Real Academia de San Fernando, 13 de julio de 1799, Madrid, viuda de Ibarra, 1799, p. 109), y en la entrega de 1802 figura ya como «marquesa viuda de Santa Cruz» (Distribución de los Premios…, 24 de julio de 1802, Madrid, viuda de Ibarra, 1802, p. 131).
[65] El dominico Pietro María Gazzaniga (1720/1722-1799), consejero de la Emperatriz, publicó varias obras, entre otras Dissertationes duæ de creatione rerum ex nihilo et de angelis, Vindobonæ [Viena], Joannis Thomæ, 1777; Theologia polemica ad usum auditorum, Vindobonæ [Viena], Joannis Thomæ, 1778 o Prælectiones theologicæ, Venecia, Typographia Balleoniana, 1794. Viera le menciona en su Diario, como luego se dirá.
[66] Jan Ingenhousz (1730-1799), ya mencionado.
[67] A LOS AÑOS DE LA EXCMA. SEÑORA MARQUESA DE SANTA CRUZ, Dª. MARIANA WALDSTEIN. SONETO/ ¡Oh del Danubio ninfa bella y rara!, / Copia, envidia y honor de sus pensiles, / Mayo te adora, y tus diez y ocho abriles/ Hoy corona con rosas de tu cara: / Vive cual primavera, y en el ara / De Himeneo y Amor, víctimas miles / Ofrece de tus flores juveniles, / Que frutos rindan de una prole clara. / Vive, pues vas a ser, cual primavera, / Del Manzanares plácido ornamento, / Del Viso y Santa Cruz deidad primera, / De cuantos te trataren el portento, / De una gran casa la esperanza entera, / Y de tu esposo el último contento. / París 30 de Mayo de 1781 (Figura recogido en José de Viera y Clavijo, op. cit., 1849, Estracto… de mi viaje…, pp. 77-78; vid., además, José de Viera y Clavijo, Colección de poesías, ed. anotada de Manuel de Paz Sánchez, Puerto del Rosario, Cabildo Insular de Fuerteventura, 2012, p. 54).
[68] «Yo caí, mayor fue la caída de Luzbel…» (Francisco de Quevedo, Obras, Amberes, viuda de Henrico Verdussen, 1726, t. I, p. 540).
[69] Poeta barroco zaragozano, autor de Lyra poética, obra póstuma que vio la luz en la capital aragonesa, en 1688. Así, en la página 108, por ejemplo, pueden leerse sus quintillas a San Bruno, cuya fiesta celebraba el hospital de Zaragoza. Dice la primera estrofa: «De Bruno al sacro concurso / el Noble obsequio me llama, / y hago al Hospital recurso, / pues para cualquier discurso / se halla en él hecha la cama».
[70] Inicial en mayúscula en el original, como si se refiriese a un establecimiento concreto.
[71] El ya citado Domingo de Iriarte.
[72] Eugenio Izquierdo de Ribera y Lazaún, ya mencionado.
[73] Iacobus Golius (ed.), Ahmedis Arabsiadæ vitæ et rerum gestarum Timuri, qui vulgo Tamerlanes dicitur, historia, Lugduni Batavorum [Leiden], Typographia Elseviriana, 1636. Vid., además, Jan Loop, Johann Heinrich Hottinger. Arabic and Islamic Studies in the Seventeenth Century, Oxford, Oxford University Press, 2013, p. 15.
[74] Johann Jakob Reiske (1716-1774), erudito alemán orientalista, pionero en el conocimiento de la filología árabe y bizantina, así como en el estudio de la numismática islámica.
[75] Abu al-Fida (1273-1331), historiador, geógrafo y sultán, natural de Damasco. Escribió, entre otras obras, los Annales Moslemici. Vid. Io. Iacobus Reiske (ed.), Abilfedæ Annales Moslemici, latinos ex arabicis fecit, Lipsiæ, Officina Gleditschiana, 1754.
[76] La cursiva es mía. He respetado la ortografía original de siríaco y caldeo.
[77] Giuseppe Garampi (1725-1792), vid. nota complementaria 4.
[78] Juan Andrés y Morell (1740-1817), Dell’origine, progressi e stato attuale d’ogni Letteratura, Parma, Stamperia Reale, 1782, t. I, de la que salieron varios volúmenes en fechas posteriores y, más tarde, se tradujo parcialmente al castellano.
[79] La famosa ed. de 1780 corregida por la Real Academia Española, en cuatro volúmenes.
[80] Debe referirse a la decimoquinta impresión de la Historia general de España de Juan de Mariana (1536-1624), cuyo tomo I salió en Madrid, por Andrés Ramírez, en 1780.
[81] Posiblemente se trate del opúsculo Distribución de los premios concedidos por el rey nuestro señor a los discípulos de las nobles artes, hecha por la Real Academia de San Fernando en la junta pública de 14 de julio de 1781, Madrid, Joachín Ibarra, 1781.
[82] Del griego ἐριστικός, discutidor. Se refiere al diplomático, humanista y mecenas José Nicolás de Azara y Perera, I marqués de Nibbiano (1730-1804), hermano del naturalista Félix de Azara. Protegió al pintor y crítico de Arte Antón Rafael Mengs (1728-1779). Vid., entre otras varias obras de su glorificación decimonónica, Basilio Sebastián Castellanos de Losada, Historia de la vida civil y política del célebre diplomático… D. José Nicolás de Azara, Madrid, 1849, t. I, pp. 166 y ss.
[83] Antón Rafael Mengs, Opere di Antonio Raffaello Mengs … publicate da D. Giuseppe Niccola D’Azara, Parma, Stamperia Reale, 1780, 2 vols. También se publicaron en Madrid (Imprenta Real de la Gaceta, 1780) por el propio «don Joseph Nicolás de Azara, caballero de la orden de Carlos III, del consejo de SM en el de Hacienda, su agente y procurador general en la corte de Roma».
[84] Andries Cornelis Lens (1739-1822).
[85] Mío Cid, vv. 2286-2287.
[86] Leemos en el Diario de Viera, en referencia al 18 de abril de 1781 en que se despide de la capital austriaca. «Abril 18.— Despedidos de la corte de Viena, en donde habíamos residido con la mayor satisfacción cinco meses cabales; salimos a las nueve y media de la mañana por la puerta de palacio. El día estaba claro y hermoso. Los coches eran tres, contando el de nuestro embajador conde de Aguilar, que quiso acompañarnos algunas postas. También acompañaba a su hermana la nueva señora marquesa de Santa Cruz, el conde Fernando Waldstein. Dicha señora llevaba consigo a España dos criados, mademoiselle Catalina, francesa, y madama Carlos, italiana, con su marido Mr. Carlos» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 44).
[87] Palacio de Schönbrunn, residencia de verano de la familia imperial a partir de María Teresa, quien determinó la realización de reformas muy destacadas en el edificio, sus jardines y la decoración interior. Patrimonio de la Humanidad (1996).
[88] Franz Xaver Wolfgang von Orsini-Rosenberg (1723-1796), diplomático y cortesano. Según Jackson, este jefe pro-italiano de la Ópera Imperial había sugerido a Mozart que intentara hacer una ópera italiana y, en cualquier caso, no parece que mostrara especial interés en apoyar la carrera del músico universal (Gabriel Jackson, Mozart. Vida y ficción, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2003, pp. 82, 125). Viera fue recibido por Rosenberg y por otras personalidades durante su estancia en Viena, según anotó orgulloso en su Diario, en la entrada del 22 de noviembre de 1780 (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 8).
[89] Condesa de Wurmbrand-Stuppach, probablemente. También podría tratarse de la condesa Wirme (vid. carta 11 de Bosarte).
[90] Pedro Pablo Rubens (1577-1640).
[91] La transcripción es dudosa, thausch o bien thousch. Se trata seguramente del llamado tasche, baile al que se refirió Viera en su Diario (18 de febrero de 1781): «¿Tocaba la viva y alegre sinfonía del país que llaman el tasche o alemanda? Pues del mismo modo se armaba una danza general y pareada, que giraba en rueda por el contorno de la pieza, cada par en movimiento vorticoso, de tal manera que los guardapiés levantaban una ventilación saludable, que refrigeraba el calor del salón, bien que de cuando en cuando entraban unos mozos y humedecían las salas, arrastrando paños mojados por el suelo. Esta danza del tasche es muy extraña y admirable, pues solo un hábito adquirido desde la niñez pudiera dar tanta firmeza a las cabezas para no marearse, girando alrededor por tan largo tiempo. Nos retiramos a las cuatro de la mañana» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 25).
[92] María Fiódorovna (1759-1828), segunda esposa de Pablo I de Rusia (1754-1801), zar entre 1796 y 1801 en que fue asesinado.
[93] Maximiliano Francisco de Habsburgo-Lorena (1756-1801), hijo menor de María Teresa de Austria.
[94] Joseph Bathiani o József Batthyány (1727-1799), arzobispo de Strigonia [Esztergom], primado de Hungría, tuvo un destacado papel mediador en relación con las reformas eclesiásticas de José II.
[95] Antón Migazzi (1714-1803), arzobispo de Viena. Viera lo conoció en Viena, el 19 de noviembre de 1780 y señaló que, en su palacio, «había una muy lucida tertulia o conversación de damas y señores, mesas de juego, etc.». También compartió su mesa el 8 de enero de 1781, a cuya comida asistió asimismo el cardenal Bathiani (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, pp. 7 y 16).
[96] Volatería.
[97] Zorzal (Turdus viscivorus, L.).
[98] Histórico vino de Tokaji, Tokay o Tocai, región vinícola de Tokaj-Hegyalja (Hungría), que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad.
[99]El 3 de febrero de 1781 se lee en el Diario de Viera: «el 3 fuimos casa de Mr. Grembrin, casado con una señora de Cádiz que tiene dos niñas muy preciosas, y vimos su gabinete de pájaros y diversas aves bien conservadas y colocadas con el mayor primor. De allí saliendo de la ciudad fuimos a un paraje llamado Neudort [Neudorf], en donde vimos otro gabinete de animales» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 19).
[100] «Otro dicho camino», (tachado).
[101] Mío Cid, vv. 2286-2287, citados.
[102] Se indica entre corchetes, ya que en la versión autógrafa la datación figura al final de las misivas de Viera, no así en las de Bosarte.
[103] «Eujacio» en diferentes eds. de esta epístola (CARTAS, 1849: 33; 2006: 191 y CARTAS-BVMC, 2015). Se trata, a pesar de que no tuvo sino un hijo y una hija reconocidos en sendos matrimonios (Diccionario histórico o biografía universal compendiada, Barcelona, Narciso Oliva, 1831, t. IV, p. 578), de Cujacio, tal como escribe Viera en el original en referencia al humanista y jurisconsulto francés Jacques Cujas (1522-1590), conocido entre los especialistas del Derecho moderno por Jacobo Cujacio, Cuyacio o Cujacius. Admirado por Gregorio Mayans (vid., por ejemplo, Fernando Durán López, Vidas de sabios [el nacimiento de la autobiografía moderna en España (1733-1848)], Madrid, CSIC, 2005, p. 285), sus aportaciones en relación con la inigualable herencia legal y cultural del Derecho Romano llegan a nuestra época (vid., asimismo, Francisco Cuena Boy, El fideicomiso de residuo en el Derecho Romano y en la tradición romanística hasta los códigos civiles, Santander, Universidad de Cantabria, 2004, pp. 116 y ss.).
[104] «Muy», erróneamente, en eds. anteriores (CARTAS, 1849: 33; 2006: 192 y CARTAS-BVMC, 2015). La frase es importante, ya que Bosarte se fija en ella y la repite.
[105] Las iniciales en mayúsculas en el ms. original.
[106] «Hourices» en el ms. original.
[107] «Beatísimos», por error, en las eds. anteriores de esta carta (CARTAS, 1849: 34; 2006: 192 y CARTAS-BVMC, 2015).
[108] Vid. carta 1 de Bosarte.
[109] Vid. nota complementaria 5.
[110] Las reformas de José II redujeron los conventos en un cincuenta por ciento y aumentaron el clero secular en detrimento del regular, abolió la servidumbre, reformó la justicia, implantó la tolerancia religiosa, etc. Se le criticó su precipitación en algunas de estas medidas, sus inversiones en infraestructuras no siempre rentables y se le acusó de derrochar en la milicia lo que antes se gastaba en el clero. Sus reveses internacionales parece que precipitaron su muerte (Josef de Urrutia, Compendio de una descripción característica de la vida de Josef II, Emperador de romanos, Madrid, 1790, pp. 35 y ss.).
[111] El Banco Nacional de San Carlos.
[ 112] Vid. Colección de las órdenes expedidas por la comisaría general de la Santa Cruzada y demás gracias, sobre el uso que debe hacerse del indulto apostólico quadragesimal para poder comer carne en los días que expresa, Valencia, Hermanos de Orga, 1796, pp. 11-20.
[113] Se refiere a la Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones, en el propio paseo del Prado.
[114] Viera escribe «Coma Somnolenta» con ambas iniciales en mayúscula (la cursiva es mía). En las eds. previas de esta misiva se lee, sin embargo, «cama soñolienta» (CARTAS, 2006: 193 y CARTAS-BVMC, 2015), con la variante «soñolenta» en CARTAS, 1849: 34. Según la práctica racional de Medicina del Dr. Rowley, «el coma sonnolento es una propensión al sueño, en la que no obstante que el paciente puede despertarse a causa del movimiento de los agentes externos, cae luego otra vez inmediatamente en la modorra o sueño» (William Rowley [1742-1806], Obras del célebre Guillelmo Rowley, trad. Joaquín Serrano y Manzano, Madrid, Imprenta de Villalpando, 1798, t. III, p. 368).
[115] El nombre de este distrito o arrabal vienés es Hernals. Viera visitó y describió el calvario en su Diario (18-03-1781): «Después de comer fuimos [FUI] con nuestros españoles al campo y arrabal de Hernhaal [sic], adonde suele haber gran concurso los domingos de cuaresma, con motivo de un célebre calvario que van a visitar las gentes. Este es un montecillo artificial, en cuya subida pendiente se encuentran todos los pasajes del vía crucis, representados en figura [IMÁGENES] de escultura al [DEL] natural, muy terribles, pero que mueven mucho la devoción de aquel populacho. Al lado está una iglesia de padres paulinos, con un sinnúmero de capillitas separadas, imitando los Santos Lugares de Palestina. Había mucha gente de a pie y entre ella se paseaba familiarmente el Emperador con el archiduque Maximiliano y el príncipe Alberto. La tarde estuvo [ESTABA] muy apacible» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 33). Entre corchetes y en versalitas figuran expresiones alternativas pertenecientes al original del Diario de Viera, de acuerdo con la versión en preparación que me facilitó, en su día, Rafael Padrón Fernández. Viera vuelve a mencionar este pintoresco distrito vienés el día 1º de abril, cuando le acompañaron sus amigos Carlos Lellis y los hermanos Elhuyar o Delhuyar, «al paseo de Hernaals en donde había un muy lucido y numeroso concurso de gente de a pie, y luego de paso entramos en la casa de campo de los barones de Kinmer… Anduvimos los jardines, toda la casa y el mirador, que tiene vistas estupendas» (Ibíd., p. 37).
[116] Esta locución de despedida en francés tampoco se incluye en eds. previas de esta carta (CARTAS, 1849: 35; 2006: 193 y CARTAS-BVMC, 2015).
[117] Salvo por la postdata y sutiles diferencias, esta carta figura transcrita en José Cebrián, op. cit., 1996, p. 215.
[118] «Muy respetable Padre», según la traducción de Larosi Haidar (profesor de la Universidad de Granada), cuya colaboración para trasladar al castellano los textos árabes de esta carta agradezco vivamente.
[119] Vid., más abajo, la carta III de Viera.
[120] «Fuerte Ventura» en el original.
[121] Traducción de Larosi Haidar entre dobles corchetes. La referencia al Graben como espacio público singular consta en el siguiente testimonio del Diario de Viera (4 de diciembre de 1780): «Paseo por el Groven [Graben], que es una plaza donde hay mercado, un gran triunfo de piedra, una fuente cubierta de madera en el invierno, como todas las de Viena, para poner el agua a cubierto de los yelos, mucho concurso de gente, por ser aquel un paraje como la Puerta del Sol de Madrid» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 11), en realidad se trataba del núcleo fundacional de la ciudad, desde época romana. En el siglo XVIII no solo era el paseo de moda, sino que constituía el escenario festivo por antonomasia de las élites urbanas.
[122] La expresión se utiliza como sinónimo de invasión, por ejemplo en Lorenzo Echard cuando escribe sobre el emperador Decio, que pagó de ese modo su crueldad con los cristianos: «El cielo, vengador de la inocencia, permitió que el castigo [al margen: Decio, año 250 de N. S.] de esta culpa cayese sobre él, sobre su hijo, sobre toda su armada y lo que más es, sobre todo el Imperio, por una nueva inundación de godos y de otros pueblos bárbaros, que de allí adelante causaron su ruina» (Lorenzo Echard, Historia romana, desde la fundación de Roma hasta la traslación del imperio por Constantino, Bruselas, Hermanos de Tournes, 1735, t. VI, pp. 248-249).
[123] Escrito Rempar en el original, Viera se refiere a una alameda arbolada durante su estancia en Viena, en realidad el «Rampart» o muralla. Así, el 19 de noviembre de 1780, escribe en referencia a la ciudad: «La situación es agradable junto al pequeño río Viena, que se incorpora allí con el Danubio. Las casas de la ciudad son altas y grandiosas, pero no hay buenas calles. Rodéanla las murallas que llaman el Rempart y por sus puertas se sale a un campo raso, más allá del cual están los arrabales de buenos edificios». El 3 de abril de 1781 se fue a pasear por el Rampart y calles aledañas y, en el Groven [Graben], se encontró al Emperador que iba solo a caballo, salvo por la compañía de un «simple lacayo detrás» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, pp. 6 y 37).
[124] Pietro Antonio Domenico Bonaventura Trapassi (1698-1782), más conocido por Metastasio. Viera lo conoció en Viena muy complacido, el 24 de noviembre de 1780: «Después recibimos con mucha complacencia la visita del célebre Metastasio, poeta cesáreo, que en medio de su avanzada edad conservaba bastante viveza, gran memoria y afecto a los libros españoles» (José de Viera y Clavijo, op. cit., 1749, p. 9).
[125] Juan Vicente Gravina (1664-1718), fundador de la Academia de los Arcades.
[126] Palabras de Eneas a Dido: «diuersa exilia et desertas quaerere terras / auguriis agimur diuum, classemque sub ipsa / Antandro et Phrygiae molimur montibus Idae,/ incerti quo fata ferant, ubi sistere detur». Es decir, «nos vemos empujados por los augurios de los dioses a buscar lejanos destierros y tierras abandonadas y al pie de la misma Antandros y de las cumbres del Ida frigio construimos una flota sin saber a dónde nos llevarían los hados y dónde se nos permitiría establecernos, Aen. III 4-7» (Dulce Estefanía, «La fundación del Eneas virgiliano en el Lacio: una nueva Troya», Revista de Estudios Latinos, 6 [2006], pp. 17-39, la cita en p. 18).
[127] Es decir, «Oxte ni moxte».
[128] «Marquesina Mantuana» en el original. En principio podría aludir a Virgilio o, tal vez, al grupo de eruditos españoles, en particular madrileños, residentes en Viena a la sazón.
[129] Alusión al tomo IV de las Noticias de Viera.
[130] Como en un almanaque o calendario, de acuerdo con los ciclos litúrgicos.
[131] Guillaume-Thomas Raynal (1713-1796), el famoso abbé Raynal, autor de varias obras, algunas de ellas por encargo. En 1770 dio a la estampa, escudándose en el anonimato, Histoire philosophique et politique des établissements et du commerce des Européens dans les deux Indes (Historia filosófica y política de los establecimientos y del comercio de los europeos en las dos Indias), que ha sido definida como una enciclopedia del anticolonialismo europeo del siglo XVIII. Viera lo utiliza con cierta frecuencia, sin nombrarlo específicamente, en sus Noticias.
[132] María Carolina Lichnowsky, probablemente.
[133] «Harrak» en el original. Debe tratarse de María Josefa Eleonora Nicolaus de Liechtenstein (1763-1833), casada en enero de 1782 con Johan Nepomuceno conde de Harrach (1756-1826). Sobre la importante colección pictórica de este linaje, vid. Javier Ignacio Martínez del Barrio, «La colección de pintura española de los Harrach», Anales de Historia del Arte, vol. extraordinario (2008), pp. 291-306.
[134] El también citado Miguel José de Azanza.
[135] Carlos Eugenio de Wurtemberg (1728-1793).
[136] «Conde de Urach» y «príncipe de Witemberg», según la Gaceta de Madrid, 2-07-1782, p. 529.
[137] Johann Anton von Pergen (1725-1814).
[138] Karl von Zinzendorf (1739-1813).
[139] Ludwig conde de Cavriani (1739-1799).
[140] Joseph Herberstein (1757-1816), posiblemente.
[141] Debe referirse a Johann Adam Joseph von Auersperg (1721-1795).
[142] Karl Liechtenstein (1730-1789).
[143] Debe referirse a Vicente Martín y Soler (Valencia, 1754-San Petersburgo, 1806), llamado en Italia Martini o Lo Spagnuolo, fue desde muy joven músico, compositor y organista de Alicante, pasando luego a Madrid y pronto a Italia. En 1785 se trasladó a Viena y conoció allí a Da Ponte, con quien compuso algunas obras como, por ejemplo, «Una cosa rara». El príncipe de Asturias, don Carlos (luego Carlos IV), le ofreció una pensión anual y el nombramiento de maestro de capilla de palacio. Catalina II lo llamó a San Petersburgo, encargándole la dirección de la ópera. Viera le conoció, en efecto, en su viaje a Italia (José de Viera y Clavijo, Diario de viaje… a Italia, op. cit., 2006, p. 178).
[144] Carlo Alessandro de Lellis (h. 1754-1822), a quien ya nos hemos referido.
[145] Se refiere a la ed. de Miguel Casiri. Vid. carta 7 de Bosarte del 17-07-1782.
[146] El altar mayor de la iglesia de San Miguel (Michaelerkirche) fue diseñado por Jean Baptiste d’Avrange y las esculturas y el estucado fue obra del escultor Karl Georg Merville (1751-1798).
[147] [N. A.]: Príncipe Jorge-Adán de Starhemberg, caballero del toisón, gran cruz del orden de San Esteban, consejero íntimo, actual ministro plenipotenciario en el País Bajo austriaco.// El diplomático Georges-Adam de Starhemberg (1724-1807).
[148] La grafía de la fecha parece indicar también «1º de junio», pero nos inclinamos por «10 de junio», lo mismo que CARTAS, 2006: 195, pero al contrario que CARTAS, 1849: 36 y CARTAS-BVMC, 2015.
[149] Se indica entre corchetes, ya que en la versión autógrafa la datación figura al final de las misivas de Viera, no así en las de Bosarte.
[150] El célebre arabista hispano-libanés Miguel Casiri (1710-1791), miembro de la Real Academia de la Historia, al que también nos hemos referido.
[151] «Y don Alonso Fernández de Córdova, alcalde de los moros y cristianos por el rey de Castilla, y Mahomad Cabdon, alfaqueque mayor de los moros por el rey de Granada, los dieron por bien tomados, y mandaron que ni los ganados de los cristianos ni los moros paciesen aquel lugar y fuese yermo hasta que otra cosa determinasen» (Gonzalo Argote de Molina, Nobleza de Andalucía, Sevilla, Fernando Díaz, 1588, p. 304v). No obstante, vid. la nota final de la carta número 6 de Bosarte, que remite a la complementaria 6.
[152] Pongo un ejemplo representativo, a través del conocido tratado de Sandoval: «Y persuadido ya el padre a que están bastantemente dispuestos, se les pone a todos diez un nombre de los más comunes que puedan pronunciar, haciéndoselo repetir, para que no se olviden de él, y los unos lo puedan acordar a los otros, si por caso alguno se olvidare: diciéndoles que con aquel nombre se han de llamar, y conocer de allí adelante por cristianos e hijos de Dios, dejando y olvidando el con que de antes se nombraban de su tierra, porque era nombre de moro, de gentil y de hijo del demonio» (Alonso de Sandoval, Naturaleza, policía sagrada i profana, costumbres i ritos… de todos los etíopes, Sevilla, Francisco de Lira, 1627, p. 282v).
[153] La frase «que poseyesen el árabe» también se ha omitido en CARTAS, 1849: 37; 2006: 196 y CARTAS-BVMC, 2015.
[154] La frase «desde Viena», ídem.
[155] Actualmente distrito de Beyoğlu en Estambul. Se le llamó Pera hasta el siglo XX.
[156] En su Diario escribió Viera (11-02-1781), después de visitar la Universidad de Viena: «Habiendo dado por la noche un paseo con don Isidoro Bosarte, me llevó a ver unos judíos de Levante, quienes hablaban buen español y mostraban suspirar por la morada de España, como sus antepasados por la tierra de promisión» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, pp. 22-23).
[157] Habitantes de la ciudad albanesa de Dulciño, «una ciudad fuerte con un obispo católico romano, un buen puerto y una ciudadela. Sitiáronla sin efecto los venecianos en 1696. Los habitantes tienen el nombre de dulciñotas y son grandes corsarios» (William Guthrie [1708-1770], Geografía universal, Madrid, Imprenta de Villalpando, 1807, t. VIII, p. 341).
[158] «Perficionarse» en el original.
[159] «Como el mismísimo Casiri» falta también en las eds. anteriores de esta carta, si bien la frase ha sido citada correctamente por José Cebrián García desde su primera ed. crítica de Los aires fijos de Viera y Clavijo, Frankfurt, Peter Lang, 1997, p. 53.
[160] Esta última frase también se suele omitir en las eds. anteriores de esta epístola, a partir de «correo».
[161] Esta carta de Bosarte parece indicar «julio 10», pero también podría leerse «julio 1º», cuyo contenido alude evidentemente a la antecedente que le dirigió Viera, desde Madrid, el día 10 del mes anterior, y cuya datación también resulta un tanto confusa, tal como se dijo.
[162] El humanista e historiador andaluz Ambrosio de Morales (1513-1591).
[163] En el colofón de Ambrosio de Morales, Los cinco libros postreros de la corónica general de España, que continuaua —, natural de Cordoua, coronista del rey catholico nuestro señor don Phelipe segundo…, Córdoba, Gabriel Ramos Bejarano, 1586. Vid., además, Enrique Redel, Ambrosio de Morales. Estudio biográfico, Córdoba, Imprenta del «Diario», 1909, pp. 263-270, donde se alude a su presencia, asimismo, en la inauguración de las obras de canalización del Tajo, a principios de 1582, en las que participaron los ingenieros Juan Bautista Antonelli, Juan de Herrera y Juanelo Turriano.
[164] La Sublime Puerta, sede de la máxima representación del poder otomano.
[165] Lucas 10, 38-42.
[166] Vid. nota complementaria 6.
[167] La frase tiene mucho rodaje, en especial en el Siglo de Oro, pero, probablemente, está basada en Feijoo, carta XXVII (Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, Cartas eruditas y curiosas, Madrid, Miguel Escribano, 1774, t. I, p. 213).
[168] Miguel Casiri, Bibliotheca arabico-hispana escurialensis, Madrid, Antonio Pérez de Soto, 1760, t. I y 1770, t. II.
[169] Carlo Alessandro de Lellis.
[170] Anton von Störck (1731-1803), que también fue médico personal de la Emperatriz María Teresa. Publicó varias obras y experimentó con la utilidad farmacológica de compuestos tóxicos, como los derivados del estramonio, Datura stramonium (vid., por ejemplo, Antonii Störck, Libellus, quo demonstratur: stramonium, hyoscianum, aconitum…, Viena, Joannis Thomæ Trattner, 1762).
[171] Quinto trabajo de Heracles. Lellis siguió interesándose por la Veterinaria, por la limpieza de los establos y por evitar el maltrato a los animales domésticos. Así se lee en el Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los párrocos, Madrid, 14 de diciembre de 1797, nº 50, pp. 371-372: «Don Carlos Alexandro de Lellis, cónsul de SM en Trieste, avisa a los editores con fecha de 20 de septiembre último, haberse manifestado en los bueyes una epidemia que hacía terribles estragos en aquel territorio, con cuyo motivo el doctor Rondolini, médico y veterinario, había exhortado de orden del gobierno con mucha energía a los labradores, a que cuidasen mejor del ganado, no solo por su importancia, sino también porque la epidemia podía pasar de los brutos a los hombres y hacer en ellos igual destrozo […]».
[172] Diego Laínez (1512-1565). Como padre conciliario de Trento es cierto que, por razones de salud, llegaron a prorrogarse determinadas sesiones del concilio, con lo que fue axioma común sessio prorogatur; quia Laynez infirmatur (Joseph Ribot y de Alegre, Camino a la perfección christiana, Barcelona, María Martí, 1729, p. 365; Pedro de Ribadeneyra, Obras…, Madrid, viuda de Pedro Madrigal, 1595, p. 232).
[173] «Papá Musulmán», con iniciales en mayúscula, en el original.
[174] San Osio de Córdoba (256-357), promotor del concilio de Nicea, se le presionó, desterró y torturó sin éxito para que se adhiriera al arrianismo.
[175] Miguel Casiri, Bibliotheca arabico-hispana escurialensis, op. cit., en dos tomos.
[176] Juan Andrés y Morell, Dell’origine, progressi e stato attuale d’ogni Letteratura, op. cit., 1782, t. I.
[177] La expedición botánica al Caribe, realizada entre 1783 y 1788, que dirigió Franz Josef Maerter o Märter (1753-1827), junto a los jardineros imperiales Franz Bredemeyer y Franz Boos (1753-1832) (Josef Haubelt, «Haenke, Born y Banks», Ibero-Americana Pragensia, IV [1970], pp. 179-197; Helga Lindorf, «Notices on the Austrian Expedition in Venezuelan Document Dated 1787 and Comments on Botanical Names Linked to the Collectors», Acta Botánica Venezuélica, 27 [1], [2004], pp. 57-64; Santiago Madriñán, Nikolaus Joseph Jacquin’s American Plants: Botanical Expedition to the Caribbean (1754-1759) and the Publicación of the Selectarum Stirpium Americanorum Historia, Leiden, Brill, 2013, pp. 73-74). Vid., además, Miguel A. Puig-Samper (2012) «Illustrators of the New World. The Image in the Spanish Scientific Expeditions of the Enlightenment», Culture & History Digital Journal 1(2): m102. doi: http://dx.doi.org/10.3989/chdj.2012.m102.
[178] Según Zaffaroni, Austria se había esforzado por separarse del Derecho penal común germánico y de la Constitutio Criminalis Carolina del siglo XVI, y, por ello, en 1768, adoptó la Constitutio Criminalis Theresiana que, en general, no pasó de ser una superación formal del Derecho penal común alemán, pero, según este autor, «casi al tiempo en que se sancionó la Teresiana, se difundía prestamente por toda Europa el movimiento penal iluminista, que halló en Austria a un notable representante en la pluma del brillante jurista Joseph von Sonnenfels (1733-1817), defensor de las ideas de Montesquieu y de Beccaria y de la teoría de la coacción psicológica de la pena de Pufendorf, quien publicó en 1775 su trabajo sobre la abolición de la tortura». La influencia de Sonnenfels incidió en la supresión de la tortura en 1776 y que José II llevase a cabo una reforma del sistema penal, mediante un código único para Austria, Hungría y Transilvania, que fue sancionado definitivamente en 1787, el Código Josefino. «La pena de muerte era reemplazada por penas corporales y por privación de libertad en trabajos que fuesen útiles. Las penas del Código Josefino, sin embargo, no dejaban de ser singularmente crueles (hierros, prisión con trabajos públicos, palo, látigo y picota o exposición pública)» (Eugenio Raúl Zaffaroni, «Una experiencia notable: El nuevo Derecho penal austríaco», Anuario de Derecho penal y ciencias penales, Madrid [1980], t. 33 [3], pp. 707-729, especialmente p. 708). Vid., además, Michel Foucault, Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, México, Siglo XXI, 2005, pp. 16, 121, y, desde luego, Cesare Bonesana, marqués de Beccaria [1738-1794], Tratado de los delitos y de las penas, trad. de Juan Antonio de las Casas, Madrid, Joachin Ibarra, 1774).
[179] Batthyány. Se cita al cardenal de este apellido en la carta 2 de Bosarte. Viera asistió a una comida, en casa de la condesa de La Puebla, en la que también participó la princesa Bathiani, el 11 de diciembre de 1780 (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 13).
[180] Uhlefeld o Ulfeldt.
[181] Waldstein.
[182] El gran asedio de 1779-1783. Vid. Ángel María Monti, Historia de Gibraltar, Sevilla, Juan Moyano, 1851, pp. 136-137 y 149-162, con especial referencia al citado duque de Crillon, quien también participó activamente en estas operaciones militares, aunque con menos fortuna que en Baleares.
[183] Franz de Paula Neumann (1744-1816), canónigo agustino de Santa Dorotea, director del Kunsthistorisches Museum de Viena, erudito y numismático, amigo también de Viera (José de Viera y Clavijo, op. cit., Memorias, 2012, pp. 130-131; José de Viera y Clavijo, op. cit., Diario de viaje… a Italia, 2006, pp. 35, 54).
[184] Wurtemberg, vid. carta 5 de Bosarte del 22 de mayo de 1782.
[185] «La relación de las monedas que están en uso es de cuatro piastras y media turcas, cada una de cuarenta paras, para un duro español, y de diez piastras y diez paras por un zequín de oro de Venecia» (Domingo Badía y Leblich, Viajes de Alí Bey el Abbassi, Valencia, Mallén y sobrinos, 1836, t. II, p. 143).
[186] Mohamed Ben Abdel Malek (vid. David Do Paço, «Un Orient négocié. L’ambassade marocaine de Mohamed Ben Abdel Malek à la cour de Vienne en 1783, dans les grandes gazettes européennes de langue française», Cahiers de la Méditerranée, Vol. 76 [t. 1] [2008], pp. 229-261).
[187] Wenzel Anton Graf von Kaunitz-Rietberg (1711-1794), canciller.
[188] Juego de palabras en el que alude a la acepción de cocido como «preparar o tramar algo con sigilo» y al conocimiento que, en efecto, poseía Viera del Tostado.
[189] Doña Ana Guiomar Bazán y Doria fue III marquesa del Viso (Joseph Manuel Trelles, Asturias ilustrada, origen de la nobleza de España, Madrid, Joachin Sánchez, 1736, p. 263).
[190] Refrán que se originó en los difíciles cometidos de don Francisco de Vargas, del consejo y cámara de Castilla, en tiempos del Emperador Carlos V (Diccionario de la lengua castellana, Madrid, Francisco del Hierro, 1726, t. I, p. 500).
[191] Debe referirse a Anna [Posch] von Pufendorf, de la familia de Johann Andreas Pufendorf y Konrad Friedrich Pufendorf, todos ellos vinculados a Mozart. «[…] Konrad Friedrich von Pufendorf was an Aulic Councillor, and later Grand Master of the Masonic National Lodge of Austria; his wife, Anna, born a von Posch, subscribed to Mozart’s concerts in 1784 and on 13 March 1786 sang Ilia in the private performance of Idomeneo. The writer Johann Andreas von Pufendorf, however, is another possible claimant to authorship of this poem» (Otto Erich Deutsch, Mozart: a documentary biography, trad. de Eric Blom, Peter Branscombe y Jeremy Noble, Stanford [California], Stanford University Press, 1965, pp. 19, 267, 541, 579).
[192] Se trata del académico de mérito de la Real de Bellas Artes, a partir de 1774, Bernardo Martínez del Barranco (1738-1791), quien visitó Italia y otros enclaves de Europa por estudios y trabajó bajo las órdenes de Antón Rafael Mengs. Vid. las cartas 1 y 10 de Bosarte y IV de Viera.
[193] Se refiere al primer superintendente de policía, Bernardo Cantero de la Cueva, designado para el cargo tras la creación del organismo el 17 de marzo de 1782, siendo secretario de Estado Floridablanca (Ángel Alloza, La vara quebrada de la justicia, Madrid, Catarata, 2000, p. 56).
[194] Se indica entre corchetes, ya que en la versión autógrafa la datación figura al final de las misivas de Viera, no así en las de Bosarte. Sobre la rectificación de la fecha vid. nota complementaria 7.
[195] En eds. previas de esta misiva (CARTAS, 2006: 197 y CARTAS-BVMC, 2015) se lee «San Isidro», en lugar de «San Isidoro», que es lo que escribió Viera y, a continuación, se suele indicar, también erróneamente, la copulativa «y» en lugar de la conjunción «pero». En CARTAS, 1849: 37 se lee bien «san Isidoro».
[196] Leopoldo de Gregorio, marqués de Squillace o Esquilache (1700-1785), Viera, que le conoció casualmente en su viaje a Italia, tenía una opinión pésima de este personaje, tal como indicó en el apunte correspondiente al 29 de octubre de 1780: «Continuamos después por el mismo canal e hicimos alto en Mira, sitio donde el embajador de España, marqués de Squillace, tenía su casa de campo. Él mismo salió con su mujer y el secretario de embajada, D. Isidro Martín, a recibirnos, y yo vi por la primera vez a aquel viejo carcomido, de cortos alcances y frívola conversación, por quien se amotinó Madrid y se había puesto en movimiento casi todo el reino» (José de Viera y Clavijo, op. cit., Diario de viaje… a Italia, 2006, p. 237).
[197] La cursiva es de Viera, aunque se ha omitido en CARTAS, 2006: 197 y CARTAS-BVMC, 2015.
[198] Viera escribe «trancendido», faltándole la letra s, pero más errónea es la expresión introducida en otras ediciones (CARTAS, 1849: 37; 2006: 197 y CARTAS-BVMC, 2015), que ponen «transcurrido».
[199] La Embajada de España en el Imperio otomano.
[200] Así consta, en efecto, en el Kalendario manual y guía de forasteros en Madrid, para el año de MDCCLXXXIII, Madrid, Imprenta Real, p. 56, donde figuran los «ministros plenipotenciarios o enviados del rey en varias cortes de Europa, puestos según la antigüedad de su llegada a ellas» y se indica que en Constantinopla estaban destinados, en efecto, «Sr. D. Juan de Buliñi./ Sr. D. Joseph de Buliñi, Secr.», es decir, los Bouligny o Bouligni. Vid., sobre estos diplomáticos y negociantes, Yannis Jasiotis, «La diplomacia española en Grecia a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Estudio de la correspondencia de Juan José Eliodoro Bouligny y Lorenzo Mabili de Bouligny, antepasados del poeta L. Mavilis», Erytheia 7.2 (1986), pp. 279-302. En 1782 se firmó un tratado de paz y comercio entre España, representada por Bouligny, y el imperio otomano (vid. Artículos de paz y comercio ajustados con la Puerta otomana en Constantinopla a 14 de Septiembre de 1782, por el ministro plenipotenciario de S. M. el Sr. D. Juan de Bouligny y el de la misma Puerta El Haggi Seid Muhamed Baxá, gran visir, en virtud de los plenos-poderes que se comunicaron y cangearon recíprocamente…, Madrid, Imprenta Real, 1783).
[201] Inicial mayúscula en el original.
[202] Manuel Ventura Figueroa (1708-1783), vid. la citada nota complementaria 7.
[203] Entre otros muchos errores aparentemente de menor importancia, las citadas eds. de esta epístola indican solamente «10» (CARTAS, 1849: 38; 2006: 198 y CARTAS-BVMC, 2015), en lugar de «diez mil» con letras que es lo que, en hipérbole graciosa, indicó realmente Viera en el ms. autógrafo.
[204] Viera acentúa «opîmos» de acuerdo con la gramática de su tiempo. En eds. previas de esta carta (CARTAS, 2006: 198 y CARTAS-BVMC, 2015) se consigna, una vez más por error, «óptimos» en lugar de «opimos», no así en la ed. decimonónica que transcribe correctamente.
[205] En las eds. mencionadas (CARTAS, 1849: 38; 2006: 198 y CARTAS-BVMC, 2015), este verso se lee, por error, «No ha de ser en el fondo».
[206] La paz definitiva se rubricó en Versalles el 3 de septiembre de 1783, pero Viera se refiere a la firma de los «artículos preliminares de paz entre los reyes de España e Inglaterra», que fueron concluidos y firmados en el propio Versalles el 20 de enero de 1783 (vid. Alejandro del Cantillo, Tratados, convenios y declaraciones de paz y de comercio que han hecho con las potencias estranjeras los monarcas españoles de la Casa de Borbón. Desde el año de 1700 hasta el día, Madrid, Imprenta de Alegría y Charlain, 1843, pp. 574-576 y 586-590).
[207] José de Viera y Clavijo, op. cit., Memorias, 2012, p. 146. El opúsculo de Viera lleva el siguiente título: Oración de la Real Academia de la Historia al Rey N. S. con motivo del nacimiento de los Serenísimos Señores infantes Carlos y Felipe, Madrid, Antonio de Sancha, 1783.
[208] La aclaración «de Cantero», que consta en el ms. autógrafo, se omite en las citadas eds. precedentes (CARTAS, 1849: 39; 2006: 199 y CARTAS-BVMC, 2015).
[209] La expresión «y trivialidad» también se omite en las eds. mencionadas.
[210] «Comistrages» en el original autógrafo.
[211] «Sacaban», en lugar de «saciaban» que es lo correcto, en CARTAS, 2006: 199 y CARTAS-BVMC, 2015, no así en CARTAS, 1849: 39, donde se lee «comistrajes que saciaban los ojos».
[212] El teniente general, natural de Palma de Mallorca, Antonio Barceló (1717-1797), participó en el gran asedio de Gibraltar y bombardeó Argel en varias ocasiones, entre otras en el propio año 1783, lo que generó una profusión de elogios impresos, en prosa y verso, de dudosa calidad literaria. Vid., al respecto, Juan Pablo Forner, Exequias de la lengua castellana. Sátira menipea, ed. crítica de José Jurado, Madrid, CSIC, 2000, pp. XIV-XVI.
[213] Bernardo de Gálvez (1746-1786), amigo personal de Viera, según sus propias Memorias, op. cit., 2012, pp. 144-145.
[214] Nacida en Madrid el 17 de enero de 1565, falleció el 17 de abril de 1624 en el convento de Santa Bárbara de su ciudad natal, donde fue enterrada. Los madrileños mostraron gran devoción por Mariana, llegando a ser considerada copatrona de Madrid. Se la beatificó el 18 de enero de 1783 por Pio VI y, en la actualidad, su cuerpo se conserva incorrupto en el Convento de las Mercedarias de Don Juan de Alarcón, al que fue trasladado en 1838 (Diana Olivares Martínez, «Iconografía de la beata Mariana de Jesús», Anales de Historia del Arte, Vol. Extraordinario [2010], pp. 239-255).
[215] «Barrana» en las eds. previas (CARTAS, 1849: 39; 2006: 199 y CARTAS-BVMC, 2015). Se trata del académico, ya citado, Bernardo Martínez del Barranco, vid. carta 10 de Bosarte y carta IV de Viera.
Vid. carta 9 de Bosarte.
[217] Simpática referencia al humanista francés François Vatable (m. 1547), la Biblia llamada de Vatablo se incluyó en el Index del inquisidor Fernando de Valdés.
[218] Terencio. Calvino, precisamente, llama la atención sobre la misma frase: «Dicit ille apud Terentium, Si hic esses, aliter sentires» (Calv. Farello, Genevæ, 28-12-1547), vid. Joannis Calvini, Institutionum christianæ religionis, libri quatuor, Amstelodami, Joannem Jacobi Schipper, 1667, p. 45. Bosarte utilizará también estas palabras en otros momentos, como por ejemplo en su Disertación sobre los monumentos antiguos pertenecientes a las nobles artes… de Barcelona, Madrid, Antonio de Sancha, 1786, p. 46.
[219] En mayúscula inicial en el ms. Del árabe, dice el DRAE, as-salām ‘alaik, la paz sea sobre ti, fórmula habitual del saludo entre musulmanes que, en español, significa «demostración de cariño afectada». Se encuentra, por ejemplo, en la tradición literaria del Siglo de Oro.
[220] El citado conde de Aguilar, a quien Viera trató y gozó de su favor en Viena.
[221] Vid. la carta IV de Viera.
[222] Viera conoció en Italia a la cantante genovesa Marina Balducci y admiró su actuación musical (vid. José de Viera y Clavijo, op. cit. [Diario de viaje… a Italia], 2006, pp. 151, 243).
[223] Kronenthalers, probablemente.
[224] El naturalista y amigo de ambos Eugenio Izquierdo, ya mencionado.
[225]Con el abate Lena visitó Viera, el 22 de marzo de 1781, el Colegio Teresiano de Viena, según recogió en su Diario (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 34), como ya se dijo.
[226] José II concedió libertad de cultos a sus súbditos en 1781, mediante el Edicto de Tolerancia (George Rudé, Europa en el siglo XVIII. La aristocracia y el desafío burgués, Madrid, Alianza, 1978, p. 172; Jeremy Black, La Europa del siglo XVIII, 1700-1789, Madrid, Akal, 2001, p. 226).
[227] Johann von Fríes (1719-1785).
[228] Wirme, a la que Viera se refiere en su Diario (19-11-1780), entre otras ilustres visitas: «Al príncipe de Ausperg [Heinrich Joseph Johann de Auersperg, 1697-1783], padre de la condesa Wirme, conocida de nuestro embajador, donde había también concurrencia lucida» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, p. 7).
[229] [N. A.]: Presente a todo esto el peluquero.
[230] Anton von Störck, ya mencionado. Vid. carta 7 de Bosarte del 17-07-1782.
[231]Anécdota recogida también, con matices, en gacetas europeas de la época, tal como señala David Do Paço en su ensayo «Un Orient négocié…», op. cit., 2008, en el epígrafe intitulado «Europe des Lumières, Orient des ténèbres: une dialectique à révoquer», donde opina este autor, entre otras consideraciones, que ««Ici Störck est l’anti-Iman, homme du savoir et non celui de la religion. Emerge alors un dernier point de cet Orient étranger, celui de ses rits bizarres, répondant à une logique qui échappe aux esprits européens, des pratiques sociales non négociées et qui rendent donc inconciliables les deux facettes de l’Orient».
[232] José Gabriel de Silva-Bazán Waldstein, que había nacido el 18 de marzo de 1782. Protector de las Artes, a finales de enero de 1822 se hizo cargo por unos días del Ministerio de Estado (Juan M. Soler Salcedo, Nobleza española: grandeza inmemorial 1520, Madrid, Visión Libros, 2013, p. 393; José R. Urquijo Goitia, Gobiernos y ministros españoles en la Edad Contemporánea, 2ª ed., Madrid, CSIC, 2008, pp. 27 y 336, y José L. Díez García y Javier Barón, The Nineteenth Century in the Prado, trad. Laura Suffield y F. Jenny, Madrid, TF Editores e Interactiva, 2008, p. 104).
[233] El citado Elogio de don Alonso Tostado (vid. José de Viera y Clavijo, Elogio de don Alonso Tostado, obispo de Ávila, premiado por la Real Academia Española, en junta que celebró el día 15 de octubre de 1782, Madrid, Joachin Ibarra, 1782).
[234] Vid., entre otras fuentes, la traducción del texto citado de Juan Andrés y Morell, Origen, progresos y estado actual de toda la Literatura, trad. de Carlos Andrés, Madrid, Antonio de Sancha, 1784, t. I, pp. 1 y ss., y Martín Sarmiento, Obras posthumas… Memorias para la historia de la poesía, y poetas españoles, Madrid, Joachin Ibarra, 1775, t. I, pp. 8-9.
[235] Manuel de Lardizábal y Uribe (1739-1820), Discurso sobre las penas contrahido a las leyes criminales de España, Madrid, Joachin Ibarra, 1782.
[236] Mateo 3,10: «Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego».
[237] Parece que su autor, al menos parcialmente y con la aquiescencia del Emperador, fue el citado naturalista Ignacio von Born (1742 o 1743-1791), aunque el opúsculo salió bajo el seudónimo de Joannis Physiophili, Specimen monachologiæ methodo linnæana tabulis tribus Æneis illustratum, Augustæ Vindelicorum, P. Aloysii Merz, 1783, donde, efectivamente, los frailes figuran clasificados de acuerdo con la taxonomía linneana, siendo considerados una especie intermedia entre el mono y el hombre.
[238] George Augustus Eliott (1717-1790), barón de Heathfield, gobernador de Gibraltar entre 1777 y 1787.
[239] Viera le conoció también en Viena y, según su Diario, le acompañó en la mesa, junto a otros invitados, el 10 y 11 de diciembre de 1780 y el 15 apunta: «fuimos a las 11 a la conversación o tertulia del barón de Asperg que se compone de literatos, aunque ninguno de los que concurrieron me parece tenía gran fama» (José de Viera y Clavijo, Estracto… de mi viaje…, op. cit., 1849, pp. 13-14).
[240] Dimitri Mijáilovich Golitsin [o Golitsyn, Galitsin, etc.] (1721-1793), embajador de Rusia en Viena, amigo de Mozart. Vid. Otto Erich Deutsch, op. cit., 1965, pp. 78, 194, 222, 451.
[241] Esterházy.
[242] Rennweg.
[243] Palacio Pálffy. Viera también conoció en Viena al conde Carlos Pálffy, i. e., Karl Palffy von Erdöd (1735-1816), quien fue el primero que informó a José II de la genialidad musical del joven Mozart.
[244] El educador jesuita Ignaz Parhamer (1715-1786), creó un orfanato modelo. Actualmente subsiste el Parhamer Gymnasium.
[245] Se indican, entre unas cuantas obras de carácter más general, diversos textos complementarios de los que ya figuran señalados con anterioridad, al objeto de no reiterar las referencias. Se ha prestado particular atención, en esta bibliografía, a la labor de Bosarte con posterioridad a su regreso a España, en 1786. En algunos libros, además, se señalan las páginas esenciales en que aparece mencionado.

Catedrático de Historia de América en la Universidad de La Laguna

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